Ouasfi Bouazzati*
Entre la fantasía mediática y la realidad tangible, el Reino se afirma como un actor imprescindible. Recientemente, Le Monde publicó un artículo titulado: “En Marruecos, el aire de fin de reinado de Mohammed VI”. Un titular dramático, pero que confunde sensacionalismo con análisis. El Marruecos contemporáneo merece una mirada atenta, basada en hechos y logros concretos, no en rumores ni especulaciones.
Logros concretos al servicio del pueblo
Desde 1999, Marruecos ha transformado profundamente su panorama económico y social. Tanger Med, el puerto más grande del Mediterráneo y de África, el tren de alta velocidad que conecta Tánger con Casablanca, y la planta solar Noor en Ouarzazate demuestran la modernización tangible del Reino, a pesar de sus recursos naturales limitados. Estas infraestructuras no son simples símbolos; representan una visión estratégica y la determinación de colocar a Marruecos en el escenario global.
Diplomacia africana y reposicionamiento geopolítico
Hoy, Marruecos desempeña un papel central en África gracias a sus inversiones, su sólido sistema bancario y una diplomacia “win-win” promovida por Su Majestad con sus pares africanos. A nivel internacional, el Reino se ha reposicionado como aliado estratégico de Estados Unidos y socio indispensable de Europa. Este reposicionamiento explica cómo un país considerado pobre ha desarrollado a un ritmo que impresiona tanto a amigos como a rivales.
Una monarquía única y respetada
Lo que distingue a Marruecos es la bai‘a, un vínculo histórico y espiritual entre el pueblo y su soberano. Para los marroquíes, especular sobre la “era post-rey” carece de sentido. Mohammed VI ha dedicado su juventud al servicio del país y de su pueblo. El respeto, la gratitud y los deseos de salud y longevidad reflejan esta continuidad única.
Reconocimiento internacional e influencia global
La elección de Marruecos como co-anfitrión de la Copa Mundial de la FIFA 2030 confirma la credibilidad y el alcance internacional del Reino. Ilustra la capacidad de Marruecos para gestionar proyectos de gran envergadura mientras afirma su modernidad y ambiciones.
Conclusión: Un reino en movimiento
Marruecos no está al borde del “crepúsculo”. Construye un modelo donde tradición y modernidad se complementan, donde el compromiso continental y la estrategia internacional se combinan con logros concretos y visión a largo plazo. La imagen de “fin de reinado” refleja más la incapacidad de algunas perspectivas extranjeras de comprender la emergencia de un Marruecos estable, ambicioso e indispensable.
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Actor político y civil*








