Soukaina Aboudrar*
El público estadounidense y mundial está viviendo los últimos suspiros del duelo/campaña electoral entre el ex presidente Donald Trump y la vicepresidenta actual Kamala Harris. La popularidad de Donald Trump sigue siendo alta entre los republicanos, pese a los procesos judiciales y escándalos sexuales objeto que le caen encima. ¿Cómo se puede explicar que un personaje público, candidato a presidente de la mayor potencia mundial, tenga millones de seguidores a pesar de todo ello?
La desconexión moral podría estar detrás de este comportamiento. Término acuñado por el psicólogo Albert Bandura, explica que la disociación que se hace entre la vida personal de un personaje público con sus acciones fuera de la misma.
«La disociación moral permite a los individuos reconocer que una figura pública se ha comportado de manera inmoral, pero argumenta que este acto no debería influir en la valoración de su desempeño» explican Wharton Americus Reed, Amit Battacharjee y Jonathan Berman en un artículo publicado en la revista digital Expansion.
A pesar de sus carencias morales los seguidores de Trump creen que es eficaz en su gestión. Las promesas de Trump y sus logros durante su etapa presidencial hacen que sus partidarios vuelvan a confiar en él.
No se puede negar que la economía pasó por buenos momentos durante el mandato trumpista, con bajos niveles de desempleo, mientras que la actual guerra de Ucrania ha elevado bastante el costo de la energía causando un notable aumente de la inflación. Trump además sigue prometiendo que los precios de la gasolina bajarán y acabará con la inflación.
Su política migratoria, una de los pilares del discurso republicano, se basa en acusar a los inmigrantes de todos los males que el país podría estar atravesando, tanto en sus mítines como a través de una gran campaña propagandística a través de las redes sociales.
Recordemos que Elon Musk, dueño de X, ha dedicado su plataforma a defender la candidatura de Trump.
Su cercanía a los jóvenes también es uno de sus puentes fuertes, explican desde la BBC. Esto se debe a la incapacidad del antiguo candidato demócrata para conectarse con este colectivo. Otros, aseguran que se debe a la vitalidad que derrocha Trump sobre los escenarios, su capacidad de desenvolverse y su carácter carismático, lo que genera empatía y admiración entre los jóvenes.
No obstante, con la candidatura de Harris, podría decirse que el voto juvenil decida decantarse hacia una propuesta más moderada.
Si bien se podría pensar que las causas que Trump tiene pendientes con la justicia podrían haber frenado su carrera presidencial, la realidad es otra.
Un 56% de los republicanos cree que los escándalos sexuales de Trump no deberían influir en ni descalificarlo como candidato, según una encuesta de 2018 del NBCNEWS.
Como posible manera de eludir sus responsabilidades morales, sus seguidores han adoptado la teoría conspiratoria.
Percibidas como una “caza de brujas”, las acusaciones contra el candidato son percibidas como una feroz persecución contra Trump y una traba para frenar su camino hacia la presidencia. Esto se materializó de forma clara durante el asalto al capitolio en 2021 por seguidores acérrimos de Trump. Tras la pérdida de las elecciones ante Biden por un posible fraude electoral, los intentos anteriores de anular los resultados de las elecciones culminaron en intento de autogolpe de Estado.
Esta predilección por la teoría conspiratoria podría tener sus orígenes en la obsesión de la derecha por una supuesta amenaza del bloque comunista durante la era McCarthy, explica Jérôme Viala-Guadefroy, desde el periódico académico The Conversation.
El senador americano fue célebre por su cruzada anticomunista y defensor de los “auténticos” valores norteamericanos desde finales la década de los 40 a finales de los 50 del siglo pasado (contexto de la Guerra Fría). La derecha terminó fusionándose con el nacionalismo, formando un bloque de oposición al comunismo.
La promesa de hacer América grande (Make America Great Again), eslogan de Trump en estas elecciones, también se enmarca dentro de esta narrativa. En este sentido, Trump crea una imagen de los EE.UU. y todo que representa para sus ciudadanos en estado de amenaza.
Así se erige como el salvador de los valores morales y religiosos de la sociedad estadounidense, en inminente peligro. El candidato republicano termina presentándose ante sus seguidores como firme ante los que “envenenan la sangre de nuestro país” según él mismo proclamó en una entrevista a The National Pulse.
El candidato republicano ha asociado la identidad estadounidense con el cristianismo, según explica Ceri Hughes en su artículo “El Arte en un Trato: Evolución del Lenguaje Religioso en las Comunicaciones Públicas de Donald Trump”.
Siempre en la misma línea, oponiéndose a las supuestas injerencias extranjeras y amenaza migratoria que sacude los cimientos de la sociedad norteamericana, el candidato adopta también la narrativa del “gran reemplazo”. Se trata de una ideología supremacista que afirma que los estadounidenses blancos y cristianos están amenazadas por negros, inmigrantes no europeos y personas de cristianas.
A todo esto, se añade una “estrategia abierta de desinformación mediática utilizada por Trump y sus aliados, resumida por Steve Bannon, exlíder de Breitbart News y exasesor de Donald Trump: “Inundar la zona de mierda”. Se trata simplemente de abrumar a la prensa y al público con tanta información falsa y desinformación que distinguir la verdad de las mentiras resulta demasiado difícil, si no imposible”, siguen explicando desde The Conversation.
La polarización mediática conlleva a que los republicanos, por ejemplo, solo confían en sus canales predilectos y los de extrema derecha. Estas mentiras, además, se amplifican a las redes sociales, donde sus consumidores son los colectivos más jóvenes.
Estas y otras hipótesis y opiniones tratan de explicarse el efecto que Trump está teniendo en la sociedad estadounidense, y cómo a pesar de sus incorrecciones morales, sus comentarios xenófobos y actitudes estrafalarias, siga siendo capaz de reunir a millones de seguidor a favor de su causa.
Además, el discurso trumpiano parece ser cada vez más atractivos entre los jóvenes, e incluso las mujeres y colectivos inmigrantes. ¿Se debe todo a una narrativo y discurso bien elaborado de los populistas o es que realmente Trump es eficaz como presidente a nivel económico y de seguridad?
En definitiva, solo queda esperar cuatro días para saber hasta dónde han calado las palabras de Trump en los estadounidenses.









