19 junio 2026 / 21:55

La Casa del Periodismo

La economía azul en tiempos de guerra: ¿por qué desaparece el medio ambiente de la ecuación de los estrechos vitales?

Mares 30 - abril 8, 2026

Mohammed Tafraouti

Con el aumento de los conflictos militares en los estrechos estratégicos y en el mar Mediterráneo, las cuestiones ambientales han desaparecido casi por completo del debate internacional. Entre los riesgos de derrames de petróleo, contaminación acústica y perturbación de los ecosistemas marinos, los océanos se han convertido en víctimas silenciosas de una guerra en la que la seguridad y la geopolítica tienen prioridad sobre la biodiversidad.

 

Una amarga realidad después de las cumbres ambientales

Mientras se suceden las cumbres internacionales dedicadas a la protección de los océanos y del clima, las rutas marítimas vitales siguen pagando el precio de las decisiones de las grandes potencias, y los ecosistemas marinos se convierten en víctimas silenciosas.

 

Cuando paso con inquietud de una plataforma mediática a otra, me invade la desesperanza ante un escenario internacional que, en muchos de sus aspectos, se ha transformado en un foco peligroso de contaminación tanto de la conciencia como del medio ambiente. Tras una serie de cumbres ambientales llenas de recomendaciones brillantes e iniciativas prometedoras, regresamos rápidamente al punto de partida, o incluso a algo peor que el punto cero. Escenas dolorosas de personas que pertenecen a una misma humanidad incapaces de vivir en paz y armonía, transformadas, por efecto de las políticas y los conflictos, en enemigos unos de otros. Odio, hambre, pobreza, destrucción y desaparición… como si nada hubiera ocurrido. Como si todas esas conferencias celebradas bajo los lemas de la protección de los océanos y del clima hubieran sido simples burbujas mediáticas que estallan en cuanto se enfrentan a la primera prueba geopolítica.

 

Aquí, en el estrecho de Ormuz, donde las rutas del petróleo se cruzan con las líneas de fuego, se manifiesta la paradoja más dolorosa. Y allí, en las aguas del Mediterráneo, donde compiten proyectos de gas y estrategias de influencia militar, se repite la misma paradoja. Mientras las cumbres sobre el clima y los océanos se celebran en lujosas salas, la destrucción ambiental se reproduce diariamente en nombre de la seguridad nacional y de la disuasión militar.

 

¿Hasta cuándo seguirá el mar rehén de los conflictos? ¿Y hacia dónde se dirigen las promesas de proteger los océanos en tiempos de guerra?

 

Nuevas dinámicas: cuando el océano se convierte en campo de batalla

El mundo está presenciando una creciente politización de los espacios marítimos. Los estrechos y las vías navegables ya no son únicamente corredores comerciales o ecosistemas frágiles, sino que se han convertido en líneas de confrontación en conflictos regionales e internacionales.

 

El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20 % del petróleo mundial, se transforma periódicamente en un punto de enfrentamiento militar, entre amenazas de cierre y ataques contra buques vinculados a tensiones regionales.

 

En el otro extremo del mapa, el mar Mediterráneo se ha convertido en un escenario complejo de conflictos. Desde el estrecho de Gibraltar hasta las costas de Libia y Siria, las disputas fronterizas sobre la delimitación de las zonas económicas exclusivas se entrelazan con la exploración de gas natural, en un contexto de fuerte presencia militar de la OTAN y de bases navales rivales. Las tensiones entre Turquía, Grecia y Chipre, el conflicto en Libia y la presencia rusa en el Mediterráneo oriental convierten a este antiguo mar en un crisol donde chocan intereses geopolíticos a expensas de un frágil sistema ecológico.

 

Consecuencias ambientales de los conflictos: la gran omisión

Aquí aparece la gran contradicción. Mientras las conferencias internacionales llaman a una economía azul sostenible y a un océano sin fronteras, las prácticas reales vuelven a imponer fronteras por la fuerza e incluso añaden nuevas fronteras de amenaza ambiental.

