Entrevistado por Toufiq Slimani
Con la investidura de Donald Trump, presidente de EEUU, y las grandes transformaciones y turbulencias tanto a nivel regional como internacional, la evolución del conflicto del Sahara exige un análisis especial. No se puede pensar en la investidura del presidente electo estadounidense, Donald Trump, sin volver a hablar sobre la cuestión del Sahara. Trump acabó sus últimos días en la Casa Blanca, en su primer mandato, reconociendo la marroquinidad del Sahara. Después, llegaron otros apoyos y reconocimientos desde Alemania, España, Francia y muchos países africanos y latinoamericanos. Un nuevo capítulo se abrió en dosier del Sahara en 2020 y ahora todos los marroquíes y amigos de Marruecos esperan que se cierre de la mejor manera. Hoy lunes Trump arrancó su segundo mandato y se espera que trabaje para poner fin a este conflicto artificial.
Ante este momento especial por sus repercusiones y consecuencias enormes en el mundo, hemos decidido entrevistar a Miguel Ángel Rodríguez Mackay, internacionalista y exministro del Perú, sobre el conflicto del Sahara en el tablero geopolítico de 2025, el secreto del éxito de la diplomacia marroquí, la nueva dinámica respecto a la tesis marroquí basada en el Plan de Autonomía y el papel negativo y obstruccionista de Argelia. En esta primera parte de la entrevista concedida por Mackay a Mares30, abordamos la razón por la cual Argelia pone la piedra en el zapato marroquí. Y terminamos la primera parte con una pregunta sobre el impacto de la llegada de Trump al Poder en la cuestión del Sahara.
Mackay es una de las mentes brillantes y pensantes de América Latina. Fue ministro de Exteriores del Perú en 2022 en el Ejecutivo del expresidente Pedro Castillo. Su primera decisión como ministro fue la de romper con el Polisario y recuperar la armonía diplomática con Marruecos. Vamos a poner el conflicto del Sáhara bajo la lupa de un experimentado analista y un hombre de Estado comprometido con el derecho internacional, la soberanía y la integridad territorial de los países.
Señor ministro, ¿cómo enfoca y ve a Marruecos en el tablero geopolítico regional y mundial en 2025?
Lo veo como un país cada vez más poderoso en el continente africano y cada vez más empoderado en el mundo. Esto que le digo no es una impresión circunstancial, sino, la consecuencia de un proceso profundo y de Estado para lograr una ubicación relevante en el sistema regional e internacional.
Marruecos no tiene nada de Estado periférico de las relaciones internacionales y más bien tiene mucho de un país emergente en el sistema internacional africano y mundial. Nada de lo que ha conseguido Marruecos es producto de las circunstancias o de la casualidad.
El Reino, con su monarca a la cabeza, ha sabido planear en el tiempo el presente, y sin que hoy vean todos los frutos de su prospectiva nacional, estoy convencido que se trata de un país que tiene muy claro lo que quiere para el futuro. Mirarse en perspectiva ha sido para Marruecos lo más trascendente y por eso todos los cambios en el frente interno marroquí en términos de infraestructura y de gobernabilidad, le han permitido a Marruecos ganar autoridad y prestigio. Esto último es lo que explica la enorme eficacia de sus resultados diplomáticos en el tema de su soberanía sobre el Sáhara Occidental.
Habría sido muy difícil contar con una respuesta positiva de la comunidad internacional traducida en adhesiones masivas sobre su referida indiscutible soberanía sobre el Sáhara si no hubiera construido su reconocido prestigio y reputación internacional a partir de su coherente y muy bien planificado proceso nacional.
En la comunidad internacional los países se vuelven creíbles y confiables cuando revelan su profundo compromiso por su propio frente interno traducido en un profundo respeto por el desarrollo de sus pueblos. Cómo no va a ser creíble y confiable Marruecos si se ha preocupado por una política de Estado para transformar el desierto del Sáhara en un espacio realmente lleno de modernidad y de desarrollo para su población saharaui que asienten libre y voluntariamente su completa identificación con Marruecos, su patria histórica y de siempre.
