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Manuel Feria García, profesor y traductor-intérprete de Lengua Árabe : “Los españoles no distinguen con claridad entre «árabe» e «islámico»”

Mares 30 - febrero 7, 2026

Entrevistado por Mohamed Charbi

 

Manuel Carmelo Feria García es Doctor en Traducción e Interpretación por la Universidad de Málaga (España). Profesor titular del Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada (España). Ha sido profesor invitado o visitante  en diversas universidades del mundo: Escuela de Traducción de Toledo (España), Escuela Superior Rey Fahd de Traducción (Tánger, Marruecos), Universidad Sidi Mohamed Ben Abdellah (Fez, Marruecos), Instituto de Estudios Internacionales de Monterey (California, EE. UU.), Universidad de York (Reino Unido), Universidad Autónoma de Madrid (España), Universidad de Alcalá de Henares (España), Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Centro Nacional de Inteligencia (CNI), entre otras.

 

Manuel Feria prestó servicios como intérprete judicial (árabe-español) en la Audiencia Provincial de Málaga (España).  Tradujo varios libros del árabe y del inglés al español, entre ellos «Los árabes ante la tradición (Nahnu wa-l-turath)», del filósofo marroquí Muhammad Abid al-Jabri y la novela «Memoria para el olvido» del escritor palestino Mahmud Darwich.

 

En 2014 fue seleccionado como miembro del jurado del Premio Nacional de Traducción de España.

 

Desde 2009, Manuel Feria ha sido traductor temporal y por contrato para la Sección Española de la Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra.

 

Es autor de varios libros y más de treinta artículos. Disfrutó especialmente escribiendo su Diccionario de términos jurídicos árabe-español (Ed. Ariel, Barcelona, ​​2006), el primer diccionario de terminología jurídica del árabe al español, y Los traductores de árabe del Estado español. Del Protectorado a nuestros días (Ed. Bellaterra, Barcelona, 2012) -en coautoría con el Dr. Juan Pablo Arias Torres-, entre otros muchos trabajos.

 

En esta entrevista concedida al diario Mares30, el Dr. Manuel Feria habla sobre varias cuestiones de sumo interés: sus primeros contactos con la lengua árabe, la imagen de lo árabe y lo islámico en España, el legado filosófico árabe, traducción e interpretación, Marruecos, etc.

 

– Usted es Doctor en Traducción e Interpretación por la Universidad de Málaga (España). Es traductor-intérprete de Lengua Árabe. Háblenos un poco sobre sus primeros contactos con la lengua árabe. 

– Yo comencé a estudiar árabe siendo adolescente. Mi padre se había convertido al Islam. Me dijo que en la mezquita había un imam joven venido para el ramadán (entonces, en Málaga, apenas había musulmanes). Añadió que el muchacho hablaba inglés y quería aprender algo de español: podíamos hacer un intercambio, y él me enseñaría árabe. Acepté, y me gustó. Después me apunté en la Escuela de Idiomas de Málaga y allí cursé un año de árabe.

 

Ya en la universidad, me matriculé en Filosofía, pero como quería continuar estudiando árabe, me matriculé también en Filología. Al final dejé Filosofía y continué en Granada mis estudios de Filología Árabe. Al concluir encontré trabajo como intérprete y poco a poco la vida me ha llevado a esto.

 

– ¿Qué podría decirnos sobre el interés en España por  la traducción (árabe/español-español/arabe)?

– Nada ha cambiado, ni podría cambiar, de manera tan sustancial como para que en España dejara de haber interés por la lengua árabe y la traducción del árabe.

 

Para empezar, es una cuestión de Estado. En definitiva, sí, claro, creo que hay interés en España por esas cuestiones.

 

– ¿Cómo es la imagen de lo árabe y lo islámico en España?

– No creo que se pueda responder a esa pregunta con facilidad; para empezar, porque no creo que exista en España una sola imagen de lo árabe y lo islámico. No sé. Quizás, resumiendo muchísimo, podría decir que en general en España se observa una disociación relativa entre el pasado árabe de la Península y el presente árabe de los Estados vecinos y los inmigrantes.

 

También creo que, por influencia magrebí, los españoles no distinguen con claridad entre “árabe” e “islámico”: les sorprende que haya árabes cristianos, por ejemplo.

 

– ¿Cuáles son los desafíos que plantea la traducción de textos jurídicos procedentes de Estados islámicos y escritos en árabe?

– En general, creo que son los mismos desafíos que presenta la traducción jurídica en general.

 

Si nos centramos única y exclusivamente en los textos sobre derecho de familia (porque textos jurídicos procedentes de Estados constitucionalmente islámicos hay de muchos tipos, algunos en realidad traducciones al árabe de originales en francés), yo diría que quizás la única diferencia es que hay conceptos que no encontraremos en textos paralelos en español y que deben ser traducidos mediante giros explicativos.

 

– En la época de la Escuela de Traductores de Toledo se dio mucha importancia a la traducción como puente cultural. ¿Cómo influyó esto en el ámbito de traducción en España en particular y en el mundo en general? 

– Ese fenómeno convirtió a la Península Ibérica en un puente cultural a través de la traducción.

