Sara Bouchtarouif
El gobierno mexicano, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, está tomando medidas para reforzar la relación con Estados Unidos antes de la llegada del segundo mandato de Donald Trump el 20 de enero.
El equipo de Sheinbaum trabaja en áreas clave que históricamente han sido sensibles para Washington: las aduanas, los consulados y la lucha contra el tráfico de fentanilo. Estos frentes han sido objeto de críticas y presiones por parte de Estados Unidos, sin importar la administración en turno.
Trump ha lanzado amenazas severas, como la posibilidad de deportaciones masivas y una revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC), además de un enfoque más agresivo en la lucha contra los cárteles mexicanos, a quienes podría considerar organizaciones terroristas. A pesar de esto, Sheinbaum ha optado por un tono firme, destacando que México no aceptará injerencias y mantendrá su soberanía, subrayando la necesidad de colaborar de manera respetuosa y autónoma con Estados Unidos.
En cuanto a las aduanas, México ha lanzado el «Operativo Limpieza» para evitar que productos chinos ingresen ilegalmente al país, especialmente a través de las zonas fronterizas, lo que podría afectar la relación comercial con EE. UU. También se está fortaleciendo la red de consulados mexicanos en Estados Unidos, donde se ha creado un sistema de alertas y se han contratado abogados especializados en migración para asistir a los mexicanos que enfrenten problemas legales debido a las políticas de Trump. Además, el gobierno mexicano está combatiendo el tráfico de fentanilo, con decomisos masivos de la droga y la detención de miles de personas vinculadas al narcotráfico, para demostrar su compromiso en la lucha contra el crimen organizado.
Sheinbaum, en un esfuerzo por mitigar los posibles conflictos con la administración de Trump, apuesta por un enfoque proactivo y soberano, buscando equilibrar la cooperación y la defensa de los intereses nacionales de México.









