Sara Bouchtarouif
Acaba de nacer un libro que no se lee, se respira. Se titula ¡Mi Tetuán! ¡Oh, mi Tetuán! y es una carta de amor escrita desde la entraña misma del recuerdo. Su autor, Javier Moreno Bandera, ha tejido con palabras un mapa emocional de la ciudad que lo vio crecer, entre aromas de pan recién hecho y voces cruzadas en mil lenguas.
En sus páginas, la ciudad norteafricana de Tetuán —ese rincón donde las lenguas se cruzaban como callejones y los perfumes de jazmín se mezclaban con la voz del muecín y los ecos de un carajillo al fondo de un café español— revive con la intensidad de un sueño que nunca se ha dormido del todo.
Publicado recientemente, este libro es una antología de relatos que entrelazan la dulzura febril de la infancia con la extrañeza maravillada de la adolescencia, en una Tetuán suspendida entre el final del protectorado y el nacimiento de un Marruecos que aún aprendía a nombrarse a sí mismo. El narrador —niño curioso, adolescente desbordado— nos lleva de la mano por las aulas del liceo francés, los patios soleados de las casas sefardíes, las calles vivas de la medina, y los rincones donde el castellano antiguo, el árabe, el francés y el judeoespañol no competían, sino que tejían entre sí un tapiz cultural irrepetible.
Pero ¡Mi Tetuán! ¡Oh, mi Tetuán! no es un libro de historia. Es un conjuro de nostalgias. No aspira a explicar, sino a evocar. No juzga, sino que acaricia la memoria con palabras como migas de pan caliente sobre la mesa. Javier Moreno Bandera, quien ha vivido todas esas vidas entre sombras de cortinas y reflejos de patios, nos regala un testimonio íntimo, emocionado y encantado de una ciudad plural, contada con la voz de quien no ha dejado nunca de mirar el mundo como lo hace un niño: con asombro, con ternura, con amor.
En estos tiempos tan hambrientos de raíces y de relatos verdaderos, ¡Mi Tetuán! ¡Oh, mi Tetuán! es un regreso, un hogar, una herencia emocional escrita para quienes saben que la memoria también tiene calles, aromas y acentos.
Una obra que no solo se lee: se habita









