Tánger, ciudad de dos mares y mil historias, donde el Atlántico y el Mediterráneo se dan la mano bajo el viento del Estrecho, guarda en sus callejuelas un santuario de papel y tinta: la Librería des Colonnes. Fundada en 1949, en una época en la que la ciudad era faro y frontera, este espacio se convirtió en puerto seguro para las palabras exiliadas.
Mientras en la España de Franco los libros eran vigilados como si fueran armas, y en otras tierras europeas la censura era una sombra constante, aquí, en este rincón marroquí, las obras prohibidas respiraban libres. Llegaban escondidas en maletas, cruzaban océanos y fronteras, para reposar finalmente en estantes que no conocían miedo.
Por sus pasillos caminaron escritores que hicieron del exilio un arte: Jack Kerouac, Paul Bowles, Truman Capote… y aquellos a quienes la historia llamó “malditos”, como William Burroughs o Jean Genet. Todos ellos encontraron en Tánger no solo un lugar para escribir, sino un espejo donde mirarse y saberse parte de un mundo más ancho que las dictaduras.
«Todos los libros que estaban censurados podían encontrarse en esta librería», según Randa Jebrouni, profesora de la Universidad Abdelmalek Essaâdi, en Tetuáni. De hecho, en la Librería des Colonnes, el visitante puede encontrarse retratos de escritores considerados malditos como William Burroughs, Jean Genet o Paul Bowles. «Es la librería de la diversidad cultural», señala Randa en declaraciones a Cadena SER.
Hoy, la Librería des Colonnes sigue en pie como símbolo de la diversidad cultural y del poder indomable de las letras. Entre sus paredes, Marruecos guarda la memoria de cuando la libertad viajó en forma de libros, y el Estrecho no separaba mundos, sino que los unía con tinta y papel.
En esta ciudad, a apenas 14 kilómetros de la Península Ibérica, los que cruzan desde España descubren que Tánger no es solo un destino, sino un poema vivo, donde cada esquina guarda un verso y cada librería, una historia que sobrevivió a la censura.









