La tensión diplomática entre Malí y Argelia alcanzó un nuevo nivel en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El representante permanente de Malí tomó la palabra para responder a las “invectivas personales y condescendientes” del ministro argelino de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, a quien acusó de utilizar un lenguaje ofensivo contra el nuevo mandatario maliense.
En un discurso firme, la delegación de Bamako subrayó que no suele ejercer su derecho de réplica, pero que las acusaciones “groseras y al límite de la decencia” provenientes de Argel exigían una rectificación pública. Según Malí, las actuales tensiones bilaterales tienen su raíz en “las injerencias intempestivas e inaceptables del régimen argelino en los asuntos internos malienses”, recordando que el pueblo maliense “ha decidido tomar en sus manos su destino y su proceso de paz”.
El incidente del dron
El centro del conflicto reciente es la destrucción de un dron maliense de reconocimiento, abatido entre el 31 de marzo y el 1 de abril de 2025. Argelia reivindicó el derribo alegando que el aparato violó su espacio aéreo, pero Bamako sostiene que las investigaciones científicas demuestran lo contrario: el dron nunca abandonó el cielo maliense y sus restos fueron hallados a 9,5 km de la frontera.
“Las leyes básicas de la física demuestran que es imposible que los restos se hallaran en nuestro territorio si hubiera sido derribado en Argelia”, defendió el delegado maliense, añadiendo que el silencio de Argelia y su negativa a cooperar son prueba de una acción hostil deliberada.
Acusaciones de apoyo a las grupos terroristas
La declaración maliense fue más allá del incidente técnico y acusó a Argelia de “patrocinar el terrorismo internacional en Malí y en el Sahel”, al señalar que la destrucción del dron buscaba impedir operaciones contra líderes extremistas. En palabras del diplomático, se trata de un “acto de agresión inédito” en la historia de las relaciones bilaterales.
Ante este escenario, el Gobierno de Malí anunció que presentó una demanda ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para que se pronuncie sobre el caso. Bamako lamentó que Argel haya rechazado la competencia del tribunal, lo que, según Malí, constituye “una confesión de culpabilidad y un desprecio por la legalidad internacional”.
Un eco que trasciende la frontera
La acusación maliense de apoyo argelino al terrorismo resuena con fuerza en la región. Ya es conocida la instrumentalización argelina de grupos armados y separatistas para desestabilizar a los países vecinos.
La denuncia maliense confirma lo que Rabat viene alertando desde hace décadas: el papel ambiguo de Argelia en la seguridad regional y su respaldo directo o indirecto a organizaciones, como las milicias del Polisario, que amenazan la estabilidad en el Magreb y el Sahel.
El delegado de Bamako cerró su intervención instando a Argelia a “cambiar de enfoque, mejorar sus relaciones de buena vecindad y trabajar sinceramente por la estabilidad y la seguridad colectiva”, advirtiendo al mismo tiempo que Malí “no escatimará esfuerzos para defender su territorio nacional y proteger a su pueblo”.