 

Para España, ya es historia. Respecto al mundo en general, es bien conocido que esas traducciones dieron impulso a la ciencia y el pensamiento europeos y constituyeron un paso previo a la que se conoce como “Renacimiento”.

 

– ¿Qué podría decirnos sobre el legado filosófico árabe (Alfarabi, Avicena, Avempace, Averroes, Abenjaldún, etc.)?

– El legado filosófico árabe es parte de la cultura común compartida en todo el Mediterráneo y el mundo “occidental”. No existe una cultura judeo-cristiana y una cultura islámica: es la misma. Siempre hemos sido una unidad cultural.

 

El legado filosófico árabe, por tanto, es un legado común a árabes y europeos. Averroes, Abenarabí o Algazali forman parte del legado cultural común de árabes y europeos, del mismo modo que Aristóteles.

 

– Háblenos un poco sobre los moriscos y el uso de la aljamía.

– Los moriscos eran personas que, por circunstancias, vivieron una ocupación extranjera empeñada en acabar con sus peculiaridades culturales.

 

En ocasiones, aunque escribieran sus textos en castellano o catalán, lo hacían con grafía árabe. Esos textos se conocen como “aljamiado”.

 

No es un fenómeno tan raro, y desde luego no es exclusivo de la Península Ibérica: escritura aljamiada ha habido incluso en la China.

 

– Usted ha traducido algunas obras literarias del árabe al español, como por ejemplo la novela «Memoria para el olvido» del escritor palestino Mahmud Darwich. ¿Todavía hay interés en España por la literatura árabe? 

– Lo hay, de igual modo que lo hubo en el siglo XX, pero en cualquier caso ese interés no es comparable al que existe por otras literaturas más hegemónicas, en particular por la literatura anglosajona.

 

No es un caso exclusivo del árabe: ninguna literatura del mundo genera actualmente el interés en otras culturas que genera la literatura anglosajona. Se llama “hegemonía cultural”, ¿verdad?

 

En cualquier caso, sí hay un aspecto de la realidad actual que justifica que diga usted “todavía”: prácticamente nadie lee literatura, ni árabe, ni ninguna otra. Hoy domina lo audiovisual.

 

– ¿Cómo ve el futuro de la Traducción en España?

– El futuro de la traducción, en España como en el resto del mundo, es muy incierto debido a las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. La profesión evoluciona a un ritmo increíble.

 

– ¿Cómo ve las relaciones culturales entre Marruecos y España?

– Las relaciones culturales entre España y Marruecos son escasas, muy escasas.

 

– ¿Qué papel pueden desempeñar los arabistas y traductores españoles para tender puentes entre la Península Ibérica y el mundo árabe-islámico y eliminar estereotipos y prejuicios? 

– Pues supongo que deben desempeñar en ese sentido todo el papel que se les permita.

En cualquier caso, un papel escaso si se compara con el papel que desempeñan los medios de comunicación y las producciones audiovisuales.

 

– Usted ha sido profesor visitante en algunas universidades marroquíes: Escuela Superior Rey Fahd de Traducción de Tánger (de la Universidad Abdelmalek Essaadi) y la Universidad Sidi Mohamed Ben Abdellah de Fez. Háblenos sobre esta experiencia. 

– Una experiencia muy bonita y muy reveladora. Para mí, es un placer impartir clase a los alumnos marroquíes. Siempre me he sentido muy respetado entre ellos.

 

– ¿Cuántas veces ha visitado Marruecos? ¿Cómo lo ve?

– Nunca he vivido largas temporadas en Marruecos, pero lo he visitado infinidad de veces. Hablando árabe tengo un acento marroquí evidente.

 

Sin embargo, en un cierto momento de mi vida, por diversas circunstancias personales, dejé de ir. He tardado casi veinte años en volver. Cuando he vuelto he encontrado un país que había cambiado muchísimo: en el aspecto económico, sin duda para mejor; en otros aspectos, como en el resto del mundo, ha sucumbido bastante a la globalización. El Tánger que yo conocía ya no existe: me estoy haciendo viejo.

 

– Por último, ¿Qué mensaje(s) quiere transmitir a los lectores españoles y árabes?

– Pues quisiera transmitirles el mismo mensaje que Bertrand Russell quiso transmitir a las generaciones futuras:

 

«Me gustaría decirles dos cosas, una intelectual y otra moral.

 

Desde el punto de vista intelectual, me gustaría decir lo siguiente: cuando estás estudiando cualquier materia o considerando cualquier filosofía, pregúntate solamente cuáles son los hechos y cuál es la verdad que esos hechos muestran. Nunca te dejes influenciar por lo que tu deseas o por lo que crees, o por lo que crees que traería más beneficios sociales. Toma en cuenta única y solamente los hechos. Eso es el asunto intelectual que tengo que decir.

 

En cuanto a lo moral que tengo que decir es muy sencillo… debo decir que el amor es sabio y el odio es una tontería. En este mundo en que nos estamos interconectando más y más cercanamente debemos aprender a tolerarnos los unos a los otros, tenemos que aprender a aguantar el hecho de que algunas personas dirán cosas que no nos gustarán. Sólo podemos vivir juntos de esa manera, y si queremos vivir juntos -y no morir juntos- tenemos que aprender esa especie de caridad y tolerancia que es absolutamente vital para la continuación de la vida en este planeta».

 

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