Abderrahim Ouahmane
Mientras los “Leones de la Téranga” celebraban en Stade de France de París un título revocado, el ambiente se cargaba de una legitimidad ilusoria. Aquellas celebraciones, acompañadas de declaraciones provocadoras y gestos desafiantes, parecían más un intento de reafirmación ante la incertidumbre que un triunfo deportivo consolidado.

Marruecos, en cambio, trazó una ruta diametralmente opuesta: sin estridencias, sin provocaciones innecesarias, sin reacciones impulsivas y sin ostentar una celebración por la decisión adoptada por la Confederación Africana de Fútbol (CAF). Ese silencio, lejos de ser una ausencia de postura, fue una declaración de principios: una estrategia cuidadosamente calculada que denota confianza institucional y una visión de largo alcance.
Existe una desconexión notable en el discurso senegalés: el recurrente «ganamos en el campo» funciona como un consuelo frente a la cruda verdad de haber abandonado el terreno de juego con un triunfo que la realidad administrativa ya ha desmentido. Sin embargo, la lectura más clara apunta a que lo que realmente molestó al combinado senegalés no fue solo la decisión del 17 de marzo, sino la madurez con la que Marruecos gestionó las repercusiones del caso.
Mientras algunos optaron por convertir el episodio en un espectáculo mediático —alimentando discursos, imágenes y consignas—La Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF) trató el asunto desde el marco institucional, priorizando documentación y procedimientos legales sobre gestos públicos, sin montajes públicos. Tampoco hubo gestos simbólicos inmediatos, como la incorporación apresurada de una segunda estrella en la camiseta nacional. Se actuó con la calma de quien tiene un proyecto a largo plazo y no necesita vindicar su posición mediante muestras efímeras. Marruecos, sencillamente, pasó página con discreción, desviando su mirada y sus esfuerzos hacia un desafío de mayor envergadura: la preparación para el Mundial de 2026.
En este contraste de actitudes, se hace evidente la brecha entre dos filosofías deportivas. Por un lado, existe la tendencia a buscar la validación a través de la inmediatez y el ruido, intentando consagrar un momento efímero como si fuera eterno. Por otro, se encuentra la construcción de una trayectoria sostenible, donde el prestigio no se grita, sino que se impone a través del trabajo constante y el respeto a las instituciones.
Entre el ruido de la celebración vacía y el silencio de la confianza, se delinean dos narrativas distintas: una que intenta desesperadamente demostrar su existencia alzando la voz y otra que, consciente de su lugar en el panorama internacional, prefiere dejar que sean sus logros y su gestión los que hablen por sí mismos.
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(*) Hispanista y académico








