El fútbol vuelve a ser escenario de rivalidad amistosa entre Marruecos y España. Según informa el diario español AS, los casos recientes de los jóvenes madridistas Thiago Pitarch y Rachad Fettal han reabierto el debate sobre los talentos que se debaten entre el país de nacimiento y sus orígenes familiares.
Marruecos, que lleva años apostando por un ambicioso plan de desarrollo del fútbol de base a través de la Academia Mohammed VI, ha logrado convencer a varias promesas nacidas en Europa de unirse al proyecto de los Leones del Atlas. España, donde reside alrededor de un millón de personas de origen marroquí, se ha convertido en uno de los principales escenarios de esta captación, con jugadores que despiertan el interés de ambos países.
El ejemplo más conocido es Achraf Hakimi, hoy símbolo de la gran generación que llevó a Marruecos a las semifinales del Mundial de Catar. El lateral, nacido en Madrid y formado en la cantera del Real, eligió representar al país de sus padres, marcando un precedente en esta competencia deportiva. Más recientemente, nombres como Brahim Díaz o Ilias han seguido el mismo camino tras pasar por las categorías inferiores españolas.
España también libra su propia batalla para retener talento, como en el caso mediático de Lamine Yamal, que optó por la Roja a pesar de los esfuerzos de Marruecos. Sin embargo, la Copa Africana de Naciones Sub-17, conquistada por Marruecos, mostró la eficacia del modelo marroquí: seis de los campeones habían nacido en España.
El artículo de AS recuerda además que la normativa FIFA cambió en 2020 gracias al “caso Munir”, cuando el jugador nacido en El Escorial quedó bloqueado tras debutar con España y reclamó su derecho a representar a Marruecos. La reforma abrió nuevas posibilidades a los jóvenes con doble nacionalidad.
Más allá de la rivalidad, Marruecos y España también están unidos en la organización del Mundial 2030 junto a Portugal. Aun así, el pulso continúa, ya que la final se disputará en uno de tres estadios candidatos: el Bernabéu, el Camp Nou o el nuevo megaproyecto marroquí en Casablanca con capacidad para 115.000 espectadores. Una metáfora perfecta de la cooperación y la competencia que marcan la relación futbolística entre los dos países.








