20 junio 2026 / 03:00

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¿Retornar o retener? El debate incómodo sobre la diáspora marroquí

mares30 - marzo 4, 2026

Mohamed El-Madkouri (Univerisdad Autónoma de Madrid)

La reciente polémica generada tras la publicación en Hiba Press, 2 de marzo de 2026, de las declaraciones del ministro Riad Mezour ha reabierto un debate recurrente: el del retorno de las competencias marroquíes establecidas en el extranjero. El llamamiento a que “vuelvan para contribuir al desarrollo del país” parece, en principio, legítimo y hasta necesario. Sin embargo, la cuestión exige un análisis más profundo y, sobre todo, más autocrítico.

 

El espejismo del retorno

 

Hablar de retorno presupone algo que ya no es tan evidente: que quienes se fueron siguen sintiéndose plenamente parte del mismo proyecto nacional. Pero la realidad es más compleja. Muchos de esos profesionales —formados, integrados y socializados durante años en Europa, América del Norte o el Golfo— han construido identidades híbridas.

 

Para una parte significativa de ellos, Marruecos no es ya el espacio natural de pertenencia profesional ni institucional. Algunos incluso reconocen sentirse más extranjeros en Marruecos que en el país que los acogió. No se trata solo de una cuestión emocional, sino estructural.

 

Volver no es simplemente comprar un billete de avión. Volver implica reintegrarse en un sistema administrativo, jurídico y económico que, según denuncian numerosos observadores, mantiene inercias burocráticas heredadas de modelos verticales y poco participativos. En estos esquemas, el ciudadano a menudo percibe que su papel se limita a aceptar decisiones sin verdadera capacidad de interlocución.

 

Las condiciones estructurales importan

 

Si el Estado desea atraer talento, la pregunta clave no es si los profesionales aman a su país, sino si el entorno institucional garantiza:

  • Seguridad jurídica real
  • Independencia judicial efectiva
  • Igualdad de oportunidades
  • Transparencia administrativa
  • Meritocracia en el acceso a responsabilidades

 

Cuando estos elementos se perciben debilitados, el retorno se convierte en un riesgo profesional, no en una oportunidad.

 

Muchos ingenieros, médicos, investigadores o expertos en tecnología que han desarrollado su carrera en sistemas altamente competitivos y transparentes no evalúan únicamente el salario. Evalúan el ecosistema: reglas claras, procedimientos previsibles, incentivos a la innovación y protección frente a arbitrariedades.

 

El problema no es solo recuperar, sino transformar

 

El discurso político suele centrarse en “recuperar cerebros”. Pero quizá la cuestión más urgente sea otra: ¿qué se ha hecho para transformar el entorno que impulsó su partida?

 

La fuga de talentos no es un accidente. Es el resultado acumulativo de factores como:

  • Mercado laboral limitado para perfiles altamente cualificados
  • Escasa inversión sostenida en investigación
  • Falta de autonomía universitaria
  • Cultura administrativa rígida
  • Débil articulación entre universidad y empresa

 

Mientras estas dinámicas no cambien, el llamamiento al retorno corre el riesgo de convertirse en un gesto simbólico más que en una política eficaz.

 

Retener antes que recuperar

 

Hay, además, una dimensión estratégica que rara vez se aborda con franqueza: resulta más racional y menos costoso retener a quienes todavía no se han marchado que intentar recuperar a quienes ya se han integrado en otros sistemas. Los estudiantes brillantes que hoy cursan carreras científicas o técnicas en universidades marroquíes son, en muchos casos, iguales o incluso mejor preparados que quienes emigraron hace una década. La cuestión es si perciben que su futuro puede desarrollarse plenamente en su propio país.

 

Invertir en:

  • Becas competitivas nacionales
  • Ecosistemas de innovación reales
  • Evaluaciones meritocráticas
  • Transparencia en concursos públicos
  • Protección efectiva del emprendimiento

 

puede tener un impacto más sostenible que apelar al retorno de quienes ya han consolidado una vida fuera.

 

Un debate que exige honestidad

 

El patriotismo no puede ser la única palanca. Las diásporas modernas no se movilizan por discursos, sino por oportunidades estructurales. El talento no regresa por nostalgia; regresa cuando las reglas del juego son claras, cuando la equidad no es retórica y cuando la administración deja de percibirse como una instancia opaca para convertirse en un servicio al ciudadano.

 

Quizá el verdadero debate no sea cómo convencer a quienes se fueron, sino cómo construir un sistema en el que irse deje de ser la opción más racional para los mejor preparados. Porque al final, el desarrollo no depende solo de recuperar capital humano, sino de crear un entorno en el que quedarse sea la decisión más lógica.


(*) Hispanista y académico marroquí de la Universidad Autónoma de Madrid

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