Sara Bouchtarouif
El fotógrafo y periodista Alfredo Cáliz ha vuelto a poner Marruecos en el centro del debate cultural e histórico español. Lo ha hecho desde la librería Txalaparta de Pamplona, donde el pasado viernes presentó su libro Fotografía del desastre, un experimento literario que cruza el relato personal, la memoria familiar y las heridas aún abiertas del pasado colonial español en el norte de África.
En su primer libro escrito —tras más de 30 años de trayectoria en el fotoperiodismo—, Cáliz se adentra en un ejercicio introspectivo que nace de una frase escuchada en su infancia: “Tu abuelo llevó a cuestas a Franco”. Desde ahí, el relato se expande hacia la guerra del Rif, el desembarco de Alhucemas, el desastre de Annual y, con ellos, las consecuencias que estos episodios tuvieron sobre la historia reciente de España y su relación con Marruecos.
“Todo lo que ha hecho España en Marruecos desde que se declaró el Protectorado ha sido una chapuza con enormes repercusiones”, afirma el autor en una entrevista concedida al Diario de Noticias de Navarra, a cargo de Paula Etxeberria Cayuela.
Lejos de ser un simple libro de fotografías, Fotografía del desastre es una crónica en la que predomina la palabra. Es, sobre todo, un intento por comprender —y perdonar— no solo los desastres históricos, sino también los familiares: la figura del padre ausente, el peso del legado militar, la herencia emocional transmitida entre generaciones.
Para Cáliz, Marruecos no es solo un país vecino: es un reflejo de lo que España ha intentado ignorar de sí misma. “Hemos construido una visión de Marruecos como si fuera nuestro yo negativo”, señala. En su libro, el fotógrafo critica la negación de una parte esencial de la identidad peninsular: el legado árabe. “No hemos sabido habitar ese pasado. Eso forma parte del trauma español.”
Desde su pueblo cercano a Madrid, habitado por rifeños y descendientes de Alhucemas, el autor propone un acercamiento más humano y menos estereotipado. Recuerda cómo al principio de sus viajes buscaba la postal orientalista —zocos, tés, medinas—, pero solo cuando abandonó ese guion impuesto empezó a entender Marruecos.
El libro también ofrece una mirada crítica sobre el discurso bélico y los modelos masculinos que lo perpetúan. “He escrito este libro para mis hijos, para sanar ese linaje masculino —dice—. Porque el cambio no solo es femenino: también nos pertenece a los hombres.”
Fotografía del desastre es un viaje emocional e histórico por las carreteras de Marruecos y las memorias silenciadas del Rif. Es, a la vez, una llamada a la reconciliación: con el otro, con el pasado y con uno mismo.
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