20 junio 2026 / 01:29

La Casa del Periodismo

Chile debería pedir perdón al Perú

mares30 - enero 16, 2026

Miguel Ángel Rodríguez Mackay*

Quisiera comenzar mi columna destacando que nuestra relación con Chile debe ser cada vez mejor y para que así lo sea, el nuevo gobierno mapocho, que se instalará el próximo 11 de marzo con José Antonio Kast como presidente juramentado, debería decidir pedir perdón al Perú por las atrocidades cometidas por las tropas chilenas durante la ocupación de Lima durante la guerra de 1879. Pusilánimes, alineados e indiferentes, son aquellos que en el Perú dicen que ya no debemos abordar la funesta guerra. El eminente Jorge Basadre, de hallarse vivo, los increparía sin misericordia.

 

La historia es lo que ningún profesor podría evadir en sus clases, eso sí, contándola sin resentimientos, y enfocándola hacia la integración bilateral, tal como hizo Alemania con Polonia, en 2019, por los desgraciados sucesos de los nazis durante la 2da. GM.

 

En efecto, el 13 de enero de 1881, como el último martes, sucedió la Batalla de San Juan y Chorrillos, y dos días después como ayer, jueves 15, siguió la de Miraflores, consumando la referida ocupación chilena de nuestra capital, luego de lograr dominar el mar y conseguir por la fuerza de sus armas la posesión de las provincias peruanas de Tarapacá, Arica y la querida Tacna, que, resistiéndose a la política de chilenización, casi cincuentenaria, pudo ser reincorporada al seno de la Patria en 1929 (En 3 años más celebrará el centenario de su retorno al Perú).

 

Las tropas invasoras estuvieron al mando del general Manuel Baquedano y la defensa de Lima fue liderada por Nicolás de Piérola. Como había ocurrido en gran parte de los enfrentamientos desde que Chile nos declaró la guerra el 5 de abril de 1879, los soldados sureños se alzaron con la mayoría de las victorias, pues se habían preparado con muchos años de anticipación para acabar con la diminuta calidad geopolítica del Estado chileno que tanto preocupaba a sus diplomáticos y militares desde los tiempos de su independencia nacional, dado que Chile fue una capitanía general, en contraste con la suerte peruana de ser el centro del poder español en la condición política de virreinato.

 

No hay cabida para los antichilenismos ni para los antiperuanismos, que, felizmente, son cada vez menos, y para asegurar que desaparezcan para siempre del imaginario bilateral, el inminente presidente Kast, debería públicamente condenar las conductas proscritas por el derecho internacional humanitario durante aquella guerra, como el acto del repase, graficado en el óleo del artista español Ramón Muñiz, que vivió en el Perú, y que muestra la trágica y suplicante actitud de una rabona para evitar el remate de los heridos peruanos en Huamachuco (1883), tal como se había cometido en Lima y durante la batalla de Palca, en la sierra de Tacna, el 16 de julio de 1880.

 

A nuestros gobernantes les ha faltado carácter para hacerle saber a Chile que es un pendiente moral en la relación bilateral que no puede ser soslayado invocando el largo tiempo transcurrido. Para Perú y Chile, ya sin los problemas del pasado, podría ser una inmejorable oportunidad para una auténtica y profunda integración, fundada en una relación sin heridas abiertas y plena de confianza mutua.
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Exministro de Exteriores del Perú 🇵🇪 

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