Me parece sensato y pertinente que el presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, haya soltado en el contexto de la mesa de negociaciones para acabar la guerra que mantienen precisamente Estados Unidos e Israel contra Irán, el ensanchamiento de los denominados Acuerdos de Abraham, esto es, para que sean incorporados Arabia Saudita, Catar, Pakistán, Turquía, Egipto y Jordania.
Recordemos que dicho acuerdo significó el proceso de normalización de las relaciones de Israel con los Estados árabes en 2020 –comenzó con Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán–, en el campo político, diplomático, comercial y de seguridad, y fue asumido como uno de los trazos más serios para hallar la esperada estabilidad de la región del Medio Oriente que no existe.
Recordemos también que Hamás, el grupo extremista que controla, ahora alicaído, desde 2007, el territorio palestino de la Franja de Gaza, seguramente precipitado por Irán, que no es un secreto que tendría enorme influencia sobre los milicianos, buscó interrumpir los referidos acuerdos, y vaya que lo logró llevando adelante la masacre sobre la población israelí de la zona de la frontera sur del país con la Franja de Gaza palestina, produciendo la muerte de más de 1200 judíos, conmocionando a todo Israel, a la región y al mundo entero.
Me hallaba aquel 7 de octubre de 2023, precisamente en la ONU, participando con petitioner ante la IV Comisión Especial y exponiendo sobre el Sáhara marroquí, cuando se prendieron todas las alarmas en el globo y las noticias inundaron las redes en el planeta ante este sangriento suceso.
Aunque era evidente que había una tácita adhesión iraní de apoyo a la operación de Hamas, resuelto a frustrar los Acuerdos de Abraham, Teherán asintió su paralización, sin tener que hacer mucho esfuerzo para mostrar su abierta complacencia.
No estoy convencido de que los países a los que acaba de referirse el mandatario neoyorquino, quieran cerrar filas a ciegas con la propuesta estadounidense para estabilizar sus relaciones con Israel, por las consecuencias que va dejando a su paso las acciones militares de Washington en el Golfo; además, existe una reticencia árabe hacia Israel –su reacción contra Gaza fue mayor–, y esa realidad no puede ser eludida, y aunque todo ello, supone una complejidad para un arreglo definitivo entre los países árabes e Israel, siempre habrá una ventana abierta para alcanzar la paz, y los Acuerdos de Abraham, tienen ese objetivo. La propuesta de Trump no solo busca desbloquear el estrecho de Ormuz para normalizar el circuito marítimo de petróleo, gas, etc., sino que busca evitar que, por la persistencia del conflicto en esa parte del Medio Oriente, pudiera desencadenarse un episodio bélico mayor, que pudiera producir consecuencias nefastas para los países más vulnerables del mundo donde, guste o no, se encuentra el Perú.
Los Acuerdos de Abraham, por solamente maximizar el deseo de la paz, se legitiman, y con ello, sus promotores, y si a ellos se sumara el propio Irán, sería la paz soñada. La diplomacia de Trump trabaja, pero es necesario que también lo hagan las demás. Veremos.
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• internacionalista peruano









