Entrevistada por Toufiq Slimani
En el marco del Proyecto de Ramadán de Mares30—Entrevistas ramadanescas con hispanistas marroquíes—, tenemos el placer de entrevistar a Salma Moutaouakkil, hispanista, investigadora y traductora, en un diálogo que combina memoria personal, reflexión académica y lectura crítica del presente.
En esta entrevista, Moutaouakkil evoca su primer encuentro con la lengua española como un auténtico “amor a primera vista”, surgido durante su infancia en un viaje familiar a las costas del sur de España, una experiencia que marcaría el inicio de una relación duradera con el idioma y su universo cultural. Desde esa vivencia íntima, la entrevistada traza una reflexión más amplia sobre la situación actual del español en Marruecos, mostrando preocupación por los desafíos que atraviesa en el sistema educativo público, sin renunciar a una mirada matizada.
Al mismo tiempo, ofrece una lectura lúcida de las relaciones entre Marruecos y España, que sitúa en uno de sus mejores momentos a nivel político, subrayando, sin embargo, la persistente desconexión con los ámbitos cultural y educativo.
Moutaouakkil adopta una postura realista, anclada en su conocimiento de las dinámicas históricas y sociolingüísticas, para analizar el presente y proyectar el futuro del español en Marruecos.
1.Primer contacto con la lengua española. ¿Podría describir su primer contacto con la lengua española y los factores —personales, familiares o contextuales— que influyeron en su decisión de estudiarla y dedicarle posteriormente su trayectoria intelectual y profesional?
Antes que nada, quiero expresar mi más sincero agradecimiento al director del Diario Mares 30, Sr. Toufiq Slimani, quien con su pluma construye puentes de entendimiento entre Marruecos y España. Gracias por su esfuerzo en brindar a todos una información veraz y real que versa sobre las iniciativas de nuestro hispanismo marroquí, y le deseo mucho éxito en su quehacer diario.
Mi primer contacto con la lengua española fue como un flechazo del destino, de esos que los españoles llaman «amor a primera vista», durante unas vacaciones familiares en las costas de España, cuando contaba con diez u once años. Habíamos viajado desde Fez para disfrutar del sol y el bullicio del verano, y allí, en las playas doradas de Málaga y las cafeterías perfumadas de churros y café con leche, ocurrió lo inesperado. Siendo una niña muy rubia, los lugareños me tomaban por una de los suyos, una española más, y me hablaban en su lengua melodiosa: «¿Qué tal, guapa? ¿Quieres un helado?». Yo, con mi inocencia infantil, respondía en francés, y ellos, con esa gracia innata que define su carácter, exclamaban: «¡Ah, una francesita! ¡Qué chic!». Me cautivó su forma de hablar, tan viva y apasionada, su estilo de vida festivo, donde cada día parece fiesta, con tapas compartidas y risas que retumban hasta el amanecer. Aprendí entonces mis primeras palabras: «Hola», «gracias», «por favor», «sol», «playa», «arena», etc. Espiando sus conversaciones, como quien recoge perlas en la arena.
A nivel personal, esa fascinación se entretejía con un sueño de infancia: me encantaba ver y escuchar el telediario presentado por el difunto Said Jadidi, cuya voz serena y autoritaria me hacía soñar con ser presentadora algún día. Sin embargo, los factores contextuales moldearon el camino. En el primer año de liceo en Fez, pese al hecho de haber estudiado inglés en el tercer año de colegio, las circunstancias me llevaron a matricularme en español. Tras la primera clase, mi padre, con esa sabiduría paterna me preguntó si quería cambiar a inglés. Le respondí con convicción: “No, papá, me ha gustado el español también”. Al día siguiente, encontré en mi escritorio diccionarios de la lengua española —El Corriente entre ellos—, que mi padre había comprado sin que yo se lo pidiera, un gesto silencioso de apoyo que los marroquíes llamamos el amor que no se dice, se hace. Siempre saqué las primeras notas; en segundo de liceo, mi padre me inscribió en el Instituto Cervantes de Fez, donde, tras el test, me asignaron el nivel B1. Ya en segundo de bachillerato, obtuve la máxima calificación en español y, sin dudarlo, me matriculé en el Departamento de Hispánicas de la universidad en Fez, sellando así una trayectoria intelectual y profesional dedicada completamente a esta lengua que, como dice el refrán español “entra por los oídos y no sale del corazón”.
2.Estado actual del hispanismo marroquí. ¿Desde su experiencia acumulada en el estudio, la investigación y la docencia, cómo evalúa el estado actual del hispanismo marroquí en términos académicos, institucionales y de producción intelectual?
