Hoy vamos a compartir la experiencia ramadanesca de María Reyna Carretero Rangel, investigadora y profesora en Ciencias Políticas y Sociales UNAM (México).
En esta charla con Mares30, María Reyna afirma que “en Marruecos, la hospitalidad es una característica fundamental de la cultura, pero durante el Ramadán, esto se intensifica aún más”.
Según la autora del libro Hacia un azul imposible, el Ramadán “es un mes que nos recuerda lo importante que es cuidarnos unos a otros”.

¿Cuántas veces has vivido el mes de Ramadán en Marruecos? ¿En qué ciudades?
He tenido el privilegio de vivir varios Ramadán en Marruecos, en ciudades muy especiales para mí. En particular, he vivido un Ramadán completo en Anza, Agadir. Además, he experimentado este mes sagrado en otras ciudades como Marrakech, Casablanca y Fez.

Cada ciudad tiene su propio carácter y su manera de vivir el Ramadán, pero en todas ellas, el Ramadán se convierte en una oportunidad de profunda dedicación a Allah. Por ejemplo, vivirlo en el desierto del Sahara, en las provincias del sur de Marruecos, tiene una dimensión única, marcada por la soledad y la inmensidad del paisaje, que invita a la reflexión profunda. Es como si la vastedad del desierto me ayudara a comprender la amplitud de la misericordia de Allah y a sentir la cercanía de Su presencia, incluso en los momentos más solitarios.
En cada uno de estos lugares, he podido vivir el Ramadán de una manera que me conecta con la esencia espiritual del mes. La diferencia en las ciudades está en los matices, en la forma en que se manifiestan las tradiciones, pero el espíritu de la devoción, la calma y la hospitalidad se mantiene en todas partes.
¿Cómo vives el día a día durante el mes de Ramadán?
Para mí, el mes de Ramadán no es solo un mes de ayuno, sino un mes completamente dedicado a Allah. Es un tiempo de mayor cercanía con Él, un periodo que se aleja de las preocupaciones del día a día y se enfoca en la contemplación, la oración y la reflexión. Durante estos 30 días, hago un esfuerzo consciente por desconectarme de lo inmediato, de lo material, para acercarme más a Allah. Practico la lectura diaria del Corán, buscando terminarlo durante este mes, y cada vez que lo hago, siento que estoy en un viaje más profundo de conocimiento y cercanía con Allah. Es también un tiempo de introspección. Cada día, el ayuno me invita a mirar hacia adentro, a revisar mi vida, mis acciones, mis pensamientos y mi relación con los demás y con Allah.

Es un tiempo que se abre para fortalecer esa conexión espiritual, y aunque las dificultades del ayuno físico pueden ser exigentes, la recompensa espiritual lo hace todo más significativo. Ramadán se convierte en un puente hacia una versión más pura de mí misma, buscando siempre la cercanía a Allah.
¿Cómo te parece el ambiente ramadanesco en Marruecos?
La atmósfera durante el Ramadán, especialmente por la tarde y la noche, tiene algo verdaderamente único. Es un ambiente que cambia sutilmente con el paso de los días, pero siempre mantiene una sensación de calma y serenidad. Por la tarde, después de haber ayunado todo el día, las calles se llenan de un aire de anticipación. Las personas se preparan para el iftar, que es la ruptura del ayuno. Hay una especie de recogimiento en el aire, con las familias y amigos preparando la comida y esperando con ansias el momento de compartir el primer bocado después de un largo día de ayuno.
En las calles de Marruecos, especialmente en los barrios más tradicionales, se puede ver cómo la gente se ayuda mutuamente, cómo se ofrecen dátiles, agua y pan, y cómo el espíritu comunitario se extiende más allá de las paredes de las casas. En Anza, el mercado se llena de bullicio, y es una fiesta de colores de aceitunas, preparadas de muchas maneras; de verduras, frutas, todo tipo de pescado y carne.
Por la noche, el ambiente se transforma aún más. Las luces en las calles se encienden, las familias se reúnen para compartir la comida y el aroma del tajín, el cordero, los dulces y el té de menta se esparcen por el aire.
Es un momento de celebración, de unidad, pero también de espiritualidad profunda. Hay algo en el ambiente de las noches del Ramadán que invita a la reflexión. Las mezquitas se llenan para la oración, y en muchos hogares, la gente se reúne para hacer dhikr (la repetición de los nombres de Allah) o simplemente para compartir momentos de paz y unidad.
En lugares como Anza, cerca del Atlántico, me gusta levantarme muy temprano y acercarme a la costa. Hay algo mágico en ese instante en que el cielo y el mar parecen unirse, creando un azul casi imposible, que inspiró el título de uno de mis libros: Hacia un azul imposible; un color dorado mantequilla, que me llena de serenidad. Es una especie de conexión con lo divino, como si el mar y el cielo me recordaran la vastedad de Allah y la eternidad de Su misericordia.
¿Cómo es la gente aquí en Ramadán?
La gente durante el Ramadán es increíblemente cálida, generosa y hospitalaria. En Marruecos, la hospitalidad es una característica fundamental de la cultura, pero durante el Ramadán, esto se intensifica aún más.
Es común que las personas inviten a compartir el iftar con ellos, incluso a aquellos que no conocen, simplemente por el acto de generosidad que implica este mes. La gente se vuelve más compasiva, más atenta, y hay un sentimiento de unidad que se extiende en toda la comunidad. En las ciudades y los pueblos, la gente es más receptiva, el ánimo es más tranquilo y la generosidad parece brotar de cada rincón.
También es interesante ver cómo el mes de Ramadán no solo es una práctica religiosa, sino una oportunidad para reafirmar los lazos familiares y comunitarios. Las calles se llenan de personas caminando hacia las mezquitas, o yendo de casa en casa para visitar a familiares y amigos. Es un mes que nos recuerda lo importante que es cuidarnos unos a otros, y eso se refleja en la actitud de las personas.
¿Has compartido alguna vez la ruptura del ayuno con alguna familia marroquí?
Sí, he tenido la suerte de compartir el iftar con mi familia marroquí y saharaui en Anza, Agadir, y con otras familias en Marruecos. Es una de las experiencias más hermosas del Ramadán. El iftar no solo es una comida, es un acto de unidad, un momento de conexión tanto con la familia como con la comunidad.
Las mesas se llenan de comida tradicional, y lo más especial es el momento en que todos se sientan juntos, después de un día de ayuno, para compartir. Es impresionante cómo en esos momentos, el compartir la comida se convierte en un acto de amor, de reciprocidad y de gratitud por todas las bendiciones de Allah.
En Anza, por ejemplo, después del iftar, a menudo nos quedamos charlando todas las mujeres, hasta la noche, compartiendo historias, risas y, por supuesto, oraciones. El Ramadán en Marruecos tiene una calidez particular que se refleja en estos momentos de convivencia.
¿Cuál es la comida marroquí que te gusta más en Ramadán?
La comida marroquí en Ramadán es una de las más deliciosas y reconfortantes que he probado. Me encanta la variedad y los sabores intensos que se logran al usar especias como el comino, la cúrcuma, la pimienta y el jengibre. Los platos como el tajín de cordero con ciruelas, tajín de pollo o pescado, el cuscús y las sopas tradicionales como la “harira”, son siempre un deleite.

Pero lo que realmente me gusta de la comida marroquí durante el Ramadán son los dulces: los pasteles rellenos de almendras, las galletas de miel y almendra, y todo tipo de panes, son un festín para los sentidos. Y por supuesto, el té de menta, que es delicioso y revitalizador después de un día de ayuno.









