Safia Abahaj*
En los últimos años, la cuestión del Sáhara Marroquí ha dejado de ser un conflicto congelado en el tiempo para convertirse en un asunto central en la diplomacia internacional. Marruecos, con una estrategia diplomática coherente, pragmática y persistente, ha conseguido un respaldo internacional sin precedentes a su propuesta de autonomía, presentada en 2007 ante las Naciones Unidas. Esta iniciativa, calificada como «seria, creíble y realista» por el Consejo de Seguridad en múltiples resoluciones, ha ganado fuerza como la única vía viable para lograr una solución duradera y mutuamente aceptada al conflicto del Sáhara.
«La propuesta de autonomía de Marruecos es hoy un referente diplomático, reconocida por potencias globales como la solución más sensata y pacífica para el conflicto del Sáhara.»
Reconocimientos recientes: una dinámica ascendente
La dinámica internacional ha cambiado de forma significativa. En los últimos meses, varios países europeos y africanos han ajustado o reafirmado públicamente su respaldo a la iniciativa marroquí. Alemania, por ejemplo, emitió en febrero de 2024 una declaración conjunta con Marruecos reafirmando que el Plan de Autonomía es una base válida para la solución. Austria y Hungría han expresado su apoyo directo en visitas diplomáticas recientes. Chipre, Rumanía, Serbia y Eslovaquia también han manifestado públicamente su simpatía por la postura marroquí.
A esto se suma el continuo apoyo de Estados Unidos, que desde la proclamación de 2020 mantiene el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara, ratificado en abril de 2025 por el portavoz del Departamento de Estado. España, país clave por su pasado colonial, reafirmó en abril de 2025, en una declaración conjunta con Nasser Bourita, su apoyo al plan marroquí como “la base más seria, realista y creíble para la resolución del conflicto”. Francia, aunque más cauta, ha dado señales claras de alineamiento con esta visión, especialmente en el marco de su cooperación antiterrorista y energética con Marruecos.
«El consenso internacional no es una coincidencia, sino el resultado de una diplomacia constante, coherente y basada en hechos: Marruecos invierte, desarrolla e integra su Sáhara.»
El papel de Mohamed VI y Nasser Bourita: diplomacia de altura
La figura del Rey Mohamed VI ha sido determinante. Bajo su liderazgo, Marruecos ha articulado una política exterior basada en la estabilidad, el desarrollo y la integración regional. El monarca ha situado la cuestión del Sáhara como prioridad estratégica del Reino, incorporándola como eje de su discurso de Trono año tras año y como principio rector de su acción exterior.
Su confianza en Nasser Bourita, actual Ministro de Asuntos Exteriores, ha sido también clave. Bourita ha liderado una diplomacia moderna, directa y profesional, llevando la causa del Sáhara marroquí a las capitales de África, Europa, Asia y América Latina. En foros como la ONU, la UA y el Parlamento Europeo, ha desmontado con datos y argumentos las campañas del Polisario y ha fortalecido la imagen de Marruecos como país estable, dialogante y con propuestas viables.
«La diplomacia marroquí no reacciona: lidera. Y en el Sáhara, Marruecos ya no está solo. Está acompañado por la legitimidad y el respaldo de la comunidad internacional.»
El rol de Naciones Unidas: mediación con directrices claras
La ONU, a través de la MINURSO y de los enviados especiales —el actual, Staffan de Mistura—, mantiene su papel de facilitador. Aunque no impone soluciones, sí ha marcado directrices claras en sus resoluciones. Desde 2007, todas las resoluciones del Consejo de Seguridad insisten en “una solución política, realista, pragmática y duradera”, lo que constituye un respaldo implícito a la propuesta de autonomía marroquí.
Sin embargo, la parálisis del Frente Polisario, que rechaza cualquier propuesta que no sea un referéndum ya inviable en términos logísticos y políticos, ha limitado los avances. La ONU ha reconocido la necesidad de romper el statu quo, y Marruecos ha sido el único actor en presentar una alternativa concreta y detallada, en línea con el derecho internacional y con las recomendaciones del Consejo de Seguridad.
«La ONU no impone: orienta. Y hoy, la orientación es clara: apoyar el camino que garantice estabilidad, desarrollo y respeto a la soberanía.»
Marruecos en el escenario global: una potencia regional confiable
Más allá del Sáhara, Marruecos se ha consolidado como un actor estratégico. Lidera proyectos pioneros en energías renovables, como la planta solar Noor Ouarzazate, ha sido sede de foros internacionales como la COP22 y actúa como mediador regional en conflictos africanos. Su estabilidad institucional, la modernización de sus infraestructuras y su lucha efectiva contra el extremismo lo posicionan como un socio clave para Europa y Estados Unidos.
La cuestión del Sáhara forma parte integral de este nuevo rol: no es un obstáculo, sino un elemento vertebrador de su política exterior. Marruecos defiende su unidad territorial al mismo tiempo que proyecta una visión de progreso compartido.
Perspectivas de futuro: autonomía, desarrollo y paz
La autonomía propuesta por Marruecos no es un simple marco simbólico. Es un sistema legal, político y económico con competencias reales para los habitantes del Sáhara, incluyendo parlamento regional, presupuesto autónomo y participación democrática. Las regiones del sur han sido integradas en el modelo de desarrollo nacional con inversiones que superan los 8.000 millones de euros en infraestructuras, educación, sanidad y energía.
Esto no solo beneficia a los saharauis, sino que convierte al Sáhara en un hub de desarrollo africano, con proyección hacia el Sahel y el Atlántico. La comunidad internacional, al respaldar esta propuesta, no solo apuesta por la resolución de un conflicto, sino por la transformación de una región entera.
«Donde hay inversión, hay compromiso. Donde hay autonomía, hay futuro. Y donde hay futuro, hay paz.»
Conclusión
Hoy el Sáhara marroquí no es solo una cuestión de soberanía, sino de visión de futuro. Marruecos ha ganado legitimidad con hechos, no con propaganda. Su propuesta de autonomía, respaldada por decenas de países y refrendada por organismos internacionales, representa una salida honorable, justa y beneficiosa para todos.
La diplomacia inteligente, el liderazgo del Rey Mohamed VI y la coherencia de la acción exterior marroquí han colocado al Reino en una posición de fuerza política y moral incuestionable.
«Cuando una nación camina con firmeza hacia sus sueños, ni la duda ni la mentira pueden detenerla. Marruecos ya ha elegido su camino. Y el mundo lo está siguiendo.»
Activista saharui*










