El Partido Popular español ha vuelto a recurrir a Marruecos como eje de su discurso de oposición, presentando una moción en el Senado para exigir al Gobierno de Pedro Sánchez la elaboración de un “Plan Integral de Seguridad” para Ceuta y Melilla. Detrás de esta iniciativa, impulsada por los senadores populares de ambas ciudades, se percibe una clara intención de utilizar las relaciones con Marruecos y la cuestión migratoria como herramientas de presión política y de movilización electoral interna.
Lejos de apostar por una diplomacia de cooperación y respeto mutuo, el Partido Popular insiste en responsabilizar a Marruecos de las tensiones fronterizas, ignorando los avances realizados en los últimos años en el marco del entendimiento bilateral. La moción llega en un momento en que Rabat y Madrid consolidan una excelente etapa de diálogo basada en la confianza, lo que contrasta con los mensajes alarmistas difundidos por sectores de la derecha española.
En su texto, los populares afirman que “las decisiones unilaterales del Gobierno de Marruecos” impactan negativamente en la vida en Ceuta y Melilla, aludiendo al cierre de fronteras y al fin del régimen de viajeros. Sin embargo, obvian que estas decisiones se produjeron tras años de inacción por parte de las autoridades españolas y en respuesta a situaciones complejas que requerían ajustes estructurales, no solo declaraciones políticas.
Más preocupante aún es el uso reiterado de la inmigración como arma retórica. El comunicado del PP menciona el episodio de mayo de 2021 en Ceuta, refiriéndose a una “invasión” de ciudadanos marroquíes, y a los sucesos de junio de 2022 en Melilla, reforzando una narrativa de asedio y amenaza. Este enfoque no solo estigmatiza a comunidades enteras, sino que alimenta discursos populistas y xenófobos, desconectados de los valores compartidos entre los dos países.
Marruecos ha reiterado en múltiples ocasiones su compromiso con la gestión responsable de sus fronteras y su lucha contra las redes de tráfico de personas, en colaboración con sus socios europeos. En lugar de reconocer ese esfuerzo, el PP prefiere agitar fantasmas del pasado para desgastar al Ejecutivo de Sánchez y reforzar su agenda de seguridad, obviando que las soluciones reales pasan por la cooperación transfronteriza y el desarrollo económico conjunto.
Mientras tanto, Ceuta y Melilla siguen siendo espacios de encuentro entre dos pueblos que comparten historia, comercio y vínculos humanos profundos. Convertir esas fronteras en trincheras políticas solo perjudica a sus habitantes y al espíritu de buena vecindad que guía la relación entre Marruecos y España desde la Declaración Conjunta de abril de 2022.









