20 junio 2026 / 03:53

La Casa del Periodismo

Quince años en Marruecos: una arqueóloga entre dos culturas

mares30 - diciembre 3, 2024

Gema CHACÓN*

Desde 2009, mi vida ha estado íntimamente ligada a Marruecos. Cuando en ese año comencé a investigar el poblamiento humano del Cuaternario en la zona de Aïn Beni Mathar-Guefait, en la provincia de Jerada, nunca imaginé que ese proyecto científico cambiaría tanto mi vida. Marruecos pasó de ser un destino profesional para convertirse en mi segunda casa, un lugar donde descubrí no solo vestigios del pasado humano, sino también una cultura rica y acogedora que me abrió las puertas como si siempre hubiera pertenecido allí.

 

Mi trabajo como arqueóloga estaba inicialmente centrado en la búsqueda de respuestas sobre los primeros habitantes de la región. Sin embargo, muy pronto entendí que el aprendizaje no se limitaba a lo que podía encontrar en el terreno. Los días en las excavaciones y en los laboratorios de la Universidad Mohammed Premier de Oujda, se entremezclaban con momentos únicos compartidos con los investigadores locales y la población de la zona. La ciencia se convirtió en un puente que unía mundos y personas, creando un intercambio cultural tan enriquecedor como cualquier hallazgo científico.

A diferencia de la experiencia que tienen muchos turistas en Marruecos, mi contacto con el país ha sido auténtico y cercano. He vivido de verdad sus costumbres y tradiciones, y he compartido la esencia profunda de este país, algo que no siempre se puede encontrar solamente a través de los circuitos turísticos. Es en los pequeños detalles: un té compartido con la población local durante las excavaciones y las conversaciones asociadas, o la alegría de participar en actividades y festividades locales, es donde se encuentra la esencia de un país. Estos momentos me han permitido apreciar la hospitalidad de un pueblo que, desde el principio, me trató como una más.

Con el paso del tiempo, Marruecos dejó de ser solo un lugar de trabajo. Es aquí donde he construido amistades profundas y donde he encontrado una familia que me recibe cada vez que regreso. Su calidez, su generosidad y su capacidad de incluirme en cada aspecto de su vida me han hecho sentir que tengo dos hogares: uno en España y otro en este rincón del norte de África. Hoy, puedo decir con orgullo que Marruecos forma parte de mi identidad personal.

Esta convivencia me ha mostrado algo esencial: las barreras culturales no son más que oportunidades para aprender y crecer. He aprendido tanto de la lengua, las tradiciones y la historia de Marruecos como de su gente, que me ha enseñado lecciones de humanidad que llevaré siempre conmigo. Estos intercambios tan estrechos que permite la Arqueología ayudan a comprender que lo humano y lo profesional se entrelazan de manera natural, creando conexiones que van mucho más allá de los proyectos de investigación o de los títulos académicos.

 

En un mundo donde a menudo nos dejamos llevar por imágenes superficiales o preconcepciones, descubrir la verdadera esencia de un lugar requiere tiempo, apertura y voluntad de integración. Marruecos y España, más allá de sus diferencias aparentes, comparten una historia y una cultura entrelazadas que se han enriquecido mutuamente durante siglos. Este vínculo profundo nos recuerda que las fronteras no son más que líneas, y que en esa conexión milenaria podemos encontrar nuevas formas de entender el presente y a nosotros mismos.

 

Espero que este testimonio inspire a otros a ver más allá de las primeras impresiones y a sumergirse en la riqueza humana y cultural que ofrece Marruecos.

– Investigadora en Prehistoria y Evolución Humana del IPHES-CERCA, Tarragona, Profesora asociada de la URV, Tarragona e Investigadora asociada del Muséum National d’Histoire Naturelle(París, France)

Categorías : Cartas de Amor