19 junio 2026 / 22:50

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Sáhara: tierra marroquí, cuna de identidad y orgullo

mares30 - mayo 6, 2025

Safia Abahaj*

El desierto del Sáhara, vasto, luminoso y ancestral, no es solo una geografía imponente: es una historia viva. Una historia que se remonta siglos atrás y que sitúa a esta región, no como una tierra olvidada, sino como una parte esencial y antigua del Reino de Marruecos. Lejos de ser una construcción reciente o una anexión moderna, el vínculo entre el Sáhara y Marruecos se ha tejido con el hilo de la historia, la cultura, la lealtad y el espíritu colectivo.

 

Una pertenencia anterior al colonialismo

Mucho antes de que los mapas europeos delinearan fronteras artificiales en el norte de África, las tribus saharauis mantenían una relación directa y legítima con el poder central del sultanato marroquí. La bay‘a, el juramento de fidelidad prestado al sultán por tribus como los Rguibat, Tekna, Aït Lahcen y Ouled Dlim, Cheikh Maalainine entre otros, consolidaba una alianza histórica basada en el islam malikí, la lengua árabe y la autoridad política del soberano alauita.

Estos vínculos no eran abstractos. Se manifestaban en forma de nombramientos de qaids por parte del sultán, en tributos enviados desde el sur, en protección mutua durante conflictos tribales y en la circulación de caravanas que unían el desierto con ciudades como Marrakech, Tiznit o Taroudant. Documentos históricos y tratados internacionales del siglo XVIII y XIX reconocen de forma explícita esta soberanía ejercida por Marruecos sobre el Sáhara mucho antes de la ocupación colonial española.

 

 El Sáhara: cuna de cultura y espiritualidad

La cultura saharaui, rica en tradición oral, poesía improvisada, música de raíces africanas y valores tribales profundos, ha sido desde siempre una fuente de enriquecimiento para el imaginario marroquí. El desierto ha dado al país sabios religiosos, jueces consuetudinarios, narradores de leyendas y guardianes de una herencia espiritual sólida.

Valores como la hospitalidad, el honor, la palabra dada y el respeto por los ancianos siguen guiando la vida social en la región, en armonía con los principios del Reino. La lengua árabe-hassanía, reconocida como parte del patrimonio nacional, es no solo un vehículo de comunicación, sino una expresión viva de identidad y de integración en la pluralidad cultural de Marruecos.

Educación y modernidad: un salto generacional

Desde la recuperación del Sáhara en 1975, el Reino ha impulsado un proceso de modernización profunda. El desarrollo en infraestructuras, salud y, sobre todo, educación, ha permitido a la región construir su futuro sin renunciar a su pasado.

Ciudades como El Aaiún, Dajla o Bojador albergan hoy universidades, escuelas técnicas y centros de formación que están formando a generaciones de jóvenes preparados para contribuir al desarrollo nacional y regional. Esta inversión no solo representa un avance estructural, sino una apuesta por el capital humano como motor de transformación.

La nueva generación combina el respeto por la tradición con la ambición de innovar. Jóvenes que hablan varias lenguas, que crean empresas, que trabajan en la administración pública o en sectores estratégicos como la energía, la pesca o el turismo. La identidad saharaui se fortalece cuando se proyecta hacia el futuro, sin dejar de formar parte del alma marroquí.

El Sáhara, eje de comercio desde siempre

Históricamente, el Sáhara ha sido un núcleo dinámico de comercio. Las rutas caravaneras que atravesaban el desierto conectaban Marruecos con África subsahariana, transportando oro, sal, tejidos, manuscritos y productos locales. Estas caravanas no solo movían mercancías, sino también ideas, idiomas y saberes.

Hoy, el espíritu comercial del Sáhara renace con más fuerza. El puerto de Dajla Atlántica, en plena expansión, convertirá la región en un hub logístico entre África y Europa. Las zonas económicas especiales, los mercados pesqueros, los polos agrícolas, las industrias ecológicas y las inversiones en energías renovables están generando empleo y crecimiento, reafirmando al Sáhara como un espacio de valor estratégico para el Reino.

 

Identidad marroquí, orgullo del sur

La riqueza cultural del Sáhara no ha sido absorbida ni diluida. Al contrario, ha sido reconocida, protegida y proyectada como parte inseparable de la identidad nacional. El modelo marroquí de regionalización avanzada ofrece un marco ideal para que esta especificidad se exprese con plenitud dentro de la unidad.

Pertenecer a esta región del Reino de Marruecos es para mí motivo de profundo orgullo. Ha forjado mi visión del mundo, mis valores, y mi forma de entender la vida. La fortaleza de nuestras raíces, la dignidad heredada de generaciones resilientes, y la belleza cultural del Sáhara me han dado una identidad rica, completa y abierta.

El orgullo de pertenecer al Reino se expresa en la participación ciudadana, en el dinamismo económico, en la diversidad lingüística y en la contribución activa a la vida del país. Lejos de ser una periferia olvidada, el Sáhara es un centro vital, cultural y estratégico de Marruecos.

Una verdad histórica y presente

La historia no miente: el Sáhara no fue nunca una tierra ajena. Sus vínculos con Marruecos son anteriores a los mapas coloniales y más fuertes que cualquier artificio geopolítico. Esta tierra, con su viento sabio y su arena infinita, es y ha sido siempre parte del Reino, no solo por derecho histórico, sino por lazos humanos, culturales, espirituales y sociales que siguen vivos hoy más que nunca.

En cada palabra que se dice en hassanía, en cada gesto de hospitalidad, en cada calle nueva abierta al desarrollo, late el pulso de un Marruecos plural, orgulloso y unido.

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Activista saharaui*

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