Toufiq Slimani*
En un gesto político tan inesperado como desconectado del nuevo consenso internacional sobre el Sáhara, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, recibió en Bogotá al enviado del Polisario para América Latina, Mohamed Zrug, y publicó un mensaje en el que reiteró su apoyo al separatismo y a un supuesto “plebiscito” ya inexistente en la agenda de Naciones Unidas desde hace años. Parafraseando al escritor colombiano y cosmopolita, Gabriel García Márquez, Petro no tiene quien le escriba. La novela habla de un coronel retirado en miseria. El gesto de Petro es más bien de un presidente retirado que de un hombre de Estado. Las elecciones presidenciales en Colombia están a la vuelta de la esquina (2026).
La escena generó sorpresa en círculos diplomáticos latinoamericanos y fue interpretada como una muestra más de que el mandatario colombiano —cada vez más aislado— sigue anclado en un discurso anterior al 31 de octubre de 2025, cuando el Consejo de Seguridad aprobó la histórica resolución 2797 que consolidó la exclusividad del Plan de Autonomía marroquí como única base seria y realista para una solución definitiva al conflicto.
Un mensaje fuera de tiempo
En su publicación, Petro afirmó que la ONU “aprobó un plebiscito para que el pueblo saharaui decida su independencia”. Pero esa interpretación quedó desfasada desde hace más de dos décadas y fue definitivamente superada por la última resolución, que descarta cualquier hoja de ruta distinta a la propuesta marroquí.
El error conceptual del presidente colombiano refuerza la idea de que no cuenta con un equipo diplomático que le asesore adecuadamente y que continúa operando con un marco mental propio de los años noventa. Su enfrentamiento personal con el presidente de EEUU, Donald Trump, lejos de los intereses de los colombianos, demuestra que Gustavo está aislado de la realidad real.
Importancia geopolítica: nula
La reunión de Petro con el enviado del Polisario no modifica ni afecta en absoluto el equilibrio internacional sobre la cuestión del Sáhara, ya que Colombia no es un actor determinante. Tampoco cuenta Gustavo con el apoyo de la mayoría de los colombianos. El pueblo colombiano es amigo de Marruecos pero la ideología no le deja a Petro ver la realidad.
La iniciativa se interpreta más bien como un gesto político de consumo interno, un acto simbólico sin peso real ni la región ni en la ONU.
Petro bajo presión en casa
Mientras el presidente colombiano intenta reactivar viejos discursos en política exterior, la situación en Bogotá es cada vez más complicada.
El Consejo Nacional Electoral sancionó recientemente a la campaña que lo llevó al poder en 2022 por exceso en los límites de financiación y omisión de aportes, lo que desató una tormenta política a pocos meses de iniciar el ciclo electoral de 2026.
Las multas —que superan 1,5 millones de dólares para su equipo de campaña— han elevado la tensión institucional y debilitado aún más la imagen de un presidente cuya reelección o continuidad política parece más improbable que nunca.
En medio de sanciones, desgaste político y un escenario electoral adverso, la reunión de Petro con el enviado del Polisario aparece como un movimiento improvisado, simbólico y sin impacto geopolítico, que confirma la desconexión del mandatario con la nueva arquitectura diplomática internacional en torno al Sáhara.
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* Periodista especializado en los asuntos hispano-marroquíes









