Dicen en árabe: وراء كل رجل عظيم امرأة —“detras un gran hombre, hay una gran mujer”— y en la vida de Lamine Yamal esa mujer se llama Fátima. No es una estrella del fútbol, ni una figura mediática, sino su abuela paterna, la persona que le enseñó, con su ejemplo, el valor del esfuerzo, la superación y el amor incondicional.
Hace días, en el acto de renovación de su contrato con el FC Barcelona hasta 2031, Lamine llegó del brazo de Fátima al Spotify Camp Nou. Estaban también sus padres, Mounir Nasraoui y Sheila Ebana, así como directivos del club, pero fue hacia ella, la mujer que cruzó sola el Mediterráneo desde Tánger en 1990, a quien el joven dedicó sus palabras más emotivas: “Este acto se retrasó por ella, porque estaba en Marruecos. Sin ella no lo podía hacer. Quiero darle las gracias por todo lo que ha hecho por mí. Y agradecérselo poco a poco, aunque no lo voy a poder lograr nunca”.
Fátima llegó a España con la determinación de abrirse camino y traer a su familia. Trabajó incansablemente, allanando el terreno para sus hijos y, décadas después, para que su nieto encontrara en Barcelona un hogar. En la infancia de Lamine, especialmente durante la separación de sus padres, ella fue su refugio y apoyo. Por eso, cuando el futbolista dio el salto a la élite, no dudó en regalarle una casa nueva, según un informe de OKdiario.
En esos días, mientras algunos medios se centraban en la polémica por la celebración de su 18º cumpleaños, Lamine se mostró ajeno a las críticas y volcado en su familia. Entre brindis de champán y paella, la figura más destacada fue, una vez más, Fátima, con sus manos decoradas con henna, símbolo de identidad y tradición.
Aunque nacido en Esplugues de Llobregat y criado en el barrio de Rocafonda, en Mataró, Lamine nunca ha olvidado sus raíces marroquíes. Su meteórica carrera —que ya le proyecta como posible ganador del Balón de Oro en el futuro— no le ha hecho perder de vista quién le inculcó la fuerza para llegar hasta la cima del fútbol mundial. Y en su historia, el corazón de esa fuerza tiene nombre propio: Fátima.








