La crisis energética global provocada por la guerra de EEUU e Israel contra Irán está acelerando la transición hacia energías limpias y reforzando la posición de China como líder mundial en tecnologías renovables, según un análisis de la agencia estadounidense AP.
Las interrupciones en el suministro de petróleo y gas, especialmente en el estrecho de Ormuz, han disparado los precios del combustible en Estados Unidos y Europa, obligando a numerosos países a buscar alternativas energéticas más estables. En este contexto, China, pese a ser uno de los principales compradores de petróleo iraní, se perfila como uno de los grandes beneficiados gracias a su dominio en sectores como las baterías, la energía solar y los vehículos eléctricos.
Empresas chinas como BYD y CATL están bien posicionadas para aprovechar el aumento de la demanda global de tecnologías de bajas emisiones, mientras los inversores refuerzan su apuesta por las energías renovables. Las exportaciones chinas de estos productos alcanzaron niveles récord, impulsadas por mercados en Europa y el sudeste asiático.
El conflicto también está acelerando un cambio estructural en numerosos países, que buscan reducir su dependencia de los combustibles fósiles ante la volatilidad de los precios. Desde Pakistán hasta el Reino Unido o Indonesia, se observa un aumento del interés por la energía solar, el almacenamiento energético y los vehículos eléctricos.
En paralelo, se consolida una divergencia estratégica entre China y Estados Unidos, donde la administración estadounidense mantiene su apuesta por los combustibles fósiles, mientras Pekín refuerza su liderazgo en el ámbito de la energía limpia, en un escenario global marcado por la incertidumbre energética.








