Dakni Khadija
Marruecos mantiene su postura respecto a la reapertura de la aduana comercial con Melilla, y recalca que no es responsable de la situación económica que enfrenta esta ciudad. La difícil situación que vive Melilla es un problema español y no marroquí.
Las recientes declaraciones del presidente de Melilla, Juan José Imbroda, sobre el impacto negativo del cierre de la aduana pasan por alto la realidad de las relaciones bilaterales y los esfuerzos de Marruecos para promover un comercio justo y regular en la región.
El cierre de la aduana comercial, que tuvo lugar en agosto de 2018, fue una medida tomada por Marruecos para regular el comercio transfronterizo y combatir el contrabando, prácticas que afectan tanto a Marruecos como a España. Gracias a ese cierre Marruecos tuvo la valentía de acabar con las imágenes inhumanas de mujeres que llevaban grandes paquetes atados a sus espaldas.
En lugar de ser una estrategia para perjudicar económicamente a Melilla, esa decisión respondía a la necesidad de garantizar un comercio más ordenado y sostenible. Además, Marruecos ha seguido apoyando a Melilla en diversas áreas, como el suministro de productos agrícolas, lo que demuestra el compromiso del Reino con el bienestar de la región. La ayuda de Marruecos al sector agrícola de Melilla continúa siendo significativa, proporcionando productos que permiten el abastecimiento de esta ciudad, a pesar de las tensiones comerciales.
La falta de alternativas económicas sólidas en Melilla y Ceuta, que se han visto afectadas por la suspensión del comercio transfronterizo, no puede atribuirse a Marruecos. España debería centrar sus esfuerzos en diversificar la economía de sus ciudades autónomas y fomentar un desarrollo sostenible a largo plazo, sin depender exclusivamente de las relaciones comerciales con Marruecos. Mientras tanto, el Reino continúa promoviendo el desarrollo económico en las demás ciudades marroquíes, incluso las fronterizas con Ceuta y Melilla, con un enfoque en la modernización y la autosuficiencia.
Marruecos destaca que la cooperación bilateral entre ambos países debe basarse en el respeto mutuo y en acuerdos que beneficien a ambas partes. La reapertura de la aduana y la normalización de las relaciones comerciales solo pueden lograrse a través de un enfoque basado en el diálogo, la reciprocidad y el respeto a la soberanía de cada nación. Marruecos tiene todo el derecho del mundo de evitar soluciones que vayan en detrimento del objetivo de proteger la economía nacional.