Usted calificó el crecimiento de Marruecos de imparable. También dice que Marruecos ha comenzado a desbancar a Sudáfrica. ¿Desde América Latina y el Perú, y para usted, cuál es el secreto del éxito de Marruecos en las últimas décadas?
La unidad nacional marroquí que el rey Mohamed VI ha sabido transmitir como la razón de ser del Estado, ha sido lo más trascendente. El pueblo ha sabido sintonizar con el llamado de su monarca hacia el camino de su crecimiento y desarrollo. Se lo digo porque en los países donde se viven pugnas internas permanentes es muy difícil construir el futuro con un solo libreto.
Mi país, el Perú, que quiero tanto, vive sumido en una polarización política y una fractura histórica que no nos permite planear nuestro futuro, teniendo enormes potenciales.
Marruecos sabe lo que quiere y su Rey se ha encargado de transmitirlo a todo su pueblo y eso es admirable, tanto por la claridad del monarca dotado de indiscutible liderazgo como por la respuesta de su pueblo. Se lo voy a decir de otra manera: Todo Marruecos tiene como esencia de su existencia nacional su integridad territorial y sus habitantes lo tienen muy arraigado desde la infancia.
Solo así se explica el fenómeno nacional admirable de la respuesta del pueblo de Marruecos ante el llamado de su monarca Hassan II, padre de Mohamed VI, para consumar la denominada Marcha Verde. A nadie se lo obligó a hacerlo. Allí está la magia de un país donde todos tienen muy claro su pasado, presente y futuro.
¿A la luz de lo anterior, podemos decir que Marruecos ya ha zanjado de una vez el conflicto del Sáhara y que la caída total del Polisario es una cuestión de tiempo?
Yo diría con absoluta confianza y sin triunfalismos que Marruecos ha sabido ganarse de los africanos y del mundo la calidad de país creíble respecto de su causa nacional porque ha sabido demostrar la única verdad que cuenta, es decir, su indiscutible soberanía sobre el Sáhara Occidental, y esa realidad se ha traducido en el reconocimiento por parte de muchos países del globo de su referida soberanía, así como en el asentimiento mayoritario de las naciones de su propuesta de autonomía sobre el Sáhara marroquí, que fuera presentada por el rey Mohamed VI a las Naciones Unidas en 2007; lo anterior no significa que Marruecos ande con una venda en los ojos, y por eso le digo que precisamente lo que más me ha llamado la atención de la diplomacia marroquí es el realismo con el que encara el asunto del Sáhara siendo consciente que aun cuando ya ha recibido el abrumador espaldarazo internacional por su causa de soberanía sobre el Sáhara, todavía cuenta un obstáculo, el de Argelia, aunque debo decirle que, a estas alturas, ya es un óbice debilitado en África y por supuesto en el mundo.
¿Por qué Argelia insiste en poner la piedra en el zapato marroquí? ¿Argelia solo quiere impedir el avance de Marruecos o tiene otros propósitos y planes?
El problema de Argelia es su régimen, sus autoridades, que, por cincuenta años, no se ha decidido por aceptar la única realidad geopolítica posible. También se lo voy a decir de otra manera: No hay forma o no es posible que Argelia sea un país Atlántico y por tanto no es posible que pueda contar con una salida hacia el Atlántico como la pretendió desde que le cambió el rumbo al Polisario, totalmente dominado y dependiente de sus caprichos pues si bien el Polisario surgió esencialmente contra la ocupación española desde la causa de Marruecos, de pronto en los años setenta se volvió contra la propia integridad territorial de Marruecos, cayendo completamente en el juego de Argelia, y juntos, en medio de ese artificio, crearon irresponsablemente a la ficticia “República Árabe Saharaui Democrática” – la RASD, que diré casi como letanía, que no existe para el derecho internacional y la mejor prueba es que no está reconocida por las Naciones Unidas porque sencillamente no tiene existencia jurídica.
A Argelia le cuesta aceptar su realidad geopolítica desventajosa respecto de Marruecos. Su intransigencia no ha tenido límites y por eso armó todo el problema del Sáhara Occidental que nunca fue un problema pues las poblaciones saharauis siempre han mantenido y conservado su vinculación con el Sultán de Marruecos, asintiendo voluntaria y libremente su adhesión por subordinación al Reino.
