Tan solo hace pocos meses, el joven presidente de Ecuador, Daniel Noboa, obtuvo un abrumador respaldo popular para seguir al frente del país, gracias a sus firmes y contundentes medidas para combatir la criminalidad citadina en todo el país, y con las cuales estoy de acuerdo -incluyó calificar a dicha delincuencia de terrorismo urbano-, y debido a su firme postura para efectuar una reingeniería política en el país para acabar con la mencionada delincuencia estructural que azota en todo Ecuador, el mandatario decidió someter a un referéndum si acaso los ecuatorianos estaban dispuestos a que pudiera crearse una Asamblea Constituyente para contar con una nueva Constitución Política, y, en consultar a la gente si estaba de acuerdo o no en que pudiera contarse en el país con bases militares exógenas, que tal como lo planteó el mandatario ecuatoriano, me pareció de los más ingenuo posible porque se trata de una consulta que rápidamente será utilizada por sus adversarios políticos para referir que el país estaría entrando en un entreguismo completo que, incluso, podría costarle el cargo.
No es que la gente se exprese de una sola manera hace tan solo pocos días y, ahora, haya dado un giró rechazando dicho asunto. Nada de eso. Permitir que pudiera haber en el país fuerzas estadounidenses, me parece una completa locura hallándose decantado el rechazo de la población como ha pasado el último domingo en Ecuador.
Nuestros países están extraordinariamente ideologizados y por eso no resultará provechoso para los objetivos previstos someter a referéndum la consulta de un tema muy polémico. El problema para Noboa no está allí, únicamente, sino, en el cambio del temperamento ciudadano, que podría poner en riesgo a la propia gobernanza del país, lo que podría estar anhelando frenéticamente el correísmo, que quiere volver al poder a cualquier precio.
Noboa ha abierto las puertas de la fragilidad política y no estoy convencido de que haya sido “sin querer queriendo”, y esa es una seria amenaza para un país dominantemente politizado e ideologizado, como también pasa en el Perú.
Noboa deberá efectuar un rápido control de daños y esa celeridad medirá su candidatura a la condición de estadista, por ahora postergada. Veremos.