Antes, mi perspectiva sobre el futuro del hispanismo marroquí era tan esperanzadora porque confiaba en la rica herencia histórica de la lengua cervantina en Marruecos, tejida en las aulas de las facultades y de las instituciones públicas en todas las partes del Reino Marroquí. Sin embargo, debido a lo que afrontamos actualmente en las escuelas públicas marroquíes, veo que el porvenir del español no es tranquilizador; aunque se dice que: “No hay mal que por bien no venga”, pero aquí el mal parece persistir sin remedio visible. Por un lado, la ausencia de una visión estratégica por parte de los Ministerios de Educación Nacional y de Enseñanza Superior, especialmente en los departamentos de Hispánicas, ha permitido el deterioro de esta lengua histórica en nuestro país. Dicho deterioro es evidente tanto en las instituciones públicas como en el ámbito académico: el número de alumnos y estudiantes que eligen esta lengua o esta rama ha descendido intensamente en las últimas décadas, las asociaciones de hispanistas luchan solas, las producciones intelectuales en español de críticos literarios, novelistas, ensayistas o poetas marroquíes representan excepciones aisladas.
Recuerdo aulas que antes bullían con más de 300 estudiantes motivados por lecturas de Lorca, Quevedo o Borges; hoy, apenas 15 asisten, y muchos con un nivel básico, lo que refleja una deserción masiva por falta de incentivos laborales. Asimismo, la falta de formación continua del profesorado es patente: cursos esporádicos sin seguimiento dejan a docentes recurriendo a recursos propios, mientras el presupuesto –vergonzosamente escaso– impide intercambios profesorales o actividades culturales en el sector público. Sumado a ello, la falta de audacia para tratar este tema con los embajadores de España y de los países Latino-americanos en Marruecos para encontrar soluciones terrenales y ofrecer apoyo institucional. A esto se añade, la ausencia de acuerdos socio-educativos y culturales sólidos entre España y Marruecos lo que agrava todo.
Personalmente, veo que la decisión está en manos del Gobierno y los Ministerios, punto en boca. O sea, si las cosas se arreglan de arriba, se arreglarán de abajo. Si el Ministerio mete mano con visión nacional estratégica y clara – presupuestos decentes, formación continua para profesores y acuerdos sólidos con España y los países latinoamericanos en materia socio-educativa y cultural, la inclusión efectiva de la lengua española en los currículos públicos desde la educación primaria –, el español se revitalizará en todos los colegios públicos marroquíes, desde Tánger hasta el Sáhara Marroquí. Nosotros aquí abajo podemos proponer mil ideas, pero sin el empujón de arriba nada se mueve. No hay que olvidar que el hispanismo marroquí representa un pilar histórico y cultural de primer orden para nuestro país, forjado en siglos de intercambio con la Hispanidad. No obstante, su deterioro actual exige una intervención estratégica inmediata desde las más altas instancias. Solo así, actuando desde arriba con audacia y compromiso, revitalizaremos este legado en las aulas de todo Marruecos, abriendo puertas a futuras generaciones. El tiempo apremia; la historia nos juzgará por nuestra acción o por nuestra inacción.
3.Percepción actual de España. ¿Cómo percibe hoy a España, tanto desde una perspectiva cultural e intelectual como desde su posición de hispanista marroquí, en un contexto marcado por transformaciones políticas, sociales y geoestratégicas?
Como hispanista marroquí, veo que España y Marruecos atraviesan actualmente su mejor momento histórico en el plano político. Esto se debe, en gran parte, a una sólida cooperación en materia política, económica y de seguridad, que ha fortalecido los lazos entre ambos países de manera notable. Este vínculo posiciona a España no como un adversario, sino como un aliado estratégico clave en la memoria compartida del Mediterráneo y en procesos de mediación regional; además, se ve reforzado por el respaldo español a la iniciativa marroquí de autonomía para el Sáhara Marroquí, en el marco de una dinámica internacional cada vez más favorable.
Sin embargo, en el ámbito cultural la situación es bastante distinta, y aquí es donde lamento profundamente la escasez de proyectos socio-culturales comunes y de una mayor cohesión interna. Si bien las iniciativas impulsadas por la Embajada de España en Rabat y los Institutos Cervantes promueven valiosos intercambios que unen nuestras identidades, resultan insuficientes para consolidar de forma plena la memoria colectiva y el rico patrimonio compartido entre ambas naciones. En fin, potenciar estas acciones culturales con más recursos y ambición no solo enriquecería nuestros lazos, sino que también aseguraría un legado duradero para las futuras generaciones.
