La escritora marroquí, Leila Slimani, ha lanzado una reflexión de fuerte carga política y social desde Madrid al advertir que Europa no podrá sostener su modelo de vida sin la inmigración, en un contexto marcado por el auge de discursos identitarios y el endurecimiento del debate migratorio en varios países del continente.
Slimani, nacida en Rabat en 1981 y galardonada con el Premio Goncourt en 2016, se encuentra en la capital española participando en la Residencia Literaria Internacional “Escribir el Prado”, donde explora las conexiones entre arte, literatura e historia como fuente de inspiración creativa, en una experiencia que refuerza los vínculos culturales entre Marruecos y España desde una perspectiva contemporánea, según un informe de The Objective.
Durante sus intervenciones públicas, la autora subrayó que el discurso del miedo en torno a la inmigración está siendo instrumentalizado políticamente, al tiempo que insistió en que la realidad demográfica y económica europea contradice esas narrativas. “Es muy fácil decirle a la gente que su mundo va a desaparecer, pero es falso, porque sin inmigración Europa no va a poder continuar viviendo como ha vivido hasta ahora”, afirmó, defendiendo la necesidad de líderes capaces de explicar la complejidad del fenómeno migratorio.
En paralelo, Slimani defendió el papel del arte y la literatura como herramientas fundamentales para combatir el simplismo y los prejuicios, al considerar que la lectura permite comprender la complejidad del mundo y romper con visiones binarias que alimentan el racismo y la violencia. En este sentido, lamentó la falta de curiosidad del mundo occidental hacia las culturas árabes, señalando que esta desconexión contribuye a reforzar estereotipos y tensiones.
La escritora también puso el foco en la relación cultural entre Marruecos y España, destacando la existencia de un imaginario compartido que se refleja en la arquitectura, la lengua o la gastronomía, y defendiendo la necesidad de reforzar estos lazos a través de iniciativas culturales y educativas. En esta línea, propuso tender puentes entre ambos países no solo desde la literatura, sino también desde el arte y el deporte.
El fútbol, de hecho, ocupó un lugar destacado en su reflexión como espacio simbólico de igualdad y encuentro entre sociedades, especialmente en el horizonte del Mundial 2030 que organizarán conjuntamente Marruecos, España y Portugal. Slimani expresó su deseo de que esta cita se convierta en una oportunidad para que las nuevas generaciones de ambos lados del Estrecho se conozcan y construyan una narrativa común basada en la convivencia.
Más allá del ámbito cultural, la autora también valoró el papel de la juventud marroquí, a la que definió como una generación “sin miedo”, conectada con el mundo y comprometida con la defensa de sus derechos sociales, en contraste con generaciones anteriores marcadas por el temor y la autocensura.
Con esta intervención, Slimani no solo reafirma su papel como una de las voces intelectuales más influyentes del espacio euro-mediterráneo, sino que sitúa el debate sobre inmigración, identidad y cultura en el centro de una reflexión más amplia sobre el futuro compartido entre Marruecos y Europa.








