Entrevistado por Toufiq Slimani
En el marco del Proyecto de la Primavera—Entrevistas primaverales con hispanistas marroquíes—, el diario Mares30 continúa publicando la conversación con Mohammed Benabdelkader (Tetuán, 1961), hispanista, investigador y exministro marroquí.
En esta sexta entrega (6/7), el análisis se centra en la evolución estructural del español en Marruecos, marcado por un declive relativo en el sistema educativo y en los espacios de poder, pese a su arraigo histórico, especialmente en el norte del país.
La lengua española, que cuenta con cerca de 1,75 millones de usuarios potenciales en Marruecos, ha perdido terreno frente al francés, consolidado como idioma de prestigio económico tras la etapa poscolonial, y frente al inglés, impulsado por la globalización tecnológica.
Este retroceso se explica, en parte, por la ausencia de una dinámica autónoma de promoción del español y por el vacío generado tras la ruptura administrativa y educativa en el norte, que permitió a las élites francófonas reforzar su hegemonía lingüística.
Causas del retroceso o estancamiento del español. ¿Cuáles son las principales razones históricas, políticas, educativas y culturales que explican la situación actual de la lengua española en Marruecos y su pérdida – o estancamiento— de peso relativo frente a otras lenguas extranjeras?
Para responder a esta pregunta es necesario operar una distinción fundamental entre dos dimensiones complementarias pero distintas: las dinámicas sociolingüísticas y las políticas lingüísticas. Las dinámicas sociolingüísticas se refieren a los movimientos de expansión, estabilización o declive de una lengua, permiten situar esta lengua en el mercado de las lenguas, es decir, el conjunto de usos, funciones y estatus que ocupa en la sociedad, puesto que una lengua puede ser nacional u oficial cuando sirve de vector oficial de administración, enseñanza y comunicación pública; minoritaria cuando es hablada por una comunidad específica, pero con visibilidad institucional limitada; primera lengua extranjera cuando está ligada a la historia colonial o a vínculos geopolíticos, y es enseñada o usada por élites o instituciones; segunda lengua extranjera cuando se adquiere por necesidades económicas, científicas o culturales, sin arraigo histórico. Esta tipología permite captar las fuerzas y debilidades de una lengua en el plano social: su atractivo, su tasa de adquisición por las diferentes generaciones, y su capacidad para resistir o adaptarse frente a otras lenguas concurrentes.
En cambio, la política lingüística, constituye el conjunto de disposiciones jurídicas y administrativas en materia de lengua implementadas por el poder político (a menudo el Estado) para regular y orientar estas dinámicas. Mediante estos instrumentos el Estado organiza, promueve o protege el plurilingüismo. Estas políticas pueden ser normativas, al fijar reglas de uso y estandarización promocionales, al apoyar la enseñanza y difusión de lenguas minoritarias o extranjeras, o protectoras, al asegurar la supervivencia de lenguas amenazadas por el declive o la marginalización.
La distinción entre estas dos esferas es crucial. Las dinámicas sociolingüísticas informan sobre lo que es, sobre la realidad empírica de las prácticas y la influencia de una lengua. Las políticas lingüísticas, ellas, traducen la voluntad institucional del Estado, a través de sus dispositivos jurídicos y administrativos, para orientar estas prácticas según objetivos de cohesión social, competitividad internacional o preservación cultural. Ignorar esta distinción lleva a menudo a confundir el estado real de una lengua con las intenciones promocionales estatales, lo que puede generar políticas ineficaces o inadaptadas.
Así, para analizar el rol y el devenir de la lengua española en un contexto marroquí plurilingüe, es indispensable separar claramente la observación de las dinámicas naturales de esta lengua y el análisis de los instrumentos jurídicos y administrativos por los cuales el Estado busca influirlas. Esta aproximación nos permite comprender mejor la posición real del español en el mercado lingüístico marroquí y concebir políticas lingüísticas más precisas y adaptadas a las realidades sociales y culturales de nuestra sociedad.
En este mismo sentido, cabe subrayar que la promoción y expansión de una lengua – su difusión, adopción y fortalecimiento en la sociedad – ocurre de forma autónoma en el marco de la dinámica sociolingüística, que supera el voluntarismo de la política lingüística pública. Aunque las intervenciones estatales (campañas de promoción o educación obligatoria) pretenden «salvar» idiomas, el destino total de una lengua (se vive, se expande o se muere) se define por procesos espontáneos de los hablantes, no por decretos. La UNESCO lo corrobora en sus informes Atlas de las lenguas en peligro y Las lenguas en peligro del mundo (ediciones 2010 y actualizadas), donde documenta que más de 3.000 lenguas están al borde de la extinción, no por falta de leyes, sino por la ausencia de transmisión generacional orgánica en contextos sociolingüísticos reales.
Recuerdo todo esto solo para subrayar que la vitalidad lingüística reside en la reproducción generacional espontánea, no en imposiciones estatales o políticas voluntaristas. El inglés se expandió globalmente por hegemonía cultural orgánica, no solo por políticas coloniales. El español en Marruecos se marginó por falta de esa dinámica autónoma, aunque representa un legado histórico y una lengua vecina, perdió terreno frente al francés (prestigio económico poscolonial) y al inglés (dominio tecnológico global), quedando relegado a nichos familiares sin arraigo generacional amplio.
