Así, para la Corte afirmar que el Sáhara no es un territorio sin dueño o sea que no es un suelo sin que se identifique a su propietario, fue lo mismo que concluir que dicho territorio tiene uno solo, Marruecos. Léalo conmigo: “Los elementos e informaciones puestos en conocimiento de la Corte indican que en el momento de la colonización española existían vínculos jurídicos de subordinación entre el Sultán de Marruecos y ciertas tribus que vivían en el territorio del Sáhara Occidental”.
La hermenéutica nos dice que, siendo que el derecho es una construcción que se levanta a partir de la realidad, de otra manera jamás tendría valor o fuerza como ciencia, los vínculos jurídicos a que se refirió con amplitud de sabiduría el Tribunal, confirmaron que solo pueden surgir de las entrañas de los lazos de facto que, en el caso de los que existían entre las tribus saharauis y Marruecos, fueron entera y dominantemente históricos.
Sin historia o pasado jamás se puede invocar derechos, lo que sería lo mismo que no es posible regular la ausencia de la realidad.
Mirando que la corriente internacional es abrumadoramente favorable al reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara, conviene precisar que dicho reconocimiento no es una estrategia de los Estados, tampoco de sus intereses o de cálculos políticos, y muchos menos del arribismo geopolítico, que, en cambio, sí hemos visto en el Polisario y en Argelia, que por 50 años se propusieron, casi como en saco roto, ocultar la única realidad existente, es decir, la incuestionable vinculación histórico-jurídica entre las poblaciones saharauis y Marruecos, al que reconocen de facto y de iure como su patria desde siempre, y que yace inscrito su imaginario de subordinación respecto del Sultán (hoy monarca), es decir, una aceptación voluntaria promovida por una fuerza histórica de intrínseca vinculación psicológica, cultural y obligacional para con el rey que, desde la costumbre, como fuente del derecho, sería lo más cercano a la opinio iuris. Finalmente, la referida Opinión Consultiva confirmó dos cosas: que Marruecos nunca ha sido una potencia ocupante, como también se dijo maliciosamente, pues jamás nadie que sea dueño de su territorio puede ser tildado de ocuparlo, y que no siendo el Sáhara Terra Nullius, la integridad territorial de Marruecos, que lo incluye, es indiscutible.
– Internacionalista y exministro de Exteriores del Perú









