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Diplomacia científica: el nuevo lenguaje del poder y una oportunidad estratégica para el Sáhara marroquí

Mares 30 - diciembre 10, 2025

Fikri SOUSSAN

La diplomacia científica se impone hoy como una herramienta esencial de cooperación, influencia y anticipación. En un mundo donde las tecnologías redibujan el poder global, este marco innovador ofrece a Marruecos una oportunidad estratégica para reforzar la credibilidad y la profundidad del Plan de Autonomía en el Sáhara, en pleno respeto de su integridad territorial y dentro de un enfoque orientado a la modernidad.

 

¿Qué es exactamente la diplomacia científica?

El término circula cada vez más en informes y organismos internacionales, aunque su significado sigue siendo, para muchos, impreciso. La diplomacia científica engloba las interacciones en las que la ciencia contribuye a la política exterior y donde la diplomacia facilita la cooperación investigadora. El investigador francés Jean-Christophe Ruffini recuerda que esta dinámica tiene siglos de existencia, aunque solo adquirió un marco conceptual claro en 2010 gracias a la Royal Society británica y la AAAS estadounidense. Tres funciones principales la estructuran. La primera consiste en utilizar la ciencia como puente diplomático. Proyectos de investigación, observatorios climáticos y redes universitarias crean espacios de confianza donde la política tradicional encuentra límites. La segunda moviliza los recursos diplomáticos para apoyar la ciencia mediante acuerdos bilaterales, financiamiento conjunto o centros de investigación compartidos que permiten colaborar incluso en escenarios geopolíticos tensos. La tercera apunta a la influencia: un país que invierte en investigación, atrae talento y participa activamente en grandes programas científicos adquiere un reconocimiento internacional duradero. La producción de conocimiento se convierte así en un elemento de poder.

 

Ruffini subraya un cambio profundo: las fronteras entre ciencia, tecnología y geopolítica se han desplazado. Los Estados capaces de dominar tecnologías emergentes cuentan con una ventaja estratégica. La ciencia no complementa el poder; lo estructura.

 

Un mundo donde la tecnología avanza más rápido que la política

La reflexión de Ruffini se refuerza con el trabajo de la Geneva Science and Diplomacy Anticipator (GESDA). Sus especialistas describen un escenario donde la innovación supera la capacidad de regulación de las instituciones políticas. La bióloga española Marga Gual Soler, voz destacada de la diplomacia científica anticipatoria, señala que esta aceleración produce un vuelco histórico en el que el poder tecnológico se adelanta al poder político.

 

Las tecnologías emergen a ritmos que desbordan la acción de los gobiernos. La inteligencia artificial, la neurotecnología o la biología sintética evolucionan sin que exista un marco institucional capaz de orientar sus implicaciones. De ahí la necesidad de integrar la ciencia en la diplomacia para evitar que decisiones críticas queden en manos de actores no estatales: empresas tecnológicas, laboratorios privados o consorcios de innovación. Para GESDA, la gobernanza anticipatoria se vuelve indispensable: pensar antes de actuar, prever antes de corregir, anticipar antes de verse superado. La acción diplomática requiere apoyarse en el conocimiento para leer un entorno global moldeado por la tecnología.

 

El papel estratégico de Marruecos

Marruecos detectó pronto que la potencia científica condiciona la potencia diplomática. El desarrollo de universidades de referencia, la consolidación de centros de investigación y la multiplicación de alianzas internacionales han forjado un paisaje académico con peso creciente en los equilibrios regionales. La Universidad Mohammed VI Politécnica (UM6P), en Benguerir, es un ejemplo emblemático. Su modelo de investigación aplicada, innovación energética, ingeniería de recursos y formación avanzada sitúa al país en los circuitos de la ciencia estratégica.

 

El impulso se refuerza con una red nacional diversa. La Universidad Ibn Zohr destaca en ciencias ambientales y dinámicas saharianas. Cadi Ayyad se afirma en geociencias y astrofísica. La Universidad Mohammed V mantiene un papel central en la investigación fundamental. La Universidad Sidi Mohammed Ben Abdellah consolida una tradición fuerte en ciencias humanas, medicina, tecnologías y cooperación internacional. Este conjunto configura un capital científico que alimenta la credibilidad internacional del país en los espacios africanos, árabes y mediterráneos.

 

En este contexto, la diplomacia científica se perfila como un instrumento estratégico para respaldar el Plan de Autonomía en el Sáhara. Su aportación supera a la diplomacia clásica, pues crea entornos de colaboración basados en el conocimiento, la innovación y la investigación aplicada.

 

El Sáhara como plataforma científica del siglo XXI

Los desafíos prioritarios del siglo convergen hacia el Sáhara: energías renovables, gestión del agua en zonas áridas, biodiversidad, agricultura resiliente, observación climática e inteligencia ambiental. Integrar plenamente las provincias del Sur en programas impulsados por la UM6P y las universidades nacionales genera un ecosistema de conocimiento alineado con los retos globales.

 

Los polos universitarios de Laayún y Dajla tienen potencial para convertirse en centros regionales de investigación marítima, economía azul, ciencias atmosféricas e innovación adaptada a ambientes extremos. Este tipo de estructuras produce estabilidad, continuidad y cooperación sostenida, atributos decisivos en la proyección internacional de una región.

 

Credibilidad basada en la integridad científica

La diplomacia científica se apoya en principios que fortalecen la confianza: transparencia, integridad académica, circulación abierta de datos, evaluaciones externas y participación en proyectos transfronterizos. Estos elementos construyen una legitimidad objetiva que presenta el Sáhara marroquí como un espacio dinámico y en transformación, alejado de la imagen de aislamiento que algunos discursos intentan mantener.

 

Un territorio que genera conocimiento atrae cooperación, inversión e interés internacional. Los socios leen la región a través de sus laboratorios, centros tecnológicos y redes académicas.

 

¿Cómo refuerza esto el Plan de Autonomía?

La ciencia aporta un marco de desarrollo sostenible y cooperación que fortalece la viabilidad del modelo autonómico. La región aparece integrada en las grandes estrategias africanas y mediterráneas, vinculada a la transición energética y a las soluciones globales de innovación. Esto otorga al Plan de Autonomía una profundidad que supera las discusiones jurídicas tradicionales.

 

Las tecnologías verdes amplifican este potencial. El solar y el eólico del Sáhara permiten desarrollar proyectos sobre hidrógeno verde, almacenamiento energético o redes inteligentes. Cada colaboración internacional refuerza la percepción de un Sáhara conectado a los circuitos de innovación global.

 

La dimensión humana completa el cuadro: becas, formación de ingenieros, programas en ciencias marinas, gestión del agua o economía circular fortalecen la aparición de élites locales preparadas para asumir responsabilidades crecientes.

 

Para concluir, la diplomacia científica no es un adorno conceptual. Es un lenguaje nuevo del poder que permite a Marruecos inscribirse en las transformaciones globales y dar al Sáhara marroquí una posición estratégica basada en el conocimiento. En un mundo donde la tecnología redefine los equilibrios de fuerza, el saber se convierte en autoridad. Marruecos dispone de los recursos para transformar esta dinámica en ventaja sostenible.

 

Categorías : Análisis Sáhara