Un ciudadano francés de 79 años, durante décadas considerado un profesor respetado e integrado en la sociedad marroquí, se encuentra bajo investigación judicial en Francia acusado de violar y agredir sexualmente a 89 menores a lo largo de más de cinco décadas en varios países, principalmente en el norte de África. El caso, revelado la semana pasada por la fiscalía francesa, ha provocado conmoción en Marruecos y Argelia y ha reavivado el debate sobre la explotación infantil y el silencio que la rodea en la región, según un reportaje de la agencia americana AP.
El acusado, Jacques Leveugle, vivió durante años en la ciudad marroquí de Khenifra, donde era conocido por ofrecer clases gratuitas de idiomas, organizar actividades escolares y participar en iniciativas comunitarias en el barrio popular de Lassiri. Hablaba árabe, dialecto marroquí y Tamazight, un dialecto bereber l/ amazigh ampliamente utilizada en la zona, lo que facilitó su integración y le permitió construir una imagen de hombre discreto, solidario y dedicado a la enseñanza.
Las investigaciones señalan que los abusos salieron a la luz cuando un familiar descubrió unas memorias digitales del acusado almacenadas en una memoria USB y las entregó a las autoridades francesas. A partir de ese material, los investigadores identificaron a 89 víctimas, todas varones de entre 13 y 17 años. Según la fiscalía, parte de los hechos se remontan al menos a 1974 y habrían tenido lugar en Marruecos, Argelia y otros países.
En Marruecos, donde residió hasta su detención en 2024, se le sospecha de haber abusado de más de una docena de menores. En Argelia, donde trabajó como profesor de lenguas extranjeras en las décadas de 1960 y 1970, las autoridades francesas consideran que pudo haber al menos dos víctimas. La fiscalía no ha confirmado por el momento si existe una investigación abierta en territorio argelino.
El impacto del caso ha sido profundo en Khenifra. Vecinos del barrio de Lassiri expresan sentimientos de vergüenza, indignación y humillación tras conocerse las acusaciones. Varios testimonios describen cómo el acusado mantenía una relación cercana con adolescentes y cómo ciertas conductas, normalizadas en su momento, hoy adquieren un significado inquietante.
Organizaciones de protección de la infancia en Marruecos han calificado el caso de “extrema gravedad” y han manifestado su disposición a personarse en el proceso judicial si aparecen víctimas o testigos marroquíes. Activistas subrayan que el perfil del acusado encaja en un patrón conocido: personas que construyen una reputación respetable a través de actividades educativas o culturales para ganarse la confianza de comunidades vulnerables y, posteriormente, abusar de menores.
Las autoridades francesas han lanzado un llamamiento internacional para localizar a posibles nuevas víctimas y testigos y prevén enviar investigadores a Marruecos para recabar información. Hasta el momento, las autoridades marroquíes no han realizado declaraciones públicas sobre el caso.