 

La escalada militar en las rutas marítimas amenaza la navegación y ejerce presión sobre ecosistemas que ya sufren contaminación, calentamiento global y explotación humana.

 

Al hablar de la presión sobre el estrecho de Ormuz o de las tensiones en el Mediterráneo, la dimensión ambiental sigue siendo el gran ausente de los análisis dominantes. La guerra, incluso antes de estallar, deja tras de sí efectos ambientales duraderos.

 

En el estrecho de Ormuz, cualquier enfrentamiento militar que afecte a petroleros o instalaciones energéticas podría provocar derrames masivos de petróleo difíciles de contener en un corredor marítimo estrecho y relativamente poco profundo. La catástrofe ambiental no se limitaría a las costas de Irán, Omán o los Emiratos Árabes Unidos, sino que destruiría humedales y arrecifes de coral únicos del golfo Pérsico, ecosistemas que ya sufren temperaturas extremas y una elevada salinidad.

 

En el Mediterráneo, la situación es aún más compleja. Años de conflicto en Libia y Siria han provocado el hundimiento de buques y cargamentos de combustible, así como fugas de sustancias peligrosas procedentes de instalaciones petroleras dañadas. A esto se suma la contaminación crónica causada por maniobras militares y movimientos navales intensos.

 

La crisis migratoria sin precedentes y las operaciones de búsqueda y rescate asociadas, junto con estrictas medidas de seguridad, han generado una presión adicional sobre zonas marinas sensibles. Además, la exploración de gas mediante prospecciones sísmicas produce contaminación acústica que interfiere con la capacidad de mamíferos marinos como delfines y ballenas para comunicarse y orientarse, sin mencionar su impacto en las poblaciones de peces de las que dependen millones de pescadores.

 

Ambas cuencas sufren un doble impacto. Ya padecen los efectos del cambio climático: aumento de la temperatura del agua, acidificación de los océanos y elevación del nivel del mar. La incorporación de las presiones derivadas de los conflictos militares hace que la capacidad de recuperación de estos ecosistemas sea casi imposible.

 

Med Mosaic: cuando la iniciativa civil se enfrenta a la destrucción de los mares en tiempos de guerra

La experta en medio marino, Mona Samari, afirmó que “el Mediterráneo conecta a todos los países de la región. El deterioro ambiental en un país se convierte rápidamente en un problema que amenaza a todos. Abordar las cuestiones ambientales en tiempos difíciles no significa ignorar los conflictos, sino evidenciar otra crisis que marcará el futuro de la región durante décadas”.

La experta en medio marino, Mona Samari,
La experta en medio marino, Mona Samari,

 

Samari añadió que “el sector de los medios de comunicación atraviesa ya una crisis mundial. El periodismo ambiental suele ser una de las primeras víctimas, a pesar de ser uno de los campos más importantes para el futuro de la región. Desafíos como la pérdida de medios de vida de los pescadores, la creciente vulnerabilidad de las comunidades costeras y la intensificación de la competencia por los recursos marinos pueden convertirse en problemas de seguridad para la próxima generación”.

 

Así lo subraya Mona Samari desde la iniciativa Med Mosaic, que se centra especialmente en las cuestiones marítimas que afectan a países que atraviesan conflictos o situaciones de posconflicto en la región mediterránea. La iniciativa trabaja en temas como el aumento del uso de pesca con dinamita en Líbano, Siria y Libia.

 

Análisis jurídico: la guerra contra el derecho ambiental

El doctor Mohammed Belmahi, jurista marroquí especializado en derecho público, afirma que la situación revela una persistente deficiencia en la gobernanza ambiental internacional.

El doctor Mohammed Belmahi, jurista marroquí especializado en derecho público
El doctor Mohammed Belmahi, jurista marroquí especializado en derecho público.

Según él, los conflictos armados ponen de relieve las limitaciones actuales del derecho ambiental internacional. Cuando las cuestiones de seguridad y energía se convierten en prioridades, la protección de los ecosistemas marinos suele quedar relegada, a pesar de los compromisos internacionales sobre biodiversidad y protección de los océanos.

