El rey Carlos III, monarca del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, dirigiéndose al presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, durante una cena ofrecida en su honor por el mandatario estadounidense, en la Casa Blanca, en el marco de su reciente visita de Estado a este país de Norteamérica, que este año celebra 250 años de su independencia, devolviéndole, con fino sarcasmo e indubitable verdad histórica, recordándole a Trump una frase que pronunció el magnate neoyorquino durante la Conferencia del Foro Económico Mundial de Davos, en enero de este año, cuando dijo que “Si no fuera por nosotros (los estadounidenses), ustedes (los europeos) estarían hablando alemán o un poquito de japonés”, Su Majestad británica, entonces, durante la referida cena, le acaba de decir a Trump que “Si no fuera por nosotros (los ingleses), ustedes (los estadounidenses) estarían hablando francés”.
Para comprender las afirmaciones de los dos jefes de Estado, las voy a comentar en forma cronológica. En efecto, los hechos que se produjeron por la presencia de los ingleses en Norteamérica, que cruzaron el Atlántico –precisamente en sus orillas africanas (Dajla, Marruecos), contemplando la bravura de sus aguas, estoy escribiendo mi columna dominical para Expreso–, llegaron hasta las costas del norte del nuevo mundo (Este americano), fundando las denominadas Trece Colonias, importantes ciudades (Washington, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Nueva York, etc.), todas erigidas por anglosajones que, dominados por la búsqueda de nuevas tierras y la aventura, y en nombre de la corona inglesa, decidieron trasladarse con familias enteras hacia esa parte de América.
Como los ingleses, también lo hicieron los franceses, que, aunque se instalaron mayoritariamente más al norte (Canadá), lidiaron con los primeros por las tierras en que se habían apostado los anglosajones, allá por los tiempos de la independencia estadounidense, que los terminaron desplazando, librándolos de ser convertidos en territorios francófonos como sí pasó con la ciudad canadiense de Quebec.
De haber sido todo al revés, los franceses hubieran impuesto su idioma en las actuales costas estadounidenses, y ese es el episodio al cual se refirió el monarca británico en la referida fastuosa cena en la Casa Blanca.
Sin duda, fue una respuesta finamente preparada para la ocasión por Carlos III y soltadas sin que dejaran de ser solo una broma, por las expresiones de Trump de enero de 2026 en que, hallándose el presidente magnate en Davos, había dicho a los países europeos –pensando en Groenlandia–, a la luz de la vorágine del apogeo militar alemán durante la Segunda Guerra Mundial, que el destino de prácticamente toda la Europa occidental, se hallaba amenazada por la fortísima e insensible jefatura de Estado de la Alemania de Adolfo Hitler, que fue precisamente, por el poder y hegemonía estadounidenses, que alcanzaron librarse de las imposiciones teutonas en todo el país galo, que incluía, el idioma alemán.
Lo único cierto que debemos concluir es que Washington y Londres han consolidado su alianza histórica de siempre, es decir, que ambos Estados van de la mano, apoyándose todo el tiempo.
Mucha altura política y diplomática y eso es fundamental en el contexto del alto nivel de las relaciones entre Estados.
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• Exministro de Exteriores del Perú








