Desde el primer día, el sueño marroquí fue más grande que cualquier pronóstico. Desde el debut ante España hasta la final majestuosa contra Argentina, los “Leones del Atlas Sub-20” escribieron una historia de oro que ya forma parte de la leyenda del fútbol mundial.
Todo comenzó con una victoria contundente frente a España (2-0), seguida de un triunfo épico ante Brasil (2-1), antes de cerrar la fase de grupos con calma frente a México, ya con el boleto asegurado a octavos. En la siguiente ronda, Marruecos derrotó a Corea del Sur (2-1) con carácter y oficio, y en cuartos de final firmó una exhibición ante Estados Unidos (3-1), mostrando solidez, talento y una madurez táctica digna de campeones.
La semifinal contra Francia fue una batalla inolvidable: empate 1-1 en el tiempo reglamentario y victoria por penales (5-4) gracias a la actuación heroica del guardameta El Mesbahi, convertido ya en símbolo nacional.
Y llegó la gran final en Santiago de Chile. Enfrente, la poderosa Argentina —seis veces campeona del mundo en la categoría—. Pero Marruecos no se intimidó. Dos goles del incombustible Yassir Zabiri (minutos 12 y 29), el primero con un libre directo de ensueño y el segundo tras una asistencia mágica de Othmane Maamma, sellaron una noche para la eternidad.
El pitido final desató la locura. Lágrimas, abrazos y una emoción desbordante. Marruecos se coronaba campeón del mundo Sub-20, el primer país árabe en lograrlo.
Este triunfo es la culminación de un proyecto visionario impulsado por Su Majestad el Rey Mohammed VI, basado en la formación, la disciplina y la excelencia deportiva. Una generación dorada que ha puesto a Marruecos en la cima del planeta fútbol.
De Tánger a Dajla, de Fez a Casablanca, un solo grito recorre el país: “¡Dima Maghrib!”








