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Munir Hachemi en Casablanca: una celebración de la hibridez, la memoria y la literatura sin fronteras

mares30 - noviembre 15, 2025

Toufiq Slimani*

El pasado jueves 13 de noviembre de 2025, en una tarde lluviosa que no impidió la asistencia de lectores y estudiantes, el Instituto Cervantes de Casablanca acogió la presentación de Lo que falta, el nuevo libro de cuentos del escritor español de origen argelino Munir Hachemi. La actividad, moderada por la profesora y crítica literaria Khadija El Karzazi, se convirtió en un encuentro profundo sobre identidad, literatura y sobre la propia condición híbrida que caracteriza al autor.

 

Khadija El Karzazi abrió la sesión recordando que lo que distingue a Hachemi es precisamente su naturaleza híbrida, no solo cultural, sino intelectual y creativa. “Escribe en español, estuvo en Argentina, en Francia, en China, es especialista en literatura hispanoamericana, traductor del chino al castellano y, además, fue informático”, explicó la moderadora. Para ella, su escritura está marcada por un “compromiso intelectual” y una voluntad de pensar lo global a través de lo literario.

 

Hachemi, visiblemente cómodo en la sede del Instituto Cervantes de Casablanca, agradeció el recibimiento y confesó que llegar hasta ahí no fue sencillo. “Trabajé de camarero y de muchas cosas para poder seguir mis estudios”, comentó.

 

Su intervención avanzó hacia una pregunta central que ocupa y preocupa a sus lectores. ¿Quién es Munir? Con humor y lucidez, afirmó: “Si nos identificamos por lo que leemos, yo sería argentino, después uruguayo y después español”. La frase sintetiza una convicción profunda: la identidad es orgánica. “Soy argelino en casa y español fuera. Después del 11-S cambió la mirada hacia nosotros. Un compañero me decía: ‘tu padre es terrorista’. Eso marcó mucho. Hay ignorancia en la sociedad española”.

 

Ante la insistencia sobre su supuesta etiqueta de “de origen argelino”, Hachemi confesó que esa asignación le incomodó durante años, aunque ahora la mira con distancia. “No he leído tanta literatura argelina. Estuve en Buenos Aires. ¿Argentino y argelino a la vez? Esta confusión es buena. La hibridez se mueve en un lugar nuevo”.

 

Al entrar en la obra, Khadija El Karzazi preguntó por el sentido del título Lo que falta. Hachemi defendió que un libro de cuentos siempre es un conjunto abierto: “El lector tiene que encontrar distintas cosas en un libro. Siempre estamos entendiendo algo. Hay que leer, algo saldrá”. Para él, el cuento es un género hecho para la relectura, y su propio método como lector consiste en volver, y volver, descubriendo nuevas capas.

 

Debatieron también sobre la continuidad entre sus libros. “Son constelaciones”, respondió Hachemi. “Me pasa mucho tener conexiones entre dos cosas separadas. Dos estrellas no hacen una constelación, pero tres sí”. A partir de allí, ofreció una clasificación memorable: “Lo peor que le puede pasar a un libro es entenderlo y que no te guste; o no entenderlo y que te guste; o entenderlo y que te guste. Lo mejor es estar muy cerca de entenderlo… y no lograrlo, y volver”.

 

Preguntado sobre cuánto hay de él en su escritura, Hachemi insistió en la idea de la traición a la propia biografía: “Siempre puedes traicionar tu propio recuerdo. El diario es un recuerdo inmediato. No podemos acceder a lo real, solo a la memoria. Escribir literatura es traducir la vida. El malentendido es súper productivo. Al olvidar se escribe algo nuevo”.

 

Khadija El Karzazi señaló que, en su percepción, Hachemi “dice las cosas claramente” en su obra, sugiriendo una toma de posición. Él respondió sin esquivarla: “Me posiciono. Pero no creo que por ser escritor tenga que reflejarlo de forma explícita”. Dice que su literatura no tiene que reflejar a rajatabla sus convicciones personales. El lenguaje poético es más plástico. La poesía permite libertad: cursi, tontería. “La poesía me interesa cuando rompe la lengua”, afirmó.

 

En el turno de preguntas, un asistente quiso saber cuáles son sus rituales de escritura. “Tengo pocos”, confesó. “La poesía la escribo en el teléfono o en folios dispersos. Mi único ritual es escribir a mano, aunque tengo una letra fatal. Escribo muy rápido. Lo que escribes a mano se recupera; en un Word se pierde. La poesía la escribo con una cerveza y música; la novela o el cuento necesitan silencio”.

 

A una pregunta planteada por Mares30 sobre pertenencia e identidad —evocando la célebre frase de Facundo Cabral “no soy de aquí ni de allá”—, Hachemi respondió con claridad: “No creo en las identidades. No estoy buscando una identidad. Soy español, pero en términos literarios no me identifico. No escribo para ganar dinero ni para convencer ni vencer. Escribo porque me sale desde dentro”.

 

A lo largo de la conversación se manifestó su afecto por Marruecos. Habló de una semana en Fez que inspiró un cuento, de un anciano cuya rutina diaria aferrado a una esquina le impresionó, y mencionó las ciudades de Tetuán y Oujda. Su discurso reforzó una certeza: la literatura y la cultura son puentes que se mantienen abiertos incluso cuando las fronteras físicas están cerradas y las relaciones diplomáticas tensas entre Marruecos y Argelia. La sesión recordó que lo que une a ambos pueblos es mucho más profundo que lo que los separa.

 

“Lo que las ideologías dividen —parafraseando a Ricardo Arjona— el libro puede unirlo con sus hilos”, es una conclusión a la que he llegado tras el encuentro. Y quizás la frase que mejor resumió el espíritu del encuentro fue la de Marcel Proust: “el hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma”. ¿Quién sabe? Tal vez Lo que falta, presentado en Casablanca, haya hecho exactamente eso en alguien esa tarde.

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