Conviene destacar aquí, que el poder económico y tecnológico de una lengua forma parte integral de las dinámicas sociolingüísticas autónomas, actuando como motor orgánico de su promoción y expansión, más allá de políticas públicas voluntaristas. Una lengua gana poder económico cuando facilita comercio, inversiones y acceso a mercados, compartir idioma multiplica por cuatro los intercambios comerciales y por siete las inversiones extranjeras. Esto ocurre de forma autónoma mediante la demanda de hablantes en sectores globales, como el español en América Latina, que representa el 9% del PIB mundial y genera «premios salariales» del 10% en EE.UU. para sus usuarios.
Esta dinámica autónoma tanto económica como tecnológica, explica por qué intervenciones voluntaristas fallan si no se alinean con estos vectores económicos/tecnológicos. Por tanto, una lengua (como el inglés, francés o español) puede ser dominante como lengua extranjera mayor (LE1) en una sociedad a través de dinámicas sociolingüísticas autónomas, impulsadas por utilidad práctica, prestigio y exposición masiva, más que por políticas obligatorias solas.
En sociedades como Marruecos, el francés se impuso como LE1 por colonización y utilidad económica, hoy el inglés gana en las nuevas generaciones por tecnología y globalización, por tanto, podemos decir que las políticas lingüísticas y educativas ayudan, pero fallan cuando no se alinean a estas dinámicas.
¿Consideras que la dinámica sociolingüística en Marruecos está condenando definitivamente el español a un estancamiento duradero, o bien hay posibilidad de que se produzca en un futuro cercano la vitalidad necesaria para su promoción?
En el contexto actual, el español atraviesa en Marruecos un proceso de declive relativo, aunque mantiene una base histórica sólida (especialmente en el norte) y cuenta con unos 1,75 millones de usuarios potenciales (el 4,76% de la población), ha dejado de ser la segunda lengua extranjera por delante del inglés y ha perdido protagonismo en el sistema educativo frente al francés y, cada vez más, al inglés. El Censo General de Población y Vivienda (RGPH) de 2024 de Marruecos presenta datos estadísticos detallados bastante significativos en este contexto, muy especialmente sobre las lenguas habladas (lenguas locales utilizadas a diario), las lenguas maternas y las lenguas leídas/escritas. En cuanto a las lenguas leídas y escritas (entre la población alfabetizada de 10 años o más): el árabe representa el 99,2 %, el amazigh (en tifinagh): 1,5 %., el francés: 57,7 %, el inglés: 20,5 %, mientras que el español solo representa el 1,2 % de lectoescrituras, por tanto puede difícilmente competir en el ámbito de la lectura y la escritura con otras lenguas, lo que indica que el español no solo está estancado, sino que ocupa un rincón muy reducido dentro del sistema de lenguas de acceso a la información. En este sentido, hablar de “declive” ya no es una hipótesis ingenua, sino una lectura lógica de la estadística.
Conviene subrayar que este declive del español en Marruecos, no es un proceso espontáneo ni fortuito, sino el resultado de una combinación de factores históricos, políticos, educativos y socioculturales que se han ido reforzando a lo largo de décadas. Aunque el censo RGPH 2024 solo ofrece una instantánea cuantitativa de la situación actual, esa caída a apenas un 1,2% de lectoescrituras se explica por una serie de decisiones y dinámicas profundas cuya complejidad exige ser sintetizada en unas razones históricas y sociopolíticas de trazo claro y conciso.
Respecto a razones históricas, habrá que destacar la particularidad de un protectorado fragmentado y una descolonización incompleta, puesto que el protectorado español (1912-1956) cubrió solo las zonas del norte y el sur, mientras que la zona central estaba bajo protectorado francés. Al independizarse en 1956, el Estado marroquí unificó el territorio bajo una política de arabización intensa, pero la herencia cultural y lingüística española quedó confinada geográficamente al norte, sin penetrar en el resto del país. El vacío post-colonial que se creó en el norte mediante una ruptura administrativa y educativa lo aprovecharon las élites francófonas para consolidar el francés como lengua de poder y de modernidad.
En las razones sociopolíticas, se destacan dos elementos clave, la generalización del francés como LE1 y el giro más tarde hacia el inglés. Desde los primeros años de la independencia se estableció un bilingüismo oficial de facto, el gobierno marroquí aplicó una política de «doble rasero»: arabización oficial para la identidad nacional, pero francización implícita en la administración, la diplomacia y la economía. El francés se convirtió en la lengua de las élites económicas y culturales, marginando al español como lengua de vecindad. En la última década se produjo un giro geopolítico hacia el inglés, Marruecos reoriento su estrategia educativa. con la introducción obligatoria del inglés en la secundaria y su uso como lengua vehicular en materias científicas para el curso 2027-2028, desplazando tanto al francés como al español. Una encuesta del British Council (2021) mostró que el 40% de los marroquíes considera el inglés la lengua más importante a aprender, frente al 10% para el francés y un porcentaje aún menor para el español.
