19 junio 2026 / 20:41

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Benabdelkader, hispanista y exministro, a Mares30: El español en Marruecos ha dejado de ser una lengua vernácula vinculada a la herencia del protectorado

mares30 - marzo 30, 2026

Entrevistado por Toufiq Slimani

En el marco del Proyecto de la Primavera—Entrevistas primaverales con hispanistas marroquíes—, el diario Mares30 continúa publicando la conversación con Mohammed Benabdelkader (Tetuán, 1961), hispanista, investigador y exministro marroquí.

 

En esta quinta entrega, el exministro reflexiona sobre el debate en torno a la supuesta frustración de los hispanistas en Marruecos y redefine el sentido mismo del hispanismo, defendiendo que su valor no reside en la visibilidad o expansión del español, sino en el rigor académico y la producción de conocimiento crítico.

 

Asimismo, analiza la evolución del español en Marruecos, que ha pasado de estar ligado a una herencia histórica a consolidarse como lengua extranjera dentro de una política educativa impulsada por el Estado y en competencia con otras lenguas en el sistema educativo nacional.

 

Existe, a su juicio, un sentimiento de frustración entre los especialistas en lengua y cultura españolas en Marruecos ante el nivel de apoyo, visibilidad y dedicación que recibe el español actualmente en las universidades y en los institutos públicos?


Yo creo
que un hispanista no debería medir su labor ni por la visibilidad de la lengua española en su entorno ni por el éxito de su promoción. Su compromiso no reside en la satisfacción o la frustración que puedan derivarse de su grado de expansión, sino en la dedicación rigurosa al estudio de la lengua y de las culturas que la atraviesan, con independencia de su posición o alcance en un contexto determinado. En otras palabras, el hispanismo no es una agencia de promoción, sino ante todo un ejercicio de conocimiento, análisis y comprensión crítica.

 

Un hispanista (o estudioso de la lengua hispánica) es un investigador, docente o especialista académico que estudia objetivamente la lengua española, su literatura, civilización, historia lingüística, etc., dentro de un marco científico y, a menudo, comparativo. Su función es principalmente descriptiva, analítica y pedagógica: forma estudiantes, realiza investigaciones y publica artículos o libros. Puede ser un experto en su campo sin sentir necesariamente la necesidad de «defender» o «promover» activamente el español como una causa. De ahí la necesidad de distinguir entre un hispanista y un hispanófilo; el primero se limita a estudiar la lengua y la cultura españolas en una sociedad determinada, el segundo actúa como activista para la promoción del español en su país.

 

El hispanófilo, añade una dimensión emocional, activista y comprometida a esta especialización. Se trata de alguien que ama profundamente la cultura española (o el mundo hispanohablante), que cree en el valor estratégico, cultural y económico del español en Marruecos, y que emprende acciones concretas para aumentar la visibilidad del idioma, las horas de enseñanza, la asignación de presupuestos, los programas estructurados, las alianzas institucionales con España y el reconocimiento social. El hispanófilo como actor de la sociedad civil no solo estudia: aboga, ejerce presión y realiza campañas para asegurar que el español no siga siendo una lengua «secundaria» o «residual».

 

Cabe señalar que muchos hispanistas marroquíes (investigadores, doctorandos, profesores universitarios en Fez, Tetuán, Rabat, Casablanca, Oujda, etc.) realizan una labor encomiable: forman a miles de estudiantes cada año, elaboran tesis de alta calidad, organizan congresos, traducen y publican. Sin embargo, observan que su disciplina sigue careciendo de recursos estructurales: se crean pocos puestos permanentes, los departamentos de estudios hispánicos a veces se ven amenazados con fusiones o reducciones de personal, las horas lectivas son limitadas, tienen poca visibilidad en las políticas educativas nacionales y el inglés como lengua extranjera segunda después del francés, se prioriza claramente como lengua «útil» para la empleabilidad.

 

Quienes se han convertido (o fueron desde el principio) hispanófilos militantes, comprometidos viven esta situación como una falta de reconocimiento fundamental. A menudo han dedicado años a demostrar que el español no es simplemente una lengua «vecina» o «patrimonial», sino un activo geoestratégico clave: proximidad geográfica, lazos históricos (Al-Ándalus, el Protectorado), intenso comercio con España (principal socio comercial de Marruecos durante largos periodos), turismo, migración circular, oportunidades de estudio en España (entre 5.000 y 10.000 estudiantes marroquíes al año en España en los últimos años), puente hacia Latinoamérica hispanohablante, etc. Sin embargo, sienten que los responsables políticos (ministerios, rectores universitarios, organismos de reforma) no perciben —o no quieren percibir— este argumento estratégico.

 

Esta frustración se cristaliza en torno a un sentimiento de injusticia lingüística y cultural: «Estudiamos, enseñamos, amamos y defendemos una lengua y una cultura que merecen mucho más, pero la institución pública nos trata como una opción marginal». Se podría decir que un auténtico hispanista puede sentirse frustrado profesionalmente (falta de recursos, inseguridad laboral, escaso reconocimiento académico), pero a menudo logra reorientarse hacia su investigación y docencia. El hispanófilo (a menudo las mismas personas tras 10-15 años de profesión) experimenta una frustración más profunda, casi identitaria: siente que la sociedad marroquí y sus élites políticas y educativas están «desperdiciando» un enorme potencial lingüístico y cultural por falta de visión o inercia.