4.Frustración y realidad institucional. ¿Existe, a su juicio, un sentimiento de frustración entre los especialistas en lengua y cultura españolas en Marruecos ante el nivel de apoyo, visibilidad y dedicación que recibe el español actualmente en las universidades y en los institutos públicos?
Creo que sí, se percibe un palpable sentimiento de frustración entre los especialistas en lengua y cultura españolas en Marruecos, aunque está matizado por algunos logros institucionales que, lamentablemente, no siempre se traducen en un impacto real y tangible en la sociedad. Antes, el español disfrutaba de un estatus privilegiado en las instituciones públicas y en las universidades marroquíes como tercera lengua extranjera, tras el francés y el inglés, atrayendo a miles de estudiantes cada año y fomentando un verdadero entusiasmo académico. Sin embargo, hoy en día los hispanistas marroquíes lamentamos profundamente el débil apoyo que recibe el español en nuestro país.
Por un lado, nos enfrentamos a presupuestos cada vez más menguantes y una notable falta de fondos para investigaciones de campo en España; por otro, la disminución de las becas bilaterales, de las campañas nacionales de promoción —al estilo de las que impulsa el British Council para el inglés— y de las formaciones continuas para el profesorado, lo que deja a muchos docentes desmotivados. A todo esto, se suma la creciente visibilidad del inglés, que ha eclipsado al español como lengua dominante en los ámbitos de los negocios, la tecnología, el empleo global y la comunicación internacional, relegándonos a un segundo plano en un mundo cada vez más anglosajón. Este conjunto de factores genera un desencanto profesional bastante comprensible, ya que los hispanistas marroquíes merecemos mucho más: no solo un mayor número de Cátedras dedicadas, sino también fondos específicos para digitalizar valiosos proyectos andalusíes – un patrimonio histórico compartido que podría revitalizarse con tecnología moderna- y visados ágiles que faciliten los viajes de investigadores e hispanistas marroquíes, permitiéndonos acceder a archivos y colaborar directamente con colegas españoles. En definitiva, con un impulso decidido desde las autoridades de ambos países, podríamos revertir esta tendencia y devolver al español el vigor que históricamente ha tenido en Marruecos.
5.Causas del retroceso o estancamiento del español. ¿Cuáles considera que son las principales razones históricas, políticas, educativas y culturales que explican la situación actual de la lengua española en Marruecos y su pérdida —o estancamiento— de peso relativo frente a otras lenguas extranjeras?
Para evitar repetir lo ya mencionado en respuestas anteriores, donde abordé los principales factores del retroceso del español en nuestras instituciones, permíteme profundizar ahora en las razones políticas, históricas y educativas que han contribuido de manera decisiva a esta situación, conectándolas de forma clara y sin redundancias.
Como hispanista marroquí, en primer lugar, destaco las razones históricas, que sientan las bases de este declive. El español llegó a Marruecos de manera orgánica desde el siglo XV con los moriscos y judíos sefardíes expulsados de España, dejando un legado andalusí profundo en el Norte del país; sin embargo, durante el protectorado español (1912-1956), se limitó a zonas como Tetuán y en regiones del Sur como Tarfaya, y tras la independencia en 1956, el énfasis en el árabe y el bereber como lenguas nacionales lo relegó a un estatus regional y nostálgico, diluyendo su expansión nacional. En segundo lugar, las razones políticas han agravado este retroceso de forma notable. Aunque las relaciones bilaterales han mejorado recientemente, la hegemonía francesa ha frenado inversiones lingüísticas comunes. Además, Marruecos ha priorizado el francés en la diplomacia y el inglés en alianzas globales con EE.UU. y los países del Golfo, eclipsando al español pese a su arraigo precolonial. Finalmente, las razones educativas que mencioné anteriormente explican el estancamiento actual de manera concreta. Dichas razones interconectadas han provocado un declive relativo del español, pero con un impulso político coordinado con el sector educativo, se podría revitalizarlo.
6.La paradoja Marruecos–España. ¿Cómo interpreta la aparente paradoja entre el notable fortalecimiento de las relaciones políticas, económicas, diplomáticas, comerciales y de cooperación en materia de seguridad e inteligencia entre Marruecos y España, y la ausencia de un impacto equivalente en las relaciones culturales, educativas y universitarias?
Para responder a esta pregunta, partiré de un ejemplo concreto que ilustra perfectamente la dinámica en juego: España y Marruecos han priorizado “blindar” la relación de poder -fronteras, migración, economía y seguridad-, relegando la relación de sentido – cultura, educación y universidad- a un segundo plano, casi ornamental. Así lo evidencia, por caso, la reunión de febrero de 2024 entre Abdellatif Hammouchi, director general de Seguridad Nacional marroquí, y Eugenio Pereiro Blanco, comisario general de Información español, que reafirmó un “nivel excepcional de cooperación” contra el terrorismo, el crimen organizado y la inmigración ilegal. En este sentido, muchas áreas se han reforzado -comercio, inversiones, control migratorio, lucha antiterrorista, cooperación policial e inteligencia-, precisamente porque responden a necesidades urgentes de los Estados: estabilidad, seguridad y rentabilidad económica.
