El 12 de abril de 1539, como hoy, nació el Inca Garcilaso de la Vega, es decir, hace 486 años, y que es considerado el primer mestizo biológico-espiritual del Perú y de América. Con nombre de pila, Gómez Suárez de Figueroa, su figura marcó el punto de partida del sincretismo racial y cultural con España, a la luz del proceso político y militar del descubrimiento y la conquista de nuestro continente. Nacido en el mágico Cuzco, su padre fue el capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega y su madre, la ñusta Isabel Chimpu Ocllo.
Garcilaso es el recinto y la garantía de la pervivencia de nuestra rica historia y cultura, convirtiéndose él mismo y por sus escritos en fuente de nuestro pasado precolombino y fuente principal para la construcción del derecho civil peruano y del derecho comunitario andino, pero sobre todo para significar por su mestizaje la mayor fortaleza de nuestra peruanidad, que, valga las verdades hasta ahora no hemos convertido en el más importante factor de nuestra ciudadanía al momento de alzarnos a la vida independiente. Pero esto último es un asunto del que el Inca Garcilaso, no es responsable.
Por su obra máxima “Comentarios Reales de los Incas”, publicada en Lisboa en 1609, conocimos a la sociedad del Tahuantinsuyo y a otras culturas que surgieron en las etapas intermedias y tempranas de nuestra milenaria civilización precolombina. Por Garcilaso y por su obra, entonces, hemos podido construir la grandeza de la sociedad de los Andes y, debo confesar que fue fundamental para la formulación de la tesis de la Patria Andina que, cuando canciller del Perú, me permití desarrollar como plataforma de integración regional para los países miembros de la Comunidad Andina (Bolivia, Chile, Ecuador y Perú, a los que se sumarían, Chile retornando a la CAN, lo mismo que Venezuela, pero cuando sea una democracia, y la incorporación de Argentina).
Garcilaso fue el mayor cronista que produjo la sociedad del virreinato y su pluma ha sido reconocida por los más laureados escritores como el español Menéndez y Pelayo y el peruano Luis Alberto Sánchez. Su mención en la currícula escolar sigue siendo genérica, limitándose a sus datos biográficos y a algunas características de su obra. Eso debe cambiar. Así, jamás vamos a valorar su legado para el alma y la conciencia colectiva de todos los peruanos, tratándose –debo repetirlo–, de la mayor y más poderosa figura del mestizaje que define nuestra peruanidad como resultado.
No hemos aprovechado el bicentenario para relievarlo y debemos corregir tremenda falencia pensando en nuestra identidad e idiosincrasia. Falta, entonces, una decidida política de Estado para comprender su rica herencia cultural mirándonos retrospectiva y prospectivamente.
Nuestro mestizaje, con Garcilaso por delante, está solamente mirándonos al espejo y llenos de orgullo y con la educación, que hasta ahora no hemos tenido en 200 años, cultivemos sin complejos nuestra extraordinaria peruanidad mestiza, que es el mayor secreto para la unidad nacional, que tampoco hemos tenido en nuestro Perú bicentenario.
*Exministro de Exteriores del Perú