Argelia se puso en el camino para conspirar contra la historia de esa vinculación y por eso, desde mi perspectiva, es el principal responsable del problema. Lo ató hace 50 años y deberá desatarlo, y por eso la reciente Resolución 2756 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que prácticamente lo ha conminado a sentarse en una mesa para aceptar con sensatez la única realidad que corresponde, es decir, aceptar la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental.
Argelia no aprende de sus errores. Rompió con España tras el apoyo de Madrid al Plan de Autonomía, luego hizo lo mismo con Francia. No lo pudo hacer con Estados Unidos y Alemania. ¿Hay alguna esperanza de que Argelia siente razón y cambie su postura hacia Marruecos?
Argelia está pasando por uno de sus momentos más críticos ante la comunidad internacional. Se pelea con todo el mundo y experimenta una de las mayores desgracias para un Estado: el aislamiento.
Argelia se está convirtiendo, por sus propios caprichos y por su actitud recalcitrante en el tema del Sáhara marroquí, en un Estado paria y como experto en derecho internacional y en relaciones internacionales, le advierto que eso es muy malo para los intereses nacionales de todos los argelinos.
Ha sido un desatino completo pelearse con España y con Francia, los dos países que precisamente han tenido que ver directamente en la historia de Marruecos durante el siglo XX, principalmente, y que han adoptado una posición de Estado responsable y coherente, reconociendo la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. Más evidencia que las posiciones de Madrid y París no puede haber en el sistema internacional y ante ello, Argelia lamentablemente ha preferido una postura reactiva y nada inteligente.
Es tiempo de que Argelia asiente cabeza, renuncie a sus febriles intenciones sobre los fosfatos hallados en el Sáhara marroquí y de querer salir a cualquier precio hacia el Atlántico, valiéndose de una pseudo y títere entidad como es el caso de la RASD, que realmente no tiene pies ni cabeza.
En el siglo XXI el derecho internacional exige de los Estados coherencia y sensatez y eso es lo que se espera de Argelia que, habiéndose distanciado de España y Francia, ha sabido cuidarse con Estados Unidos, eso es verdad.
¿Podría la llegada de Donald Trump a La Casa Blanca acelerar la consolidación del Plan de Autonomía y el desplome del Polisario?
Le agradezco esta pregunta porque me permite desarrollar un poco más la última parte de la pregunta anterior. Vea usted. Estados Unidos es el hegemón del mundo, y si esa realidad no es comprendida por Estados como Argelia, entonces, algo profundamente serio está pasando al interior de este país.
El régimen argelino debe ser consciente que no estamos viviendo el mundo bipolar o el mundo de la Guerra Fría del pasado. En el globo ya acabaron los bloques ideológicos capitalista y comunista. A Donald Trump, que asumirá su segundo mandato en breve, se lo verá extraordinariamente pragmático en política internacional y Argelia debe ser consciente de ello, recordando que fue precisamente Trump quien reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y que aplaudió la propuesta de autonomía para el Sáhara presentada a la ONU.
Creo que Trump ahora irá a fondo para acabar este capítulo realmente absurdo en el Magreb, precisamente creado en forma irresponsable por Argelia, a cuyo régimen no veo disparándose a los pies, y como le dije inicialmente, actuando en contra de los intereses de todos los argelinos.
Trump ha llegado al poder para acabar los conflictos y resolverá con Vladimir Putin ponerle coto a la guerra con Ucrania. Argelia no tendrá otro camino que sumarse a la lógica de las nuevas alianzas por la paz y la estabilidad en diversas partes del mundo así que no deberá esperanzarse en que Moscú será el mismo Moscú del pasado. Las fichas han cambiado y por tanto el ajedrez internacional no está del lado de una Argelia recalcitrante.
Si Argelia no cambia, el mundo terminará dándole la espalda y ante ese escenario no me imagino cómo podría desencadenarse el frente interno argelino. Pero si Argelia cambia, tiene todo el derecho de contar con el apoyo de la comunidad internacional, comenzando por el propio Marruecos, que ha tenido una probada política exterior de apertura, solidaridad y buena vecindad en la región del Magreb y en todo África, y desde luego de interacciones recíprocas con otros espacios del mundo.








