El tren de las protestas juveniles en Marruecos se descarrila. Lo que arrancó el sábado pasado como protestas de la generación Z, se ha convertido en violencia. En este contexto, fuentes de la Wilaya de la región Oriental desmintieron las informaciones que circulaban en redes sociales sobre la supuesta muerte de un joven durante la manifestación celebrada en Oujda el martes 30 de septiembre.
Según dichas fuentes, el manifestante resultó herido tras un accidente con un vehículo de las fuerzas del orden, con lesiones en las extremidades inferiores, pero su estado es estable y su vida no corre peligro. Actualmente se encuentra bajo seguimiento médico.
El episodio se inscribe en la ola de movilizaciones que desde hace varios días protagoniza la Generación Z en Marruecos, con protestas masivas en Rabat, Casablanca, Agadir, Tánger y otras ciudades del país. Los jóvenes reclaman reformas profundas en la salud pública, la educación y el empleo, denunciando que el gasto en estadios e infraestructuras deportivas —de cara a la organización del Mundial 2030— contrasta con hospitales saturados y escuelas con recursos insuficientes.
En varios puntos del país se han registrado enfrentamientos con la policía y decenas de detenciones, lo que ha despertado preocupación por el uso de la fuerza para dispersar las manifestaciones. Sin embargo, el gobierno aseguró que reconoce la legitimidad de las demandas y que está dispuesto a abrir un diálogo con los jóvenes.
Estás movilizaciones marcan un nuevo ciclo de protesta social en Marruecos, caracterizado por el liderazgo descentralizado y el papel central de las redes sociales en la organización.








