La capital marroquí, Rabat, se vistió, esta tarde, de celebración y orgullo tras el regreso de los leones del Atlas desde Chile, coronados campeones del Mundial Sub-20.

Las calles se llenaron de multitudes de todas las edades, ondeando banderas y gritando con entusiasmo, mientras tambores y panderos marcaban el ritmo de una alegría que reflejaba el júbilo de todo un país.

Desde el Palacio Real hasta la Avenida Mohamed V, el ambiente se transformó en un auténtico festival popular: las aceras desbordaban de gente, los niños alzaban la vista hacia el cielo y los jóvenes pintaban la bandera marroquí en sus rostros con orgullo.

El autobús descapotable que transportaba a los campeones avanzaba lentamente, como si quisiera dar a cada persona la oportunidad de compartir la felicidad y crear un recuerdo imborrable.
La celebración superó los límites del recibimiento oficial; fue una continuación del espíritu nacional vivido durante el Mundial de Catar 2022, pero esta vez con un sabor distinto: el sabor del título mundial.

Las aceras se convirtieron en graderíos improvisados, los cafés y comercios detuvieron su actividad por un momento, y los cánticos y ululatos resonaron por toda la ciudad, expresando un orgullo colectivo y un logro histórico.

En la Plaza del Correo, todos se detuvieron para vivir un momento simbólico: el himno nacional sonó entre los vítores, y cada marroquí sintió que aquella victoria no era solo un triunfo deportivo, sino un símbolo de unidad nacional y del espíritu inquebrantable de Marruecos.