 

Es este cambio de la condición de observador académico a la de actor comprometido lo que hace que el sentimiento de frustración sea particularmente agudo entre quienes han optado por no conformarse con enseñar el español, sino por promoverlo como motor de desarrollo personal, regional y nacional.

 

Cómo evalúa usted la situación actual del español en Marruecos y desde qué enfoque aborda este análisis: desde una sensibilidad hispanófila o desde una perspectiva propiamente hispanista?

 

Diría que mi aproximación no se inscribe estrictamente en ninguna de esas dos posturas. Más bien, procuro analizar la dinámica sociolingüística del país con la mayor objetividad posible, tratando de comprender las lógicas que guían al Estado marroquí en la definición de sus políticas públicas, tanto en lo que respecta a la enseñanza de lenguas como a las lenguas de enseñanza.


El español en Marruecos ha dejado de ser una lengua vernácula vinculada a la herencia del protectorado. Hoy en día, se presenta más bien como una lengua extranjera que compite con otras dentro del sistema educativo nacional. Su difusión no responde tanto a una continuidad sociolingüística como a una política educativa voluntarista, impulsada por el propio Estado marroquí, que logró extender su enseñanza a partir de los años ochenta a regiones como
el Sus y el Atlas, donde hasta entonces había sido prácticamente ignorado.

 

Se puede sostener que, por parte de Marruecos, los esfuerzos desplegados en la enseñanza del español han sido notables y sostenidos en el tiempo. De manera autónoma, el país impulsó la introducción de la lengua de Cervantes en regiones como Agadir, Beni Mellal y diversas ciudades del Sus y del Atlas, donde hasta los años ochenta su presencia era prácticamente inexistente. Hoy en día, la existencia de hispanistas originarios de estas zonas —más allá del tradicional foco norteño— constituye una prueba elocuente de esta expansión.

 

Todo ello se ha llevado a cabo en un contexto complejo, marcado por los desafíos inherentes a una verdadera ingeniería lingüística, en consonancia con una política de apertura y con determinantes tanto económicos como universitarios. En este sentido, cabe afirmar que Marruecos ha actuado dentro de los márgenes de lo posible, movilizando recursos propios para promover una lengua extranjera en su sistema educativo.

 

Ahora bien, conviene recordar que la difusión de una lengua extranjera no depende únicamente de la voluntad interna de un Estado. Se trata de un proceso que, si bien puede estar impulsado por decisiones soberanas, requiere también del respaldo de dinámicas de cooperación bilateral, sin las cuales resulta difícil garantizar su consolidación y proyección a largo plazo. En efecto, es imposible fortalecer de forma sostenible el estatus de un idioma como el español en Marruecos mediante esfuerzos puramente unilaterales, esto requeriría un compromiso e inversión masivos por parte de Marruecos (creación de puestos, ampliación de programas, campañas de sensibilización, etc.), lo cual se ve limitado por las prioridades presupuestarias nacionales (donde el inglés y el francés absorben la mayor parte de los recursos destinados a lenguas extranjeras). Una promoción eficaz exige un enfoque bilateral estructurado, en el que cada parte aporte recursos concretos.

 

La pregunta clave en este contexto es si España realmente desea esto, o si simplemente está gestionando un legado sin una visión estratégica ambiciosa. Esta pregunta se encuentra en el centro del debate entre los hispanos marroquíes. Los acontecimientos recientes (finales de 2025 y principios de 2026) arrojan una luz más matizada sobre el asunto, muy particularmente en la XIII Reunión de Alto Nivel entre Marruecos y España, celebrada el 4 de diciembre de 2025 en Madrid, donde los dos gobiernos firmaron 14 acuerdos/memorandos de entendimiento y adoptaron una declaración conjunta de 25 páginas con 119 compromisos concretos, incluyendo en ámbitos lingüísticos y educativos.

 

España ha demostrado un compromiso genuino con el fortalecimiento de la cooperación bilateral en los últimos años, sin embargo, para trascender la retórica y avanzar hacia una dinámica estratégica genuinamente recíproca, capaz de transformar de manera efectiva la situación del español en Marruecos, se impone una implementación más ambiciosa y visible, sustentada en una mayor inversión, un calendario claramente definido y mecanismos rigurosos de seguimiento y evaluación. A ello debería sumarse, en una lógica de equilibrio y reciprocidad, un impulso comparable al programa de enseñanza de lengua árabe y cultura marroquí enmarcado en la colaboración cultural entre los gobiernos de España y Marruecos. Mientras esto no cumpla con las expectativas, persiste la sensación de que nuestro socio español está «gestionando» un dispositivo histórico en Marruecos, sin proyectarlo con la misma fuerza con la que otras potencias lo hacen con sus lenguas.

 

Cabe recordar que hoy en día el español solo se enseña en algunos institutos marroquíes como tercera lengua extranjera, después del francés y del inglés, aunque su situación a nivel universitario es mejor, existen departamentos de lengua y literatura españolas en varias universidades, como la Universidad Mohammed V de Rabat, la Universidad Hassan II de Casablanca, la Universidad Abdelmalek Essaâdi de Tetuán o la Universidad Ibn Zohr de Agadir, así como departamentos activos en otras universidades que, además de producir tesis sobre literatura española y latinoamericana, realizan estudios sobre la influencia española en Marruecos, especialmente en sus dimensiones culturales y lingüísticas, contribuyendo así a documentar las múltiples formas de interacción que han marcado las relaciones entre Marruecos y el mundo hispánico.

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