Safia Abahaj*
El 20 de agosto de 1953, Marruecos fue sacudido por un acontecimiento que marcaría para siempre su historia: la destitución y el exilio forzado de Su Majestad el Rey Mohammed V y de la familia real, decisión impuesta por las autoridades coloniales francesas. Aquella maniobra, que pretendía quebrar la voluntad del pueblo marroquí, produjo el efecto contrario: desencadenó un movimiento nacional de resistencia conocido como la Revolución del Rey y del Pueblo, una unión sin precedentes entre la monarquía y la ciudadanía.
Esa alianza selló un pacto político y moral: la independencia y la integridad territorial como valores sagrados. La resistencia interna, junto con el liderazgo del Soberano legítimo, precipitó el regreso triunfal de Mohammed V en 1955 y la proclamación de la independencia en 1956.
Hoy, más de setenta años después, este episodio histórico sigue siendo una referencia central. El espíritu de la Revolución del Rey y del Pueblo no se limita al recuerdo de la independencia, sino que proyecta su significado en la causa nacional por excelencia: la defensa del Sáhara marroquí.
Un paralelismo entre dos luchas históricas
La Revolución del Rey y del Pueblo fue, ante todo, la expresión de la negativa marroquí a aceptar la fragmentación territorial y la sumisión política. El pueblo rechazó el intento colonial de imponer un soberano ilegítimo y respondió con resistencia, sacrificio y lealtad a su Rey legítimo.
Este mismo espíritu se refleja en la cuestión del Sáhara. Desde que España abandonó el territorio en 1975, Marruecos ha reivindicado con firmeza la restitución de una parte integral de su territorio. La célebre Marcha Verde, que movilizó pacíficamente a 350.000 ciudadanos en noviembre de 1975, fue la encarnación moderna del mismo principio: pueblo y monarquía unidos para reafirmar la soberanía nacional.
Ambos episodios —la resistencia contra el colonialismo en 1953 y la recuperación del Sáhara en 1975— forman parte de una misma lógica histórica: la defensa de la dignidad, la independencia y la unidad de la Nación.
La base histórica y jurídica del Sáhara marroquí
La legitimidad de Marruecos sobre el Sáhara occidental no es un postulado reciente. Se fundamenta en vínculos seculares de bay‘a (juramento de fidelidad) de las tribus saharauis a los sultanes alauitas. Archivos diplomáticos, tratados y registros históricos documentan la presencia de la autoridad marroquí en el Sáhara antes de la colonización española.
En 1975, la Corte Internacional de Justicia de La Haya, consultada por Naciones Unidas, concluyó que el territorio del Sáhara no era terra nullius y que existían “vínculos jurídicos de lealtad entre el Sáhara y el Reino de Marruecos”. Esa conclusión corroboró lo que la memoria colectiva marroquí siempre sostuvo: el Sáhara forma parte integral e inseparable del Reino.
Dimensión política y social
La Revolución del Rey y del Pueblo enseñó que la soberanía no se negocia: se defiende con unidad y constancia. Esa misma enseñanza rige la postura marroquí respecto al Sáhara.
Bajo el reinado de Su Majestad Mohammed VI, Marruecos ha consolidado una estrategia doble:
Una causa intergeneracional
Si en 1953 hombres, mujeres y jóvenes resistieron a la colonización en nombre de la lealtad al Rey, hoy los marroquíes de todas las generaciones hacen lo mismo por el Sáhara. La causa no es únicamente política: es un pacto intergeneracional de lealtad y dignidad, transmitido de padres a hijos, que mantiene viva la memoria de la Revolución del Rey y del Pueblo.
Cada año, el 20 de agosto se convierte en algo más que una conmemoración: es un recordatorio solemne de que la unidad entre Trono y Pueblo sigue siendo el baluarte que protege la soberanía y la integridad territorial.
Conclusión
La Revolución del Rey y del Pueblo no es solo un episodio glorioso del pasado, sino un legado vivo que inspira la defensa del Sáhara marroquí. Así como Mohammed V simbolizó la dignidad frente al colonialismo, hoy el Marruecos moderno, bajo el liderazgo de Su Majestad Mohammed VI, reafirma con firmeza el mismo principio: un Reino indivisible, soberano y unido.
El espíritu de 1953 se prolonga en la causa saharaui: un mismo hilo conductor que une la independencia, la integridad territorial y el desarrollo nacional. Marruecos, en su totalidad, permanece fiel a aquel pacto inquebrantable entre Rey y Pueblo, renovado cada día en la defensa de su identidad y de su futuro.
“El 20 de agosto nos recuerda que la fuerza de un pueblo está en su unión y en su fe en la justicia: el Sáhara marroquí no es solo una causa nacional, es un símbolo de esperanza, de dignidad y de futuro compartido donde la luz de la verdad seguirá guiando nuestro camino.”
——————————————-
Investigadora saharaui *