 

Belmahi subraya que la protección de los océanos en zonas de tensión geopolítica requiere reforzar los mecanismos jurídicos internacionales capaces de integrar la dimensión ambiental en las políticas de seguridad y en la gestión de crisis. La relación entre guerra y medio ambiente se ha convertido en uno de los desafíos jurídicos más complejos del sistema internacional contemporáneo.

 

Las guerras modernas ya no afectan solo a infraestructuras o poblaciones civiles; también alcanzan a los ecosistemas marinos y terrestres. Ataques contra instalaciones petroleras, interrupciones de la navegación en estrechos estratégicos o la intensificación de actividades militares navales pueden provocar daños ambientales graves y duraderos.

 

Aunque el derecho internacional incluye ciertos mecanismos de protección, sigue presentando importantes lagunas. El derecho internacional humanitario establece principios generales para proteger el medio ambiente durante los conflictos armados, como la prohibición de causar daños amplios, duraderos y graves al entorno natural. Sin embargo, el problema principal radica en la debilidad de los mecanismos de aplicación y en la ausencia de sistemas eficaces de supervisión, especialmente en zonas marinas sensibles.

 

Sociedad civil, ONG, medios y ciencia: un sistema fragmentado

En regiones de tensión como el estrecho de Ormuz o el Mediterráneo oriental, las organizaciones de la sociedad civil afrontan varios obstáculos estructurales: la “securitización” del discurso ambiental, la fragmentación regional y la escasez de financiación para proyectos relacionados con conflictos.

 

Los medios de comunicación también se enfrentan a un dilema. Cuando ocurre un incidente, como un ataque a un petrolero en Ormuz u un enfrentamiento naval en el Mediterráneo, la cobertura se centra en la geopolítica y los precios de la energía, mientras la dimensión ambiental desaparece casi por completo.

 

Por su parte, la investigación científica se ve limitada por la falta de datos y por la politización de la información ambiental. En regiones estratégicas, los datos oceanográficos suelen considerarse información sensible, lo que dificulta el desarrollo de una ciencia abierta capaz de evaluar riesgos comunes.

 

La crisis de prioridades políticas

En las conferencias internacionales, los responsables políticos firman compromisos ambiciosos para proteger los océanos y alcanzar objetivos como el “30×30”, que pretende proteger el 30 % de los océanos antes de 2030. Sin embargo, el análisis de la realidad en el estrecho de Ormuz y el Mediterráneo oriental revela una profunda contradicción.

 

Los mismos Estados que promueven iniciativas de protección oceánica pueden ser los que suministran armas o apoyo diplomático a las partes enfrentadas en estas rutas marítimas estratégicas.

 

En tiempos de tensión, las prioridades son claras: garantizar el suministro energético, mantener la disuasión militar y consolidar alianzas regionales. La protección de la biodiversidad, la responsabilidad por la contaminación y los derechos de las comunidades costeras quedan relegados a un segundo plano.

 

Conclusión

Lo que une al estrecho de Ormuz y al mar Mediterráneo, a pesar de sus diferencias, es una misma lógica: la politización del espacio marítimo a costa de su sostenibilidad.
El verdadero desafío no consiste únicamente en acumular compromisos en las cumbres sobre los océanos, sino en construir mecanismos capaces de convertir la protección del mar en una fuerza capaz de resistir la lógica de la guerra.

 

Si el mar no reconoce fronteras, nuestras acciones tampoco serán eficaces mientras no afrontemos la nueva realidad: las fronteras políticas se están imponiendo por la fuerza en el océano, y quien paga el precio es el ecosistema del que depende toda la humanidad.

 

Desde el golfo Pérsico hasta las costas del Mediterráneo, y desde el estrecho de Ormuz hasta Gibraltar, el mar se ha convertido en la víctima silenciosa de los conflictos. O reconocemos esta verdad, o seguiremos observando la catástrofe mientras repetimos eslóganes que nunca se traducen en acción.

 

Categorías : Economía azul Opinión