Entrevistado por Sara Bouchtarouif
Farid Othman-Bentria Ramos es un autor de raíces profundas y alas amplias, nacido en el crisol cultural de Tánger, Marruecos. Su vida es un testimonio de la fusión de mundos, una danza entre lo político, lo social y lo artístico. Desde pequeño, su existencia estuvo marcada por los ecos de un Tánger cosmopolita, dejando una huella indeleble en su alma.
La vida de Farid se extiende más allá de las fronteras geográficas, como un río que fluye desde su infancia en Marruecos hasta su llegada a Granada, donde se forjó académicamente en Ciencias Políticas y Sociología. Un estudiante inquieto y activista, encontró en la Universidad de Granada su espacio para sembrar ideas y recoger sueños. Su vocación social y política lo llevó a liderar movimientos estudiantiles, al tiempo que exploraba el arte en sus diversas facetas, cultivando una mirada crítica y un compromiso profundo con la sociedad.
Farid no es solo un hombre de ideas y gestión. En su corazón habita el poeta, el escritor, el fotógrafo, etc. Su alma se expresa en cada verso, en cada imagen, buscando reflejar la belleza y complejidad de la vida a través del arte. Humanista por naturaleza, sus palabras y sus imágenes son su vehículo de expresión, su forma de traducir el latido de su ser. La poesía es su refugio; la fotografía, su ventana al mundo; y el arte, su lenguaje universal.
Sin mayor demora, les ofrecemos el privilegio de explorar las palabras de un autor especial, cuyas ideas y relatos nos invitan a un mundo lleno de reflexión, arte y profundidad. Que sus palabras resuenen y nos acompañen en este espacio digital. En esta entrevista abordamos con nuestro entrevistado su destacada obra Cartas a Soufiane.
Su obra Cartas a Soufiane es una pieza profundamente conmovedora que aborda el conflicto de Gaza. ¿Qué fue lo que le inspiró a escribir esta serie de cartas?
Un suceso terrible hace una década. La historia de unos niños de entre 5 y 11 años que jugaban al fútbol en una playa de Gaza bajo la atenta mirada de sus padres. La historia de un barco de guerra de las IDF que decidió que eran un buen objetivo militar con el que jugar. La tragedia que llegó para los niños que ya no pudieron jugar más a estar vivos y de los padres que, impotentes, sólo pudieron mirar cómo pasaba.
En este libro, no solo se aborda la tragedia de Gaza, sino también la defensa de la infancia y los derechos humanos. ¿Cómo usted logró equilibrar el dolor y la desesperación con la esperanza y la resistencia en su narrativa?
Desde la más pura empatía, dando un enfoque puramente humanista a la tragedia cotidiana que es criar a tu hijo sin que normalice la vida bajo la opresión militar ni que pierda la consciencia de que cualquier niño tiene derecho a la infancia. No creo que ningún ser humano no pueda ponerse en la piel de ambos personajes, Soufiane y su padre, tal cual están tratadas las emociones en “cartas a Soufiane”.
El poema se presenta en dos idiomas, español y árabe. ¿Qué motivó su decisión de hacer el libro bilingüe y cuál es la importancia de que esta obra pueda leerse en ambas lenguas?
La obra lo pedía. Hay un impulso en ella de hacerla más universal y, a la vez, más cercana a sus personajes. Está escrita en castellano, con lo que debía ser uno de los idiomas, el otro, ya que podía elegir, debía ser el árabe.
¿Qué impacto espera que tenga su obra tanto en los lectores árabes como en los de habla hispana, teniendo en cuenta los diferentes contextos culturales de ambos grupos?
Espero que tenga exactamente el mismo tipo de impacto. La narrativa está enfocada desde el amor de un padre a un hijo, eso es algo que todos podemos sentir por igual. Ahora bien, si que hay una intención, en ese tratar por igual a los lectores de diferentes contextos, de completar el prisma de unos y otros en tanto al cómo enfocar el drama narrado (que es tan real).
En su libro, las ilustraciones de Susana Román juegan un papel esencial. ¿Cómo considera que las imágenes complementan su poesía y el mensaje que desea transmitir?
Es la segunda vez que colaboramos juntos. Conozco bien la sensibilidad del trazo de Susana y cómo su talento ha sabido ilustrar emociones muy difíciles dejando siempre un punto de calidez íntimo y acogedor. Sabía que tomaría a mis versos por el alma para hacerlos melodía, para mejorar la pedagogía propuesta sobre la importancia de ponerse, por encima de imaginarios sesgados, en la piel del otro.
Gaza ha sido un símbolo de resistencia y sufrimiento durante años. ¿Cree que existe el riesgo de que el sufrimiento de este pueblo se normalice o se olvide con el tiempo? ¿Qué acciones considera necesarias para evitar que esto ocurra?
Con la llegada de Trump (del Trump de este segundo mandato) es difícil guardar el optimismo. Netanyahu y los suyos, que hay que recalcar que ni son todo Israel ni mucho menos todos los judíos, tienen tomada la decisión expansionista que pasa por practicar en Gaza una política aniquilacionista de tierra quemada. Los gazatíes no tienen ya casas a las que volver, han destruido el 70% de las infraestructuras, hay un apartheid voraz sobre la mesa y ni los trabajadores sanitarios, la prensa o los trabajadores de Naciones Unidas están a salvo. Que sobreviva Gaza será un milagro, pero, como digo en el libro aplaudiendo la resiliencia palestina, “no hay lugar donde no pueda nacer una flor”.
El título Grito por Gaza parece reflejar un dolor profundo, pero también una llamada a la acción. ¿Cómo le gustaría que los lectores se sintieran después de haber leído su obra?
Es, de hecho, una llamada a la acción que nace de un dolor profundo.
Muy en resumen, me gustaría que los lectores, al entender la obra, estuvieran en total acuerdo con la reflexión que hizo el dramaturgo romano-amazigh Publius Terentius Afer (Publio Terencio Africano) en su obra Heauton timorumenos (el enemigo de sí mismo), cuando uno de sus personajes afirmaba “humano soy, ningún dolor humano me es ajeno”.
Finalmente, al escribir Cartas a Soufiane, ¿qué mensaje o reflexión espera dejar en los lectores acerca de la importancia de la memoria histórica y la lucha por los derechos fundamentales?
Nuestras decisiones son opciones. Estamos en un momento de la historia en el que más que luchar por las inalcanzables utopías parece que estemos obligados a aceptar las inminentes distopías.
En un momento en el que nos dan la opción de perder derechos para ganar seguridad, debemos decir no. En un momento en el que nos piden no tener empatía porque no es algo útil o rentable, en el que la otroriedad aliena más que nunca en las últimas décadas de la historia humana, debemos ser osados y decir que no cuenten con nosotros.
Recuerdo una foto icónica en la que hay cientos de personas haciendo el saludo nazi y en la que hay señalado en un círculo rojo un hombre cruzado de brazos de manera decidida acompañado del texto “be this man”. Ese es el ejemplo a seguir. Los derechos humanos deben ser universales, no el privilegio de una clase, una etnia, una nacionalidad o una religión concreta. Si alguien insinúa lo contrario recuerda la foto y sé el que se niega a saludar al Führer. Somos humanos, la infancia tiene derecho a jugar, los padres a dar las buenas noches a sus hijos, “la derrota será conformarnos con no ser de piedra”.









