El último ataque criminal reivindicado por el Polisario contra la ciudad marroquí de Esmara terminó convirtiéndose en un error político de enormes dimensiones para la propia organización separatista.
Lo que la cúpula del Polisario imaginaba como una nueva herramienta de presión internacional acabó provocando exactamente el efecto contrario tras la ola de condenas internacionales que dejó al movimiento aislado y expuesto ante las Naciones Unidas.
La reacción de Estados Unidos y España representó un golpe especialmente duro para el Polisario. Ambos países, que conocen profundamente los detalles y la evolución del conflicto, condenaron claramente el ataque contra civiles y contra la estabilidad regional.
Esa reacción aceleró la carta enviada por Brahim Ghali, líder de la organización separatista, al secretario general de la ONU, António Guterres, ayer domingo, en un intento evidente de justificar lo injustificable y contener el daño diplomático provocado por la propia organización.
Sin embargo, la carta terminó desnudando aún más las contradicciones del Polisario. Mientras las Naciones Unidas impulsa una solución política realista y pragmática basada en la Resolución 2797 y en el Plan de Autonomía bajo soberanía marroquí, el Polisario responde recurriendo a actos criminales y a la lógica de milicias.
El tiro le salió por la culata el Polisario. El mensaje transmitido a la comunidad internacional resulta claro; frente a la dinámica diplomática y política impulsada por Marruecos, el Polisario parece instalado en la desesperación y en una huida hacia adelante.
La organización separatista no percibió que justificar ataques en pleno esfuerzo internacional de negociación solo refuerza la percepción de que el proyecto separatista atraviesa uno de sus momentos más delicados. Cada nuevo respaldo internacional a la soberanía marroquí sobre el Sáhara aumenta el aislamiento político del Polisario y reduce su margen de maniobra diplomática. Cada día, el Polisario se convierte en una carga para el pueblo argelino.
Lejos de afectar a Marruecos, el ataque de Esmara terminó reforzando la posición marroquí ante numerosos actores internacionales, que ven cada vez con mayor claridad quién apuesta por la estabilidad, la negociación y el realismo político, y quién insiste en alimentar la tensión y desestabilizar la región.