La pérdida de peso relativo del español no es un fenómeno accidental, sino el resultado de una convergencia de factores: una política educativa marroquí que priorizó el francés durante 60 años y ahora apuesta ambiciosamente por el inglés, una modesta apuesta estratégica de la cooperación cultural española, y una percepción social que vincula el español a un ámbito geográfico (el norte) y a sectores económicos de menor valor añadido.
¿No hubiera sido posible que las autoridades marroquíes mantuviesen al mismo nivel el francés y el español? ¿Era necesario para reunificar el país en la independencia mantener solo el francés como primera lengua extranjera en el sistema educativo?
Tal vez no era estrictamente necesario sacrificar al español para mantener al francés, pero lo que paso es que se trató más bien de una elección política deliberada, que se enmarca perfectamente en la razón de Estado, que exigía una estrategia pragmática de unificación nacional mediante la consolidación de un modelo lingüístico y administrativo centrado en el francés. Yo entiendo que el Estado marroquí en aquellos anos carecía de los recursos humanos y financieros necesarios para sostener simultáneamente dos sistemas educativos y administrativos diferenciados: uno organizado en torno a un bilingüismo árabe-español en el norte y otro en un bilingüismo árabe-francés en el resto del territorio. Este esquema de coexistencia entre el francés y el español quizás no representaba una imposibilidad técnica, pero ciertamente constituía una opción poco coherente con la dinámica sociolingüística imperante, en la que las lenguas no se limitan a ser simples medios de comunicación, sino que operan también como instrumentos de poder, de jerarquía social y de acceso a los nodos centrales del Estado.
Puesto que la burocracia marroquí post-independencia estaba compuesta en su mayoría por francófonos, mantener el español como primera lengua extranjera en el norte del pais, habría provocado un riesgo de fragmentación institucional y debilitamiento de la cohesión nacional. Así se utilizó el francés como el «pegamento administrativo» del Estado independiente y al árabe como el «pegamento identitario», dejando al español como un legado cultural histórico de la zona del norte.
Puesto que la burocracia marroquí de la etapa pos-independencia estaba compuesta en gran parte por funcionarios francófonos, formados en el modelo de la zona francesa o en Francia, el hecho de mantener el español como primera lengua extranjera en el norte del país, habría abierto la puerta a un doble circuito administrativo y educativo difícil de controlar: escuelas, carreras y servicios administrativos operando parcialmente en español, frente a un resto del Estado organizado en árabe y francés. Esto no solo habría generado inercias prácticas distintas, sino un riesgo de fragmentación institucional entre una región del norte hispanohablante y el resto del territorio, con el consiguiente debilitamiento de la cohesión nacional que el Estado joven trataba de forjar.
Por tanto, se optó por un modelo de centralización lingüística: el francés se utilizó como el “pegamento administrativo” del Estado independiente, permitiendo la continuidad de la administración moderna y la movilidad de cuadros técnicos y funcionarios en un único idioma de gestión. Simultáneamente, el árabe fue consolidado como el “pegamento identitario”, la lengua oficial de la nación que, en discursos y políticas de arabización, servía para unificar la población bajo una misma referencia cultural y religiosa. En esta configuración, determinada por la imposibilidad material y logística de mantener dos sistemas educativos paralelos, uno franco-árabe y otro hispano-árabe, en un Estado que acaba de alcanzar su independencia y con recursos limitados, el español quedó relegado a la condición de huella histórica, ligada a la antigua zona del antiguo protectorado español, con una presencia viva, ciertamente, en el norte, pero sin estatus ni función estratégica en el proyecto del Estado unificado.
No obstante, hablar de un “declive” del español en Marruecos requiere una prudencia todavía mayor a la luz una realidad compleja que no se puede reducir a algunos indicios estatesticos, el hecho de que solo el 1,2% de la población alfabetizada declara poder leer y escribir en español, como lo confirma el censo general de 2024, no debe llevarnos a una lectura simplista. El español no se mide solo por el número de hablantes alfabetizados, su presencia se extiende también a la habilidad oral, a la comunicación informal, al comercio y al turismo. La población del norte, por ejemplo, sigue siendo, en buena medida, hispanohablante, aunque muchos de sus miembros puedan no leer ni escribir correctamente el idioma, y por tanto no se registren en el censo como “alfabetizados en español”. El español oral tiene una relevancia vital en la interacción económica con España y en la vida cotidiana de la frontera, un ámbito que el censo, centrado en la lectura y escritura, no capta de manera integral.
Además, el paisaje mediático digital en Marruecos, ofrece una lectura diferente de la situación del español. Jamás en la historia reciente de Marruecos se ha visto tanta producción mediática en español, con periódicos en línea, portales de noticias, blogs y redes sociales que difunden contenido en español, mediante la producción periodística directa, pero también mediante la traducción automática desde el árabe o el francés. Esta práctica de la traducción automática está ampliando el acceso a la información en español, incluso entre usuarios que no dominan la lengua de manera formal. Por lo tanto, el español está ganando visibilidad en el ámbito digital, mientras que, en el plano educativo y oficial, se mantiene en una posición secundaria.








