Miguel Ángel Rodríguez Mackay*
Hoy, domingo 19 de octubre, más de 7,5 millones de bolivianos, elegirán al próximo presidente que los gobernará por los próximos 4 años y la única certeza con se cuenta es que no será un mandatario de izquierda.
En efecto, Jorge Quiroga, expresidente, político de la derecha boliviana, compite contra el senador Rodrigo Paz, del centro político altiplánico, por la tenencia democrática del poder que, por primera vez, presenta la modalidad de segunda vuelta electoral -fue establecido en la Constitución política en 2009-, en la medida que ambos candidatos no pudieron conseguir más de 50% de los votos durante la primera vuelta ni conseguir una diferencia de 10 puntos, habiendo superado el 40% de los votos respecto de su competidor más cercano.
A priori el mayor derrotado en la jornada electoral, sin duda que es el Movimiento al Socialismo (MAS), cuyos lideres más visibles, el expresidente Evo Morales y Luis Arce, actual jefe de Estado, dominados por sus pugnas y rivalidades, son los responsables de que no pudieran presentar una candidatura única o de consenso.
El pueblo boliviano ha terminado lapidando a quienes crearon una burbuja política y económica sobre el país, llevándolo a una ficción financiera, quedando para el olvido su mentado milagro económico -Bolivia registra una inflación anual del 25%-, por lo que Morales y Arce, completamente desgatados, han sido censurados y sometidos al latigazo por parte de la opinión pública nacional, convirtiéndose en los actores políticos con mayor rechazo a lo largo y ancho del país.
Las últimas encuestas en Bolivia dan por ganador al expresidente Quiroga (44,9%) frente a Paz, que ha quedado relegado al 36,5% de la intención de voto, es decir, con una diferencia de cerca de 12 puntos, lo que podría advertir el eventual triunfo del expresidente boliviano.
Pero nada está realmente dicho. En una diversidad de procesos electorales en la región y en otras partes del mundo, las encuestas han terminado vencidas por los resultados electorales reales.
Dado que el número de indecisos llega a casi el 10% de los votantes, nadie podría cantar victoria, y más aún, si también se conoce que podría darse un margen de 5,6% de votos nulos y alrededor de 3,7% de blancos.
Por lo menos estamos seguros que Bolivia será librada de gobernantes irresponsables que aspiraron al poder solamente para saciar sus apetitos personales, completamente alejados del perfil de un hombre de Estado.
Lo que pasa a Bolivia es imperdonable desde todo punto de vista, habiendo vuelto a sus tiempos más funestos, en que figuraba entre los últimos en América Latina.
Quiroga o Paz tendrán que recuperar el tiempo perdido para darle a Bolivia el lugar que su pueblo merece. La nueva era en la historia de este país hermano deberá escribirse comenzado por redactar el rostro lapidario del MAS, luego de 20 años en el poder, y de la izquierda altiplánica, en general, que, con sus sucesivos caudillos, Morales y Arce, por delante, creyó erradamente, tener el poder para siempre.
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Exministro de Exteriores del Perú 🇵🇪







