La Unión Europea (UE) y Estados Unidos (EEUU) han cerrado un acuerdo comercial que permitirá a los productos estadounidenses entrar en el mercado europeo sin aranceles, mientras que las exportaciones europeas hacia EEUU enfrentarán gravámenes del 15% y hasta del 50% en sectores como el acero y el aluminio. A ello se suma un compromiso europeo de invertir 500.000 millones de dólares en territorio estadounidense, adquirir gas natural por 750.000 millones y comprar grandes cantidades de armamento a empresas norteamericanas.
El consenso alcanzado, interpretado por numerosos analistas como un “mal acuerdo para Europa”, refleja una doble lógica: la económica y la geopolítica. Según el economista Federico Steinberg, autor del análisis del Real Instituto Elcano, la UE ha optado por no responder con aranceles —una decisión alineada con los manuales de economía para evitar una escalada que perjudicaría a ambas partes—, pero políticamente ha mostrado debilidad frente a la presión de Donald Trump.
La falta de una reacción contundente frente al proteccionismo estadounidense alimenta la percepción de que Europa actúa como un “vasallo” de Washington, especialmente tras aceptar en la cumbre de la OTAN elevar su gasto en defensa al 5% del PIB, por encima incluso del esfuerzo militar estadounidense. Steinberg advierte que este desequilibrio podría animar a Trump a imponer nuevos aranceles en sectores estratégicos, como el farmacéutico o el de semiconductores.
En el plano económico, aunque los nuevos aranceles afectarán a exportadores europeos —en particular a las industrias alemana, italiana y española—, la ausencia de represalias permitirá contener la inflación en la UE y mantener los tipos de interés bajos. A medio plazo, el impacto recaerá sobre los consumidores estadounidenses, quienes asumirán el mayor coste de las tarifas.
Las promesas europeas de inversión, compra de gas y adquisición de armamento podrían, sin embargo, no materializarse completamente. Steinberg recuerda que la Comisión Europea carece de capacidad para obligar a las empresas a invertir en EEUU, lo que podría incluso aumentar el déficit comercial estadounidense con Europa, contrariamente a los objetivos de Trump.
Para los expertos, el acuerdo no resuelve la tensión de fondo entre Bruselas y Washington y evidencia la necesidad urgente de avanzar hacia una autonomía estratégica europea, especialmente en materia de defensa e industria. Solo reforzando su capacidad propia, la UE podrá evitar que el fantasma del vasallaje se convierta en una realidad duradera en sus relaciones con EEUU.









