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La Casa del Periodismo

Un vistazo al Sáhara (2)

mares30 - enero 25, 2025

Houria Boutayeb*

La historia del Reino de Marruecos está marcada por tres monarcas, tres líderes visionarios y tres estrategas que cambiaron el rumbo de la historia de todo un continente y dieron otro giro a la imagen del Reino a nivel internacional. Desde la consecución de la independencia en 1956, bajo el Reinado del difunto rey Mohamed V, pasando por la modernización liderada por el difunto rey Hassan II, que dejó un valioso legado de transformación, hasta llegar a la actualidad, marcada por el brillante desarrollo del país, bajo el liderazgo de Su Majestad el rey Mohamed VI. Tres generaciones de monarcas que, con sus sacrificios y logros, han instaurado un Marruecos moderno y fuerte, orgulloso de su pasado y decidido a mejorar su futuro. De la mano de estos tres soberanos se desarrolló el expediente del Sáhara, pero lo que no se realizó en tres décadas, se logró en las últimas dos.

 

España, antigua potencia colonial, se adueñó de la región del norte y el sur de Marruecos, consciente de que el Sáhara formaba parte de Marruecos. Durante décadas, todos los acuerdos y tratados se establecieron directamente con el Reino de Marruecos. Su retirada del Sáhara, con la independencia del Reino, fue gradual, ya que el territorio había sido considerado una colonia española y España no tenía intención de abandonarlo. Lo hizo obligada porque muchos países, en el contexto de la era de la liberación nacional, reclamaban la descolonización del Sáhara y de otros estados; y Marruecos presionaba para lograr la independencia de todo el territorio.

 

Marruecos obtuvo su independencia en 1956, liberándose tanto del colonialismo francés como del español. Sin embargo, la recuperación de las regiones del sur, bajo dominio español, fue un proceso gradual. En 1958, Marruecos recuperó Tarfaya, lo que marcó el inicio de una etapa decisiva en la lucha nacional por la integridad territorial y la consolidación de la unidad del país. En 1969, fue el turno de Sidi Ifni, mientras que el Sáhara no fue restituido hasta 1975, gracias a la histórica Marcha Verde.

 

Ante la mirada de todos, se proclamó la marroquinidad del Sáhara, pero el proceso de su recuperación definitiva tardaría más de lo planificado.

 

Argelia tenía los ojos puestos en el Sáhara, una región de la que España se despidió, pero dejó en su alma la esperanza de regresar algún día. Mauritania quiso su trozo de pastel, en virtud del acuerdo tripartito firmado en Madrid el 14 de noviembre de 1975, que entregó el Río de Oro a Mauritania y Sakia Lhamra a Marruecos, mientras que España se quedó con los fosfatos de las minas de Bucraa y las bases militares frente a las islas Canarias.

 

El Frente Polisario, por su parte, comenzó a alzar su voz y ganar fuerza, gracias al apoyo incansable de Argelia, que acogió en su territorio a este movimiento, sembrando el miedo y el terror entre los habitantes del desierto. Muchos de ellos, víctimas de promesas falsas y sueños rotos, se vieron obligados a abandonar sus tierras y a unirse a los separatistas. Se trasladaron a los campamentos de Tinduf, territorio marroquí ocupado por Argelia, donde pronto descubrieron la cruda realidad de un grupo que, bajo una fachada de lucha y resistencia, les arrebató su esperanza y su vida.

 

La ONU se vio obligada a intervenir, incorporando la cuestión del Sáhara a su agenda internacional. En aquel momento, el difunto rey Hasan II aceptó, sin vacilación, la intervención de las Naciones Unidas, convencido de que navegar contra el viento es perder el tiempo. Los derechos internacionales, la historia y la geografía son argumentos más que suficientes para que el expediente del Sáhara permaneciera unas semanas, o como mucho unos meses, en la ONU antes de dar voz a la razón y devolver el Sáhara a su dueño legítimo, Marruecos. Sin embargo, los vientos han soplado fuerte y han desviado los barcos.

 

El expediente del Sáhara entró en las Naciones Unidas y no salió nunca de sus cajones, considerándose uno de los conflictos más antiguos y clasificándose como un dosier no resuelto hasta hoy en día.

 

En medio de esta compleja batalla de distintos frentes, Marruecos tuvo que enfrentarse a Argelia, su vecina con la que compartía el sueño de fundar el Magreb Árabe; un proyecto que de haberse concretado habría transformado el futuro del norte de África, estableciendo una economía sólida capaz de competir con la de la Unión Europea. En vez de trabajar juntos, unirse en un esfuerzo común, hombro con hombro, para construir un futuro próspero para el norte de África, Argelia optó por el sendero más oscuro: dividir para dominar. Sembró la discordia en la región, alimentando la anarquía en el sur del país al respaldar a los separatistas del Polisario, buscando desmembrar lo que debería permanecer unido.

 

A pesar de los innumerables conflictos, tanto internos como externos, y de las tensiones a nivel nacional e internacional, Marruecos continuó, imparable, su marcha hacia la construcción y el desarrollo del Sáhara.

 

Ningún país aceptaría la tarea de transformar un desierto, perforar en la arena, enfrentarse al núcleo de la tormenta, invertir recursos, velar por los habitantes de una zona completamente abandonada y apaciguar conflictos, en diferentes zonas dentro y fuera del país, sin la certeza de que ese territorio le pertenece y de que su causa es legítima.

 

Marruecos, plenamente consciente de que cada grano de arena del Sáhara es suyo, jamás permitió que las arduas batallas libradas en diversos frentes opacaran su compromiso con la región. A pesar de las dificultades, mantuvo su responsabilidad de brindarle la atención necesaria, los recursos indispensables para edificarla, desarrollarla y convertirla en una parte integral y próspera del país.

 

Era fundamental abordar y reactivar el expediente del Sáhara para encontrar una solución a los conflictos y enfrentamientos que, desde diferentes niveles y escalas, mantenían Argelia, el Frente Polisario y otros países implicados. La inacción había prevalecido durante mucho tiempo, y fue necesario dar un paso decisivo para proponer una salida a este conflicto regional. En este contexto, Marruecos presentó su plan de autonomía para las provincias del sur del Reino, una iniciativa que buscaba ofrecer una solución negociada y basada en el diálogo. Sin embargo, esta propuesta lanzada por su Majestad el Rey Mohamed VI en 2007, fue rechazada de inmediato por los países directamente involucrados en este conflicto, quienes se mantuvieron firmes en sus posiciones ante cualquier intento de resolución que no respondiera a sus intereses.

 

La historia del Sáhara marroquí es un relato fascinante, lleno de luchas, resiliencia, esperanzas, sueños y momentos que han marcado el rumbo de toda una nación. Pero esto es solo el comienzo, aún queda mucho por contar. Así que les invito a acompañarme en el próximo episodio, para seguir explorando juntos este expediente que es, al fin y al cabo, la historia de nuestra nación, de cada uno de nosotros y de todos los marroquíes. Hasta pronto.

 

*Hispanista y Presidenta de la Asociación Marroquí de Periodistas Hispano-parlantes.

 

Categorías : Análisis