19 junio 2026 / 22:29

La Casa del Periodismo

Carta a un poeta marroquí

mares30 - abril 11, 2026

Ana Toculescu*

Querido Bachir Edkhil:

Estoy leyendo Duna desnuda. Y hoy quiero hablarte –con la libertad que permiten la amistad y la emoción verdadera– de la Parte primera: De la vida, y en especial de tus poemas de amor, que me acompañan estos días.

No estaba preparada para una poesía así. No por difícil, sino porque son como imagino el soplo del harmattan: viento que llega sin anunciarse, se adueña del aire y atraviesa los artificios con los que uno intenta vestir su vulnerabilidad. Tus versos entran con esa claridad implacable, como un huésped que conoce tu casa mejor que tú.

Son poemas que despiertan pasión, anhelo, espera, éxtasis, y esa rendición inevitable ante la belleza femenina que tan bien sabes nombrar. Hay en tu voz la poesía de los antiguos caballeros españoles: esa admiración casi mística por la mujer, ese culto rendido al arrojo individual, esa afición al desafío interior.

Y también hay la poesía profundamente árabe: la imaginación ardiente que suaviza la violenta soledad, la sensualidad sutil o cruel, el amor por la palabra que se siente en cada respiración.

En tus versos, está la vulnerabilidad que se vuelve fuerza:
«Levantas volcanes
en mi frágil vida
de beduino errante…»

Está la mujer capaz de desordenar el corazón del que la mira sin siquiera proponérselo:
«Y espero eternamente
fugaz beso;
un susurro;
y que corra
una lágrima
feliz…»

Y está el hombre ante el desierto, que es destino y extravío a la vez:
«Soy el sendero que camina
descalzo a ninguna parte»

Gracias, Bachir, por escribir así. Por recordarnos que el amor sigue siendo una de las formas más altas de belleza. Por regalarnos un libro que no solo se lee: se vive.

Ahora sigo mi camino por Duna desnuda. Dejaré atrás los poemas de amor para entrar en la Parte segunda, esa zona donde la poesía se abre paso entre notas al pie que señalan una realidad histórica y dolorosa. El título “De la muerte” y “De la desilusión” ya advierte que el viaje cambia de luz. Voy con el corazón preparado, pero no blindado. Tu escritura no permite blindajes.

Con admiración y afecto,
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(*) Lectora

Categorías : Cultura