Soukaina Aboudrar
Hicham El Guerrouj, plusmarquista mundial de 1500m desde 1998 y doble campeón olímpico en Atenas 2004, reconoce que el atletismo marroquí atraviesa uno de sus peores momentos, pero siempre hay quienes salvan el pellejo.
En un entrevista concedida al diario El País, el ex atleta marroquí se centró en varios aspectos de su carrera profesional, logros y fracasos en las competiciones deportivas mundiales, así como varias cuestiones relacionadas con el atletismo en Marruecos.
Al ser preguntado por el atletismo en Marruecos y la emigración de varios deportistas hacia otros países, El Gerrouj coincide en la falta de grandes atletas marroquíes en la actualidad. Sin embargo, ha señalado la presencia de su compatriota, el campeón olímpico en Tokio 2020 y Paris 2024 Soufian El Bakkali como la esperanza del atletismo marroquí.
“Nos salva El Bakkali al que animo a que corra 1.500m porque tiene las condiciones ideales para la distancia. Es el atleta perfecto y el 1.500m es la distancia reina del atletismo”, dijo lanzando un mensaje de ánimo y aliento a Bakkali en su carrera deportiva.
El periodista cuestiono al ex campeón sobre la emigración de jóvenes marroquíes hacia el extranjero y si esta situación le preocupa, a lo que respondió que “la migración siempre ha sido un problema en todo el mundo. Siempre ha habido un flujo de personas por problemas sociales, económicos, políticos, y no solo en el deporte. Les respeto a todos, y no dudo de que los jóvenes que parten para correr con otro país lo hacen llevando siempre en el corazón su país natal. Es un fenómeno que no se puede frenar”.
Actualmente, El Guerrouj es padre de familia, profesor de Deportes y miembro de una comisión del COI. Su tiempo también lo dedica a la agricultura en Berkane, su ciudad natal donde tiene una plantación de mandarinos.
Su amor y pasión por la tierra lo llevan siempre a estar en contacto con ella, según afirmó a El País: “Y ahora tengo una plantación de mandarinos en la región. Amo la agricultura. Nací y crecí en una ciudad agraria. Es tremendamente injusto no amar el campo. He crecido en la tierra, en contacto con las naranjas, con la tierra, el cielo, el mar, el agua… Ahí se arraigan mis valores. Siempre soñé con tener un pequeño huerto para poder seguir tocando todo eso. Lo hago por pasión. No gano dinero con el campo, lo hago porque lo amo…”.







