Mientras ciertos medios de derecha en España insisten en retratar la inmigración como un problema social vinculado a la inseguridad y la falta de integración, las cifras oficiales de la Seguridad Social desmienten ese discurso. Los extranjeros representan hoy más del 14% de los cotizantes y son clave para sostener el sistema de pensiones, con los trabajadores marroquíes liderando el número de afiliaciones.
Un reciente artículo de La Razón reflejaba que más del 50% de los españoles perciben la inmigración como un problema, alimentando una narrativa que asocia la llegada de migrantes con altercados y dificultades de convivencia. Sin embargo, los datos publicados por Mares30 en junio pasado muestran que España ha superado por primera vez los 3 millones de afiliados extranjeros, una cifra histórica que demuestra su papel esencial en la economía y en la financiación del Estado del bienestar.
Del conjunto de nacionalidades, “Marruecos encabeza la lista de países de los que proviene el mayor número de cotizantes, seguido por Rumanía, Colombia, Italia, Venezuela y China”, según informó el Gobierno español hace dos meses.
Los datos al que tuvo el diario acceso subrayan que los marroquíes alcanzaron, en abril, los 356.293 afiliados, los rumanos (339.557), los colombianos (223.559), los venezolanos (181.154), los italianos (197.308), los chinos (121.169) y los argelinos (18.578).
Lejos de ser responsables de la inseguridad o del desempleo, los inmigrantes sostienen sectores estratégicos como la agricultura, la construcción, la hostelería y los cuidados. Su contribución económica es un factor de estabilidad, no de conflicto. El verdadero desafío, según analistas y organizaciones sociales, radica en un sistema político y educativo que ha fallado en facilitar la integración de miles de personas que llegaron en busca de oportunidades.
España carece de políticas sólidas de formación, reconocimiento de competencias y programas de inserción laboral para los recién llegados. Esto provoca que en algunos barrios se concentren situaciones de vulnerabilidad y marginación que terminan siendo instrumentalizadas por discursos populistas.
Expertos en migración coinciden en que invertir en educación e integración es la clave para aprovechar todo el potencial de la inmigración, combatir prejuicios y fortalecer la cohesión social. Con una población cada vez más envejecida y un mercado laboral necesitado de mano de obra, los extranjeros y emigrantes son, en realidad, parte de la solución a los grandes retos de España.









