Bernie Navarro, flamante embajador de los Estados Unidos de América en el Perú, al arribar a Lima, refiriéndose a nuestro país, lo llamó “país amigo”; además de su sentimiento especial hacia el Perú, su esposa es peruana y como dijo “mi familia visitará la Iglesia donde nos casamos, la Virgen del Pilar”, relievó que “mi nombramiento por el presidente Trump refleja la importancia de la relación con Perú, que es una prioridad”.
Por si fuera poco, sobre todo para aquellos que aun en pleno siglo XXI, mantienen el discurso anacrónico de los años 60 del siglo anterior, trillando “imperialismo yanqui” o “capitalismo salvaje”, para comprender el enorme interés de EE.UU. por el Perú –que no es gratuito–, quisiera recordar, de un lado, que el gobierno de Trump ha notificado al Congreso de su país la intención de designar al Perú como Aliado Principal No Miembro de la OTAN –tremendo mensaje para nuestros intereses de posicionamiento mirando la región–, principalmente en asuntos de seguridad y defensa, que ha sido la mirada tradicional de la Casa Blanca sobre América Latina –por eso el mayor error de Velasco, dejándose convencer por los comunistas que lo engatusaron, fue virar hacia la exUnión Soviética)–, y, de otro, EE.UU.
es muy cuidadoso en su estrategia geopolítica concentrada en recuperar los espacios de influencia que siempre tuvo en la política internacional, amparado en la Doctrina Monroe y en el Destino Manifiesto, sus pilares doctrinarios de cabecera –aunque no somos Chile, que siempre ha gozado de su manto preferente, hay que agradecer a Leguía que nos acercó a EE.UU.–, al no incluir al Perú en la reciente lista de 75 países a los que ha suspendido temporalmente la visa de inmigrante.
No lo piensen más y cierren la compra de 24 aviones F-16 con Washington, porque, aunque sea la más cara del mercado, como he dicho reiteradamente, ganaremos mucho más que eso; y, sellemos con apoyo de la NASA, el asunto del puerto espacial de Talara, al tiempo de ofertarles Corío.
No tengamos miedo de hacerlo mirando a China, nuestro primer socio comercial. Al contrario, los chinos que hoy lo tienen todo, tendrán que respetarnos. Nuestra actitud política y diplomática en la relación bilateral con Beijing no debe volverse solapada, sino directa y franca, siempre con la frente en alto y mirando a los chinos a los ojos, exponiéndoles dignidad nacional al por mayor.
Decidamos, entonces, y tiremos la carta que sugiero en mi columna, y si los chinos se pican, pierden pues hallándose muy lejos geográficamente, nos tienen muy cerca mirando nuestros minerales.
Nuestra política exterior, por tanto, debería actuar, comenzando por ser el Perú, el primer país de la región en emitir pronunciamientos y no estar esperando el temperamento de la mayoría como ha sido en los últimos años.
Volvamos al Perú referente en América Latina, y para eso, por ejemplo, comuniquemos nuestro beneplácito que haya caído el dictador Maduro. Así, sin ataduras, se dará el verdadero equilibrio que hoy no existe con gringos y con chinos. Por eso el embajador Bernie Navarro, empapado de todo, ha dicho con acierto, que comerá chifa.
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*Exministro de Exteriores del Perú 🇵🇪









