Khadija Dakni
Ecuador se encamina a una segunda vuelta presidencial decisiva este domingo, con casi 14 millones de ciudadanos llamados a las urnas. El clima electoral, sin embargo, está lejos de ser tranquilo. En las últimas horas, el presidente y candidato a la reelección, Daniel Noboa, decretó el estado de excepción por 60 días en 12 provincias y en la capital, Quito, como respuesta al alarmante aumento de la violencia. La medida incluye un toque de queda entre las 22:00 y las 5:00, aunque permite las manifestaciones pacíficas.
La tensión escaló aún más cuando su rival, la candidata de izquierda Luisa González, denunció en redes sociales que el Gobierno le retiró sin previo aviso la custodia militar. “Alerto al país sobre el irresponsable acto del Gobierno al relevar a mi equipo de seguridad de las Fuerzas Armadas, poniendo en riesgo mi vida y la de mi familia”, aseguró. Horas después, el Ministerio de Defensa respondió que los 58 militares encargados de su seguridad siguen en funciones.
El escenario refleja la gravedad del contexto. Ecuador se ha convertido en uno de los países más violentos de América Latina, con una tasa de homicidios de 38 por cada 100.000 habitantes en 2024. “Enero fue el peor mes en toda la historia del país, con 832 asesinatos; y febrero, el segundo peor”, advierte Luis Carlos Córdova-Alarcón, investigador de la Universidad Central del Ecuador. Las proyecciones apuntan a que este año Ecuador podría alcanzar una de las tasas más altas del mundo, según El País.
La violencia es hoy la principal preocupación de los ecuatorianos, por encima de la economía o la corrupción. Las masacres se han vuelto frecuentes, como la reciente en Guayaquil, donde 23 personas fueron asesinadas en un barrio periférico. La memoria colectiva aún guarda el trauma del asesinato del candidato Fernando Villavicencio durante la campaña de 2023. Aquel proceso extraordinario, convocado tras la salida anticipada de Guillermo Lasso, terminó con el triunfo de Noboa sobre González. Pese a la militarización del país, los resultados prometidos por el joven mandatario no se han concretado.
Luisa González, apadrinada por el expresidente Rafael Correa, propone una salida a largo plazo basada en la educación y las oportunidades para los jóvenes. En Ecuador, 120.000 adolescentes abandonaron los estudios solo el año pasado. Sin embargo, en los últimos días endureció su discurso, aludiendo incluso a la expulsión de migrantes venezolanos que cometan delitos, en un intento de captar el voto indeciso, que ronda el 20%.
El resultado del domingo es incierto. Todas las encuestas muestran una diferencia de menos de tres puntos, dentro del margen de error. En la primera vuelta, celebrada en febrero, Noboa venció a González por menos de 17.000 votos. Su campaña ha insistido en el temor a un eventual regreso del correísmo, con referencias constantes a Venezuela y Cuba. Pero ese discurso, según analistas, pierde fuerza tras ocho años sin Correa en el poder.
González, por su parte, busca seducir a los jóvenes que no vivieron el correísmo, aunque su perfil ultracatólico y postura antiabortista alejan a muchos votantes progresistas. Además, el rol de Correa, exiliado en Bélgica desde 2020 tras una condena por corrupción que él atribuye a persecución política, es un arma de doble filo. Aunque es su principal mentor, su influencia puede restarle más que sumarle. En esta campaña, sus declaraciones sobre la dolarización o su apoyo a Nicolás Maduro podrían tener un peso decisivo.
Ecuador llega así al balotaje en un clima de máxima tensión, entre el miedo, la violencia y la incertidumbre. El país elegirá no solo a su próximo presidente, sino también el rumbo que quiere tomar frente a una crisis que parece no dar tregua.