En cambio, la cooperación cultural y universitaria demanda un tiempo largo, confianza social profunda y, sobre todo, la valentía de exponerse al pensamiento crítico del otro. Ni Rabat ni Madrid lo priorizan mientras la agenda sigue dominada por cuestiones candentes como la presión migratoria, la seguridad…etc.
Es cierto que los comunicados bilaterales invocan invariablemente la “proximidad cultural” y los “vínculos humanos”; sin embargo, la cultura queda confinada a la retórica, sin erigirse en eje de política pública. Se firman memorandos culturales y educativos que, con frecuencia, languidecen subejecutados o suspendidos, por falta de presupuestos estables, programas masivos de intercambio, redes sólidas de coproducción o una diplomacia pública que la convierta en instrumento estratégico, más allá del mero protocolo. Además, aunque existen convenios, Cátedras, programas Erasmus+ y acuerdos de reconocimiento de estudios, estos no articulan una política masiva y sostenida que una de verdad los campus marroquíes y españoles.
Por consiguiente, sin una inversión decidida en el capital humano -formación en lenguas impartidas por personas, no por plataformas como Elogha-sup-, traducción, edición, coproducciones culturales y audiovisuales, facilidad de movilidad estudiantil entre España y Marruecos y redes de investigación compartida, el progreso económico logrado no basta para tejer los lazos profundos del entendimiento cultural y lingüístico. En otras palabras, la interdependencia material no engendra por sí sola una interdependencia simbólica y humana.
7.Perspectivas de futuro. ¿En un contexto internacional caracterizado por la hibridez, la inestabilidad y la volatilidad, se declara usted optimista o pesimista respecto al futuro de la lengua española en Marruecos, y qué condiciones considera necesarias para revertir o consolidar su presencia?
Ni optimista ni pesimista: mantengo una postura realista, propia de quien conoce a fondo las dinámicas históricas y sociolingüísticas del español en Marruecos que no está condenado ni asegurado; su trayectoria dependerá de decisiones pragmáticas y concertadas entre Rabat, Madrid y la sociedad civil. El español ha resistido como lengua vehicular en el Norte de nuestro país y en el Sur también, con un significativo número de hablantes y un arraigo en la memoria colectiva del Protectorado, pero enfrenta vientos en contra: la priorización estatal del francés e inglés en la educación pública, junto a la tibieza española en inversión cultural sostenida. No es un declive irreversible, pero tampoco un auge; requiere intervención estratégica para no diluirse en la hibridez global.
Para consolidar la presencia del español en Marruecos, propongo un plan realista, inspirado en experiencias históricas exitosas como la pervivencia del francés tras el Protectorado. En primer lugar, una reforma educativa bilateral que co-desarrolle un currículo de español obligatorio en las instituciones públicas, con la formación de profesores nativos marroquíes mediante becas anuales en España, financiadas al 70% por Rabat y Madrid. Así, se priorizará el contacto humano sobre plataformas digitales, garantizando inmersión auténtica.
En segundo lugar, una diplomacia cultural activa que duplique los programas socioculturales y educativos de la Embajada de España en Marruecos y las actividades e iniciativas de los Institutos Cervantes, con énfasis en coproducciones audiovisuales sobre al-Ándalus o la migración, la documentación de la historia del español en Marruecos, además de la traducción masiva de literatura marroquí al español y viceversa para revitalizar el imaginario compartido.
En tercer lugar, una movilidad universitaria estructurada que eleve las becas Erasmus+ a más plazas bidireccionales por año, incorporando dobles titulaciones en carreras estratégicas -Turismo, Filología Hispánica, Comercio Internacional, Seguridad-, y Cátedras conjuntas entre las universidades marroquíes y españolas.
Finalmente, una alianza con actores diplomáticos y locales que integre asociaciones hispanistas marroquíes y cree una Academia Real de la Lengua Española en Marruecos y un Observatorio Sociolingüístico anual para medir competencias lingüísticas y ajustar políticas en tiempo real. La clave reside en transitar del discurso protocolario a una ejecución compartida en la enseñanza y expansión del español en Marruecos; solo así se consolidará como instrumento vivo de intercambio cultural, académico y económico entre ambos países.









