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Sahara marroquí: de las misiones fallidas a la diplomacia coercitiva del Consejo de Seguridad

mares30 - agosto 27, 2025

Safia ABAHAJ*

El fin de un ciclo histórico

Más de tres décadas después de la creación de la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para la Organización de un Referéndum en el Sahara Occidental), la comunidad internacional se encuentra ante una evidencia incontestable: el mandato original de esta misión ha quedado superado por la historia y desbordado por la realidad política. El referéndum, núcleo de su razón de ser, es hoy un proyecto jurídicamente inviable y políticamente inoperante.

En este contexto, surgen rumores sobre la posible sustitución de la MINURSO por nuevas estructuras, como la hipotética MANSASO, orientada a la negociación de un estatuto de autonomía. Sin embargo, el verdadero desenlace de este expediente no se jugará en las siglas de las misiones de mantenimiento de la paz, sino en la capacidad del Consejo de Seguridad para asumir una postura más firme, coercitiva y pragmática.

I. La MINURSO: una misión congelada en el tiempo

La MINURSO nació en 1991 con dos objetivos principales:

1. Supervisar el alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario.

2. Organizar un referéndum de autodeterminación que permitiese a la población elegir entre independencia o integración.

El segundo objetivo nunca llegó a concretarse por razones evidentes: la imposibilidad de establecer un censo fiable y consensuado. El principio de autodeterminación, aunque legítimo en términos abstractos, se convirtió aquí en una ecuación irresoluble, bloqueada por intereses cruzados y por la manipulación política del padrón.

Desde entonces, la MINURSO se ha transformado en una misión rutinaria, de fuerte carga presupuestaria, pero sin resultados tangibles. Su presencia, más simbólica que eficaz, ha dado pie a duras críticas académicas y diplomáticas que la señalan como una “misión fallida”, incapaz de adaptarse a las realidades políticas de la región.

II. La obsolescencia del referéndum y la emergencia de la autonomía

En 2007, Marruecos presentó su Plan de Autonomía, una propuesta de solución política dentro de la soberanía nacional, que ofrece competencias amplias de autogobierno a las poblaciones locales en materia legislativa, administrativa, económica y cultural.

Este plan marcó un giro histórico, pues la comunidad internacional lo calificó reiteradamente como “serio, realista y creíble”, en contraste con el referéndum, que quedó relegado a un archivo de ilusiones políticas.

Desde la resolución 1754 del Consejo de Seguridad (2007), la noción de autonomía ha desplazado al referéndum en la narrativa diplomática. Los informes sucesivos del Secretario General de la ONU y las resoluciones anuales del Consejo reflejan este cambio de paradigma: la única vía viable no es ya una consulta binaria, sino una solución política mutuamente aceptada.

III. Argelia: parte principal y actor ineludible

Uno de los puntos neurálgicos del conflicto es la posición de Argelia. Aunque Argel se presenta como mero “observador”, la realidad jurídica y política demuestra lo contrario:

Financia y arma al Frente Polisario.

Aloja en su territorio a los campamentos de Tinduf, sobre los cuales ejerce soberanía efectiva.

Condiciona las negociaciones y bloquea sistemáticamente cualquier avance diplomático.

Por ello, el Consejo de Seguridad ya no puede mantener la ficción de que Argelia es un actor secundario. El derecho internacional de las negociaciones exige la presencia de todas las partes principales, y en este caso, Marruecos y Argelia son los dos polos que deben sentarse con responsabilidad y realismo.

IV. El Consejo de Seguridad y la necesidad de una diplomacia coercitiva

Las resoluciones del Consejo de Seguridad han evolucionado en las dos últimas décadas: de la insistencia en el referéndum se pasó a la exhortación por una “solución política mutuamente aceptada”. Sin embargo, hasta ahora esa exhortación careció de mecanismos coercitivos.

El verdadero “endgame” del Sahara radica en que el Consejo de Seguridad adopte medidas más firmes para:

Exigir a Argelia su participación activa en las negociaciones.

Consolidar la autonomía como la única base de discusión seria.

Evitar las dilaciones y bloquear los intentos de eternizar un conflicto que alimenta inestabilidad regional.

Aquí se encuentra la diferencia entre el pasado y el futuro: la autoridad del Consejo de Seguridad como órgano capaz de transformar recomendaciones en obligaciones políticas.

V. Implicaciones regionales e internacionales

El conflicto del Sahara no es un expediente aislado. Sus repercusiones atraviesan múltiples planos:

Seguridad regional: prolongar el conflicto beneficia a redes de crimen organizado y terrorismo en el Sahel.

Estabilidad del Magreb: la rivalidad estéril entre Marruecos y Argelia obstaculiza la integración regional, clave para el desarrollo económico.

Política energética: Europa necesita estabilidad en el Mediterráneo y en África del Norte, y ello pasa por un Sahara pacificado bajo un marco legítimo y viable.

En este contexto, varios países —entre ellos Estados Unidos, Francia, España, Emiratos Árabes Unidos y un creciente número de Estados africanos y latinoamericanos— han apoyado explícitamente el plan de autonomía marroquí, consolidando su credibilidad en la arena internacional.

Conclusión: el tiempo de las decisiones

El Sahara marroquí ha llegado a su hora de la verdad. No se trata de crear nuevas misiones con nombres distintos, sino de reconocer que la MINURSO ya cumplió su ciclo histórico. La solución no está en la retórica del pasado, sino en la práctica política del presente:

Autonomía bajo soberanía marroquí como única base realista.

Responsabilización de Argelia como parte central del conflicto.

Coerción diplomática del Consejo de Seguridad, único garante capaz de cerrar definitivamente este expediente.

El futuro del Sahara no se escribirá con informes burocráticos ni con misiones perpetuas, sino con decisiones firmes que conjuguen derecho, política y realismo. Ese es el auténtico “endgame”: el paso de las ilusiones al terreno de la historia.

 Y es precisamente en ese terreno donde el Sahara marroquí, con la fuerza de la justicia y el respaldo de la realidad, encontrará el camino hacia una paz duradera, estable y próspera para toda la región.

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Investigadora saharaui*

Categorías : Bajo la Lupa Opinión